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Archive for June 6th, 2009

2a. En el cuarto oscuro. El

Saturday, June 6th, 2009

Y las manos, libres ya de la prision del cuerpo, habian continuado tocando solas las citaras polvorientas en las estancias de Palacio y se decia que, por las noches, cuando el monzon arreciaba y no dejaba oir más música que el ulular del viento y el repiqueteo de la lluvia, aquellas manos heladas se perdian en el cuerpo de su amada, tratando de recuperar un poco del calor de la vida.
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En el fondo ella no queria saber nada del resto del cuerpo de aquel desconocido, queria creer que, como un musico, extraeria de su cuerpo las mas amorosas quejas. En cualquier caso, sus manos no estaban heladas, estaban vivas, bien vivas mientras continuaba Machín ”… que tambien se van al cielo…”

Bueno, y hasta aquí ha llegado el autor del blog.

Puede seguir de varias maneras, por ejemplo, ella puede tratar de averiguar quien le está corriendo mano, y de pronto se encuentra que es un trasunto de José Luis López Vázquez si es española, o de Don Francisco si es chilena, o de cualquier actor mas o menos mayor, bajito y rijoso, y eso le deja la libido a la altura de los zapatos, no aprecia nada el engaño, se quiere ir, se lo dice a su pareja y discuten alli mismo. No es broma, lo he visto dos o tres veces, pero claro, da poco para un post erotico, aunque en la vida real las cosas sucedan como suceden.

O bien de pronto puede darse cuenta que mientras ella anda preguntandose por las manos errantes, su pareja le ha quitado el sujetador a una walkiria y que por eso ni se entera ni le preocupa lo que ella anda haciendo. Y aqui nuevamente pueden existir distintas alternativas, que se monten parejas cruzadas, la protagonista con el compañero de la walkiria, o también ella con la walkiria, que es a quien pertenecian las manos, mientras ellos las miran.

O que las manos errantes sean de una mujer morena, y que ella quiere olvidar en sus brazos a su pareja que no le hace caso.

women fire

O bien puede encontrarse con que el sexo con desconocidos le pone, y la historia continua…

Estos son los posibles desarrollos de la historia. Sigo con uno de ellos. Si alguien quiere el desarrollo de otro, con pedirlo… o mejor aun, con escribirlo… ya sabeis, o aqui, o sysop32@yahoo.es

De pronto desapareció el contacto, y se sintió sola. No apreciaba el interés de macho en celo de su compañero de baile, tan obvio a través de la ropa. No le apetecía follar con él, una vez más, conocía su piel, conocía sus gestos, conocía sus suspiros en el momento del orgasmo. Y aunque tuviese el aliciente de ser en público, de pensar que otros ojos podían seguir su ritual privado, no tenia ganas, habia venido a aquel lugar para traer un poco de variedad.

Seguía el baile, en la pista repleta de parejas, y se sentia inerme, desinteresada sin el contacto de aquellas manos que desnudaban cada poro de su piel. En esto, notó en la parte baja de su espalda otra espalda, otra persona que trataba de acoplarse al bailar, contactos esporádicos en las nalgas. No era sencillo el mantener el ritmo moviendo la cintura de un lado a otro. Habia visto la danza del vientre en Marruecos, y trataba de emularla.
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En ningun momento debia moverse adelante y atrás, en un remedo del coito, no, debia girar la cintura, debia oxigenar todo su vientre, en el convencimiento que el otro seguiria, sentiria la sangre fluyendo en su interior, dandole vida. La otra persona, hombre, mujer, seguia, como ella, la musica, espalda con espalda, suave roce de pieles que hacian transparente la ropa. Notaba que a veces perdian el contacto, y tenian que volverse a buscar, situarse nuevamente. Optó por mantener el cuerpo fijo, los dos pies en el suelo, sin moverlos, solamente dulces ondulaciones en la cintura, esperando que el otro cuerpo pudiese hacer lo mismo. Su pareja se sorprendió, trató de arrastrarla pero ella permanecia allí, mimbre vibrando al viento, pendiente solamente de la presencia del otro, de su contacto en la piel. ¡lo habia entendido! Allí estaba él o ella, paralizados los pies, murmullo, vibracion todo el resto, en contacto con su espalda. Nada mas existia en aquel momento que aquellos centimetros cuadrados de piel que recogian todas sus ansias, todas sus frustraciones, toda su femeneidad.

(continuará)

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