3. No nos conocÃamos. El cuarto oscuro y la verga de Tomás
El brazo que estaba entre nosotros dos, la mano que tocaba las tetas de Carmen era de una mujer, lo note en la suavidad de la piel, en la falta de vello, pero sobre todo porque lo segui hacia arriba, y alcancé yo también, una teta.

Una teta dura, cubierta por un sujetador con relleno. Una mano quitó la mÃa y la guió hacia abajo. Me gustó la idea, gente que tenia las ideas claras. Solo que en lugar de ponerla donde yo esperaba, entre sus piernas, me la pone en la verga, desnuda y erecta, de su compañero!
Era gruesa, hay que decirlo, pero sobre todo, estaba dura. Me considero heterosexual, lo cual no impide que en algun momento me divierta recorrer caminos conocidos, descubrir diferencias en las similitudes, pensar que conozco perfectamente lo que está sintiendo en aquel momento la persona a quien estoy tocando.
No sé qué siente una mujer cuando la toco, no imagino lo que es llegar a un orgasmo por succion en las tetas sin contacto entre las piernas, en cambio no me cuesta nada imaginar qué estará sintiendo el propietario de lo que tengo este momento en la mano. Solo que si no le hago ascos a tener una verga en la mano, una vez inspirados, metidos en harina, sea en un trio, sea en una “partie carrée” como llaman los franceses a las parejas cruzadas, asi de entrada… lo solté, mi mano buscó el cuerpo de la chica.
Y sobre todo, me dediqué a Carmen, no querÃa que pensase que la habÃa traÃdo para que me dejasen pasar, pero es que además me apetecÃa. HabÃa venido con ella, me parecÃa agradable su conversación, bonito su cuerpo, no ganaba nada dedicándome a la otra, quien, por otra parte, se ocupaba activamente de nosotros.
Recorrà su cuerpo, prometedor, de Carmen, olà el perfume de su cuello, y acerqué mis labios a su codo. Noté que mis labios ponÃan sus pelos de punta, e imaginé sus pezones igual, bajo el vestido. Pero llevaba un vestido cerrado y no una blusa, resultaba dificil alcanzarlos. Aún asÃ, a través de la ropa, pude palpar sus pechos, rozarlos. Su cuerpo se acercó más al mÃo. Pero otras manos seguÃan en mi cuerpo, notaba unas manos inquisidoras entre nosotros dos, que nos tocaban alternativamente, ahora a ella, ahora a mi. Notaba ya la agradable molestia de una ropa interior ceñida.

Cuando me tuvo en condiciones (todo esto sucedia en el cuarto oscuro, no sabiamos muy bien que hacia el otro), me abrio el cinturon, y sacó mi masculinidad. Noté otra mano que me tocaba, y no era la de ella. Podia ser de Carmen.
O no.
Seguimos ya todos apelotonados, en un mar de brazos, manos, caricias…
- ¿llevas preservativos?, me susurra ella
- pues si, pero no suelo usarlos
la verdad es que no me gusta follar con desconocidas
y menos, con desconocidos
- salimos y vamos a un tatami?
- Carmen, te apetece?
- si, vamos
Continuará



June 29th, 2009 at 12:46
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