5. No nos conocíamos. Desnudos en Tatami y el Sweet and Sticky Tour
Thursday, July 2nd, 2009Me gustaba el sexo con Carmen, me gustaban sus movimientos, no me importaba que nos estuviesen mirando, y probablemente a ella tampoco. Ambos estábamos a lo nuestro. Una pareja vino junto a nosotros. Podían haberse acomodado en cualquier otro tatami, incluso de la misma habitación, que estaban vacíos, pero desdoblaron su sabana y se tumbaron a nuestro lado.
Asi que estábamos los cuatro, cerquita los unos de los otros para no coger frío, aunque cada oveja con su pareja.
Alguna vez se escapaba alguna mano, y cuando bajaba con mi boca de sus pechos a su vientre, podia encontrar unos dedos ocupando el espacio. Ni a Carmen le importaba, ni a mi tampoco. Estabamos allí para eso (bueno, yo, Carmen no se si tanto, aunque, a juzgar por sus suspiros no parecia molestarle).
Yo en cierta forma me reservaba para Carmen, que los hombres (bueno, ninguno de mis amigos lo es, todos, excepto yo, Supermanes) somos limitados, es cierto que en algun momento acariciaba a mi vecina de tatami, aunque eran solo de juegos de manos. Probablemente hubiesemos podido cambiar de pareja, pero… ¿para qué iba a cambiar, si Carmen me era tan desconocida como la vecina de tatami? y el cuerpo de Carmen me gustaba, me gustaban sus escalofrios postorgásmicos, me gustaba su naturalidad en el placer.

Asi que al cabo de un rato, cuando la otra pareja ya estaba imbricada en lo suyo, nos fuimos, iba a escribir: nos fuimos a desnudar, pero no, porque ya estabamos desnudos, pero si al vestuario a dejar la ropa.
Cogimos toallas y sabanas, y ahora eramos nosotros los que pasabamos entre las mesas del bar tan solo someramente cubiertos.
Fuimos a otro tatami grande, donde ya habia una pareja, y nos pusimos cerca de ellos. El estaba tumbado, mientras ella se lo comía. A mi es un espectaculo que me gusta, porque asi como en general, en una pareja haciendo el amor, se ve mucho movimiento, pero poco sexo, en lo que hacían se ve muy bien todo, los labios de ella encerrando el cuerpo de el, los movimientos, el cubrir y descubrir el sexo, la humedad de la saliva… Me puse pues a mirarlos con interés (con desfachatez, dirian algunos), la cabeza apoyada en los pechos de Carmen, chupandole los pezones, mientras mi mano se perdía en su sexo.
La verdad es que el cuerpo de Carmen era muy agradecido, porque respondia, sus suspiros y gritos ahogados (muy ahogados tambien por los gritos de otra chica, en una sala contigua, que estaba teniendo EL orgasmo de su vida, inacabable) me indicaban que iba por el buen camino.
La verdad es que no me tenia que esforzar mucho, la situación, el ambiente, y su facilidad, todo eso contribuía a que su cuerpo se tensase, sus escalofríos se repitiesen, antes de volver a empezar yo y tener ella otra serie de orgasmos.

Y mientras la acariciaba iba mirando a la pareja vecina, y la chica me miraba a mi, y me hizo un pequeño gesto como de complicidad, o, mejor dicho, de ¡como nos hemos de ver! Porque lo que ella se llevaba a la boca era mas un pingajo que una verga. Era un trozo de carne más flojo que un plátano maduro. Y, a pesar de su insistencia, ciencia y buena voluntad, no parecia mejorar. Ya le tocaba el las tetas a Carmen, pero ni por esas. Aquella cosa se mostraba poco cooperativa.
No se, debe ser una situación dificil, tener un pingajo en la boca que no se anima más que a medias, decidi echar una manita, dejandole un trocito de Carmen, a ver si tocando una piel extraña se animaba, asi que, abandonando sus pechos, bajé por su vientre.

Podria decir “me puse a hacerle un cunnilingus”, pero me perdonareis soy incapaz de decir cunilingus o felacion o incluso clitoris sin que me parezcan nombres de enfermedades: pues pillé un cunilingus de aúpa, estuve una semana de baja, pues yo ni te digo, tuve que ir a rehabilitacion por una felacion de codo que me tenia inmovilizado.
Y asi, mientras mi vecina trataba de reanimar la antorcha del soldado desconocido, con la ayuda de las manos mágicas de Carmen, rozando aquella zona tan sensible que los hombres tenemos allí dónde los huevos pierden su nombre, yo estaba reconociendo con la lengua los recodos del sexo de Carmen, oliendo su cuerpo por primera vez.
Alguna vez alguna amiga, adicta en algun caso a la abominación, por suerte ya en desuso, del desodorante vaginal me ha preguntado si, realmente su olor no era muy fuerte, cómo podía aguantarlo. Y debo decir que no solo lo aguanto bien, si no que me agrada.
Probablemente si lo oliese en unas bragas de una desconocida, me echase para atras (aunque hay quien es fetichista de bragas usadas, y tienen comprado al personal de los hoteles para que se las separen, hay una conspiracion mundial, porque si no, como es posible que tantas mujeres se quejen de haber perdido las bragas?), pero aquí y ahora, navegando a vista en un sexo receptivo, este olor, dulce y suave, este tacto Sweet and Sticky como el Tour de Madonna me tenía en trance.
Si a esto se unen unos labios que acogen a la lengua como parte de si mismos, con vida propia que conduce inevitablemente (¡cómo si alguien quisiese evitarlas!) a zonas aún más acogedoras, más hinchadas, más húmedas. Y al mismo tiempo, y los pequeños saltamontes que lo hayan probado no me dejaran mentir, los labios gruesos acompañan mucho mas nuestra lengua que estos labios finos como un puntero laser.
Son cuerpos que invitan más al merodeo, a detenerse en los valles, a recorrer las colinas con la lengua, a oler cavidades donde se concentra la femineidad.
Los sexos como pistas de esqui apuntan a excursiones rápidas, antes de pasar a palabras mayores, y a la penetracion, donde ya el hombre no se entera de las caracteristicas fisicas del exterior, y apenas de las del interior.
Y mientras, en un respiro necesario, pude apreciar que los esfuerzos conjugados de Carmen y nuestra vecina habian despertado al Bello Durmiente. Nuestra vecina se habia puesto encima de él y Carmen tenia agarrado su lingam para que pudiese penetrarla.
link al siguiente, dos trios no son seis personas


