1. No nos conocíamos
No nos conocíamos.

Habíamos entrecruzado correos, tampoco tantos, dos o tres. Los suficientes para saber que podía existir afinidad. Pero no nos habíamos visto, no habíamos siquiera hablado por teléfono cuando ambos sentimos la necesidad de una cita a ciegas delante de las barcas en el Retiro. O junto al Angel Caído, premonitorio de muchas caídas.
Pero el Retiro no era una buena idea, en el Madrid sofocante del verano. Asi que quedamos para tomar algo y conocernos.
Claro que el “conocernos” tenía sin duda – al menos, en el fondo de mi pensamiento – el sentido antiguo, Genesis 4:1 “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín” lo cual tampoco no era mal principio.
Y así estabamos, ambos un poco cohibidos, delante de una empanada de bacalao.
En silencio.
Yo estaba desesperado, a punto de lanzarme a la piscina con una pregunta y una duda. La pregunta era “chati, estudias o trabajas?” y la duda, si no debia sustituirlo por su versión actualizada: “chati, mileurista o parada?”.

Por suerte, llegó el vino, rosado, fresquito, lo cual me permitió explayarme en lo que conocia bien, en mi trabajo como representante de vinos, sobre las diferencias entre los varietales y los “terroirs” y la conspiración sajona contra la industria vinicola europea, que como sabemos, es latina. Esta conspiración siniestra consiste en fomentar la costumbre del varietal (para entendernos, vinos de cepa unica, por ejemplo “Pinot Noir”) lo cual permite industrializar la producción y ajustarla a la demanda por la via de plantar mas cepas vs. la opción europea, que prima el terroir (por ejemplo, Bourgogne), y que por lo tanto es de producción fija. Mi cita a ciegas bostezaba ostensiblemente.
La noche se iba a hacer larga.
Atacamos la croqueta, que se defendía con un corazón helado.
Pienso que habia que hacer un golpe de efecto, o a las diez y media, cada mochuelo estaría en su olivo, y también que de perdidos al rio, y le suelto: mira, no nos conocemos, sospecho que mi trabajo tampoco te interesa especialmente, y estamos aqui, hablando por no estar callados. Te propongo, si te divierte, si te interesa, si no te va a chocar, ir a un club que yo conozco, a tomar alli una copa. La singularidad del local es que es de intercambio de parejas, pero no te preocupes, que no te intercambio, ni te toco. Vamos alli, seguimos hablando, y si se nos acaba el tema de conversacion nos damos una vuelta por la sala y vemos un rato lo que la gente esta haciendo.
- ¡Oye! ¿quien te has creido que soy?.
- No, si decia, pero no ha sido una buena idea
- dices que no me tocarás ¿hay algun motivo?
estaba la velada complicandose por momentos. Las mujeres tienen la inmensa virtud de transformar cualquier caña no ya en una lanza, si no en una ametralladora Thomson.
Farfullé algo
- bueno, vale, vamos, pero solo a ver, ¿de acuerdo?
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