3b. En el cuarto oscuro. Ella

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Su pareja y la chica se habían marchado a un rincón del cuarto oscuro, ella sentada, piernas abiertas, el arrodillado delante, la cara perdida entre los muslos.

Ella estaba de pie, en medio de la sala, piernas levemente abiertas, mientras unos dedos de mujer recorrían el camino ya preparado, anhelante, que tantas veces había abierto él. No exactamente como a ella le hubiese gustado, no como lo hubiese hecho ella misma, pero no podía negar su curiosidad, y, por que no decirlo, su deseo.

Y ella ya había explorado los pechos firmes de su amiga, ya había jugado con los pezones, ya había sentido su tacto duro de fruta en agraz. Necesitaba más, necesitaba explorar el cuerpo de ella, tan igual y al un tiempo tan distinto al suyo.

Acercó su nariz al cuello de ella, olió su perfume, y también, por debajo, un deje de olor ácido. Olor personal, sorprendentemente agradable. Se fijó más en ella, miró su cara, pecosa, su cabello, pelirrojo, y se lo explicó. Para acercarse al cuello de ella, bajó las manos a lo largo de su cuerpo, no sabía qué hacer con ellas, no se atrevía a tomar ninguna iniciativa. Sin apenas ser consciente de ello, notó que las manos acariciadoras se desabrochaban la falda, tomaban sus manos, y las metían dentro, entre la tela y la piel, para retomar su actividad en el cuerpo de ella.
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Ya tenía que continuar. Le provocaba curiosidad, miedo, inquietud, deseo… un poco de asco tal vez también. Pero la curiosidad y el deseo eran mayores. Toda la sensibilidad concentrada en la yema de los dedos, estos se abrieron un camino hacia el cuerpo de ella, descubriendo el ombligo a su paso, la piel suave de su vientre, los pelitos suaves, tan suaves de su pubis.

Y allí se perdió. No entendía, buscaba los labios, buscaba donde el cuerpo de ella se abría, acogedor, y no encontraba nada. Una superficie lisa. Ella separó un poco las piernas, avanzó algo las caderas, como para indicarle, y si, allí estaba. Sus dedos reconocieron entonces un cuerpo igual al suyo, y al mismo tiempo distinto, sus manos recorrieron el cuerpo húmedo de ella, sin detenerse, rápido, como en una misión exploratoria. Se sorprendió por la humedad, notaba los dedos empapados, sintió un pequeño espasmo en las manos que la acariciaban cuando trató de entrar con sus dedos en el cuerpo de ella, más fuerte cuando suavemente acariciaron el punto más sensible.
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Mientras la acariciaba, o mejor, la exploraba, la investigaba, continuaba con la boca perdida en la oreja de ella, la nariz en su cuello, sumida, perdida en el olor de ella.

No podía ser que estuviese tan mojada. De pronto le surgió una duda, casi una arcada… ¿y si tenia la regla? ¿y si tanta humedad era sangre?

Se retiró de ella en un santiamen, notaba los dedos pegajosos. Miró, inquieta sus manos, temiendo ver una especie de mano ensangrentada como en una pelicula de horror. Y no, sus dedos brillaban a la tenue luz del cuarto oscuro, algun hilillo incluso llegaba a unirlos, pero era transparente. Lo acercó a su nariz, lo olió, profundo olor a hembra

Que no le desagradó

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2 Responses to “3b. En el cuarto oscuro. Ella”

  1. www.lospecesdecolores.com » Blog Archive » 2b. En el cuarto oscuro. Ella Says:

    [...] link al capitulo 3 [...]

  2. www.lospecesdecolores.com » Blog Archive » 4b. En el cuarto oscuro. Ella Says:

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