Porque están ahí. (in)Fidelidades
Wednesday, April 8th, 2009Aqui hablo de hombres y mujeres, en general. Debo hacer una salvedad, cuando hablo de hombres, estoy hablando de mí, y cuando hablo de mujeres, de las mujeres que conozco, y que son un subconjunto muy limitado, y no aleatorio, cuidadosamente seleccionado
, de mujeres que o bien engañan a su marido, o bien no les importa que le pongan el gorro (como dicen en Chile) a la legitima del casado con quien estan saliendo. Y esas son (gracias a Dios, pensaran algunas que no debieran, en cualquier caso, hacerse muchas ilusiones), una exigua minoria.
Y ahora, anunciado lo anterior, vamos a la entrada del Blog
Soy intrinsecamente infiel.
No tan solo a mi esposa, con quien llevo casado un buen porron de años, si no tambien en ocasiones, a mis amantes. A veces me he preguntado si tiene mucho sentido trabajar ocho, diez horas, y en lugar de ir a casa a jugar con mis hijos, y a reposar despues en el sillón de orejas mientras miramos la tele mi esposa y yo esperando que sea la hora del (merecido) descanso, ir corriendo a echar el kiki en horario de cena de negocios tapadera? máxime, si desde el punto de vista sentimental, ya hay una amante en el paisaje, con quien hay algún viaje, y, sobre todo, muchas noches robadas. Son las ventajas colaterales de los viajes de negocios.
Bueno, y todo ello, por el placer del sexo? desde luego no por ese (oh tan breve!) conjunto de estremecimientos que constituyen un orgasmo, ni tan siquiera por todos los ratos que anteceden, ni tampoco por los a menudo olvidados momentos que siguen, los dos aún recuperando la respiración, aún abrazados, mientras se calman los latidos (los del corazón, y los de otras zonas). Y sobre todo, como deciamos el otro día, que se encuentran tan pocas mujeres con sensibilidad, con las cuales el sexo es una fiesta!
Por qué, entonces? no tengo respuesta, yo creo que en parte es una cosa tan tonta como cuando le preguntaron a Mallory (un antecesor de Hillary) que por qué quería escalar el Everest – escalada que nunca logró – contestó “porque está ahí”. Pájaro que vuela, a la cazuela, podría ser uno de los motivos, pero no es el principal, aunque uno va siempre con la escopeta cargada (más y más, a medida que pasan los años, la escopeta pasa a ser virtual, dentro poco tendremos que tirar de simulador).
Yo creo que, al menos en mi caso, gran parte de la “necesidad” de ser infiel estriba en la necesidad de agradar, de ser querido. Y, desgraciadamente, la unica manera que tenemos los hombres de sabernos queridos (no amados, que es distinto, sino aceptados, apreciados) por una mujer es que la mujer nos acepte en su cama – y en su cuerpo -
Para la mujer es más dificil. Yo creo que tiene la misma necesidad de agradar (ojo, no hablo de impulso sexual, ese va por otro camino), pero claro, la cama para ella no es ninguna prueba de aprecio. Cualquier hombre a quien se le de la posibilidad se acostará con ella, aunque ella no le guste un pimiento como persona. Ahí hay otra entrada de Blog, por qué somos los hombres tan poco selectivos?
Total, si partimos de la premisa que ambos sexos tenemos necesidad de agradar, las mujeres, más perceptivas, no necesitan el paso por la cama para convencerse que han hecho “tilt” y, en cualquier caso el paso por la cama no les aporta la “garantía” que si nos aporta a los hombres.
De ahí que las razones de la mujer para su “entrega” (me gusta este circunloquio tan decimonónico) esten en otro nivel. Cuando van a la cama es porque la relación ha llegado a una profundidad en que la fusión de los cuerpos deviene necesaria. Como las razones de su entrega (y su placer, tambien es otra entrada del blog) son mucho mas profundos que los nuestros, porque responde a otras necesidades y a otra fisiología, sus exigencias de fidelidad, de atención, de cariño son también mucho más profundas.
Y lo malo es que a menudo espera que compartamos.
ojo, tambien hay mujeres que van a la cama porque les apetece, haberlas haylas, como hay mujeres que hacen bien el amor o la paella. Pero yo creo que de estas (las que follan porque les gusta, las que hacen bien el amor, y las que hacen ricas paellas) son exiguas minorias. Pero como las meigas, haberlas, haylas, he encontrado a dos.
(to be continued…)










