La Simulación como acto de amor
Tuesday, June 2nd, 2009Te gustó el plato que he preparado con la receta nueva? cómo me queda mi nuevo peinado? qué te parece el 4×4 que me compré? a todo eso se espera que contestemos con un si entusiasta. Aunque el plato resultase salado, el peinado desordenado, y el 4×4 una exageración, incluso en medio del campo.

Y eso lo hacemos porque somos educados. Porque nos enseñaron a mentir desde chiquitos, por educación y como manera de suprimir las tensiones y poder vivir en sociedad. Claro que el que escucha nuestras palabras puede creer que son ciertas, y sigue echando demasiada sal, peinandose como un puerco espin, y demostrando, subido en su 4×4, que aún tiene encima el pelo de la dehesa. Pero… ¿debemos ser nosotros quienes les abramos los ojos? Incluso puede ser cuestion de gustos y a nosotros nos guste la comida sosa, el pelo largo, y los coches deportivos. ¿Por qué nos vamos a creer en posesión de la verdad?
Ahora, sentada la premisa, cambiamos de tercio. Estamos en la cama, seamos chico, chica, da igual, y vemos que nuestra pareja, cariñosa y llena de atenciones para nosotros, ha acabado, pero aún así no nos quiere dejar a medias, y continúa allí, dale que te pego, forzado de la ruta cual ciclista subiendo el Tourmalet, suda, trabaja, pero nosotros, hoy va a ser que no. Porque el (o ella) ha tenido tardes mejores, porque ha subido la luz o el crío tiene unas décimas, para el caso nos dará un poco igual.
Entonces, ¿qué hacemos?
Podemos decir: oye cariño, que estás cansado (o cansada) y mejor lo dejamos ahí. Y el cariño se queda con la mosca tras la oreja, y preguntándose qué ha hecho mal, o uno (o una) puede hacer ah, aah, aaahhhhh, aferrarse al otro, todos los músculos en tensión, y ya está. El cariño suspira descansado, ha coronado la cima del orgasmo de la pareja, y se puede echar a descansar.
¿Esta mal eso?.
Yo creo más bien que es un acto de buena educación si la relación no es muy fuerte, o de amor si lo es. Refuerza las relaciones de pareja, en lugar de sembrar mal rollo
Ojo, no digo que la simulación deba ser “en lugar de”, sino que debe ser “además de”. Y no todos los días, pero ¿alguna vez? ¿qué mal hay en ello?
Personalmente he simulado orgasmos (eso de que los hombres no podamos es una falacia), y sé positivamente que me han brindado unas simulaciones que hubiese firmado Sarah Bernhart sin despeinarse. Y lo sé porque un orgasmo deja en el cuerpo de la mujer unas pistas tan indisimulables como el camino de los bandidos para el Sheriff. Hay que saber leerlas, eso si.
Pero si, le he estado infinitamente agradecido a mi pareja que me mintiese, que sus gritos fuesen para alegrarme el dia, porque aquella faena se estaba haciendo inacabable, y porque sabia que al dia siguiente reemprenderiamos con nuevos brios, y sus ohs y sus ahs, aquella vez, saldrían del fondo de su garganta y de su cuerpo.
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