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Archive for June 16th, 2009

5a. En el cuarto oscuro. El

Tuesday, June 16th, 2009

Pues así es como habían quedado las cosas…

os recuerdo que habla la protagonista, que ha ido a un club de intercambio con su pareja, Luis quien ha encontrado a otra, y se ha ido a un rincón, y ella ha encontrado a un maromo, y quiere que la vea su novio.

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Y asi terminaba el capitulo anterior:

El desconocido ya no jugaba con el cuerpo de ella, y ella solo estaba pendiente de él, sentía sus pechos duros, su sexo mojado como si tuviese una regla intempestiva, pero no quería más, quería finalmente brindar el placer que le estaban demandando, sentir el cuerpo de él arquearse, vaciándose en sus manos.

Pero quería que Luis asistiese a este momento.

Sin distraerse

Su novio seguía tumbado, con la chica sentada encima. Ambos tenían la mirada extraviada. Iba a resultar dificil distraerle, en general los hombres solo piensan en una cosa a la vez, excepto cuando están follando, que entonces, en ninguna.
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Se acercó a la chica, adelantando su cuerpo hasta casi meterle el pezón en la boca, que ella no pudo por menos que besar cuando se lo encontró delante. No le desagradó el tacto de la lengua un poco rasposa de ella. Se acercó un poco más con un suspiro, mientras con la mano le envolvía el pecho, mucho mas pequeño que el suyo, y por lo mismo, excitante, era un pecho andrógino, casi adolescente. Su compañero también se había acercado para verlas jugar a ellas dos, verlas acariciarse, una fantasia recurrente en los hombres.

Juntaron sus cuerpos, se tocaron los pezones, ella se incorporó un poco, y la otra la siguió, se separó de su novio con un ruido húmedo y sugerente, estaban ya de pie las dos.

y ya en este momento había logrado la atención de Luis…

tomó la mano de ella, y la llevó al cuerpo de su compañero, mientras su novio se medio incorporaba, ya despierto, para ver el resto de la acción. Mientras le acariciaba el pecho, ella fue directamente a la verga del desconocido, sorprendida de que estuviese aún fuerte y disponible.

Echáte, que necesito follarte, dijo él.
No lo harás, pero no te preocupes, que no te dejaré así, sientate aqui, junto a mi novio.

Miraba Luis con una enorme curiosidad lo que estaban haciendo, y parecía gustarle, tal vez con la esperanza de que él fuese el siguiente

Ella tenía aprisionado el lingam del desconocido, y practicaba el movimiento eterno, que el trataba de reforzar, moviendo su pelvis al encuentro de la mano de ella.

Las manos de la otra estaban llegando donde las suyas, pero ella no iba a soltar el trofeo. Aceleró la cadencia, mirando ora lo que estaba haciendo, los movimientos de sus manos en la verga del desconocido, ya morada, ora a Luis, que estaba hipnotizado por el movimiento de las manos, que dejaban ver y ocultaban inmediatamente el sexo mojado del otro.

El movimiento de la pelvis era cada vez más rápido, ella no conocía los reflejos de aquel cuerpo, no sabía si en aquellas condiciones podría estar mucho rato, porque ya se le estaba cansando la muñeca. Pero quería ser ella quien obtuviese como trofeo el placer del otro, no queria que la otra se lo arrebatase.

Apoyó la otra mano en un punto que ella conocía, e inmediatamente reconoció en los espasmos, en la tensión de las piernas, en el arqueo de la cintura, en los suspiros, que había dado en la diana, sintió el liquido caliente y viscoso resbalarle por la mano en una sensación que no le desagradaba nunca, las piernas cerrarse en torno a su otra mano, la que aún tenía en aquel lugar secreto, en un segundo apreció la fiesta del sexo, reconoció el olor tan especial del placer del hombre, tan desagradable a veces, tan excitante otras. Esta vez tocaba excitante, pero no solo para ella, también para Luis, que no perdía detalle del cuerpo del otro, aun bañado en sudor, del semen del otro, que aun goteaba de su sexo, que aún formaba cordones que decoraban su mano

continuará.

5b. En el cuarto oscuro. Ella

Tuesday, June 16th, 2009

Como recordareis los pequeños saltamontes que seguís mis historias, habíamos hecho un receso de finde para hablar de tetas y culos en la playa, temas importantes para los lectores. Y para las lectoras que quieran saber en qué y cómo piensan los lectores.
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Retomamos la historia del cuarto oscuro, visto desde el punto de vista de una ella (la protagonista) que va a un lugar de intercambio con su novio, y mientras su novio está en un rincón con una rubia, ella ha encontrado a una mujer, y se han ido cerca del novio, para que las viese.

Y así los habíamos dejado:
Se puso a gritar, sigue, no pares (no pensaba hacerlo, sabía que el placer estaba cerca), y en eso, abrió las piernas, gritó, en un orgasmo interminable, mientras su cuerpo empapaba el colchon debajo de ella.

Sus piernas aprisionaron sus manos: quedate quieta, dejame dos minutos, que ahora te tocará a ti.

No se lo que habrán estado haciendo estos dias, pero los retomamos donde los dejamos.

Se arrodilló a mi lado, y me acarició con la yema de los dedos, empezando por el cuello, tras las orejas, bajando por mis pezones, mis flancos hasta mis pies, lentamente. Mi cuerpo deseaba llenarse con ella, saciarse de ella, me acerque para besarla, para que me besase.

- Shht, solo mis dedos.

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Sus dedos recorriendo lentamente mi cuerpo, mil dedos, mil manos sobre mi piel, sin tocarla apenas, erizando el vello a su paso. Dedos sobre mis muslos, dedos entre mis muslos. Notaba que se trataba de una mujer, era más suave, pero, sobre todo, más sabia. Yo quería ya que se centrase, puse su mano donde la quería, donde la necesitaba, donde yo me acariciaba.

- Déjame a mi

Sus dedos entrando en mi cuerpo, recorriendo su interior, el final que nadie antes había tratado de alcanzar, la entrada con su suave músculo, las paredes. Mi cuerpo ahora se habia concentrado en mi sexo, el interior de mi sexo. Eran sensaciones desconocidas, distintas, que no había sentido nunca.

Seguía arrodillada a mi lado, cabeza inclinada, ojos cerrados, todos sus sentidos concentrados en sus dedos, como todos mis sentidos estaban dentro de mi cuerpo, en la pequeña superficie de contacto con ella, que irradiaba olas de calor por todo mi cuerpo.
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Lo que había sido un pequeño punto de luz y calor, en el centro de mi cuerpo, estaba creciendo hasta ocupar todo el espacio. Me oía respirar, cada vez mas fuerte, más seguido. Tenía la sensación de ser toda yo una bola luminosa, una fuente de calor, oía mis propios gritos, cuando de pronto, su otra mano me distrajo, se coloco en mi pubis, haciendo fuerza. Demasiada fuerza. Le pedí que se detuviese, que tenía que ir al baño.

- déjate ir, déjalo estar, ya he puesto una toalla, es el amrita. No muchas mujeres lo alcanzan

Seguía inquieta, me parecía una sensación demasiado conocida. Pero las manos de la desconocida, tratando de juntarse a través de mi cuerpo me tenían aprisionada con los lazos del deseo. Sentía la necesidad de gritar, de incorporarme, la luz ahora irradiaba mi cuerpo entero, mis músculos se tensaron una ultima vez, sentía que no podía retener ya este liquido en mi interior, y lo solté, como una fuente, entre mis piernas, mientras seis, siete, diez pulsaciones de luz y calor se abrigaban en mi sexo, en mis pechos, en mi cuello, y yo gritaba.
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Ella dejó entonces sus manos inmóviles, mientras las pulsaciones seguían provocando temblores en mi cuerpo, se reproducían cada vez mas suavemente, en un orgasmo que duró minutos.

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