3a. En el cuarto oscuro. El

Su pareja se desentendía de ella. Ella sentía el cuerpo del desconocido en su espalda, pasó la mano hacia atrás para desabrocharle la camisa, y notó el vello de su pecho. Se sorprendió al notar que le gustaba el tacto, ella siempre había preferido a los hombres lampiños. Y notó también unos abdominales fuertes, un cuerpo musculoso. Recorrió su cuerpo, bajó las manos hasta encontrar la hebilla del cinturón, y allí se detuvo, dubitativa, la postura no era muy comoda.
Ya no sentía las manos de su pareja. La miró, y él estaba magreando las tetas casi inexistentes de una mujer jovencita, le había subido la blusa, le habia sacado un pecho por debajo del sujetador, el se habia quitado la camisa. Sintió una breve punzada de celos, y se dijo que no tenía por qué no participar en la fiesta. Se giró hacia el desconocido, que estaba tambien buscando la hebilla de su sujetador. No iba a tener posibilidad ninguna de encontrarla buscandola en su espalda, porque se abría por delante, con un click, ella lo soltó. Sus pechos saltaron al encuentro del desconocido, que se apresuró a tomarlos. Pero ella no se detuvo, estaba más pendiente de la piel de él, de su cinturón que soltó, del cierre de sus pantalones que abrió un poco, lo suficiente para pasar una mano inquisitiva. Recorrió su piel, jugueteando con los rizos de su vello púbico, que notaba como si tuviese ojos en la punta de los dedos. Era posible que ella no encontrase su sexo, que él no diese ninguna muestra de excitación?
Ella se acercó, y mientras le besaba, un beso de tornillo, un beso de pelicula, le tomó entre sus manos, ejerció los movimientos eternos y empezó a notar un relieve prometedor. Insistió con la lengua en su boca, en sus orejas, las manos acariciando el cuerpo de él, en tanto él se dejaba hacer. Si la tocaba, pero sin mucho interés, casi como si no fuese con él, ajeno a las respuestas de su cuerpo.
Pero ya finalmente el estaba en condiciones, excitado, explosivo.

Miró de reojo a su pareja. Ya no estaba alli, se habia ido a un rincon con la jovencita de tetas pequeñas, que estaba sentada en un cojin alto, piernas abiertas, mientras él se la comía. Se hizo la pregunta, un poco absurda, de donde tendria esta chica las braguitas, estarían en el suelo? en el bolsillo de él?.
Pero ya no sentía celos, con un mucho de timidez empezó a bajar la ropa interior del desconocido. Le habia besado, le habia olido (un perfume varonil que ella conocia bien, sin ser capaz de identificarlo, francés, seguro), pero no había cruzado con él una sola palabra. No le había visto ni la cara, o, mejor dicho, no se habia fijado en su cara.
El era, en aquel momento, una ropa que ella estaba bajando, y que medio tropezaba con la desnudez, ahora si, erguida, del desconocido
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June 10th, 2009 at 13:18
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