El orgasmo como fin del deseo. Post Biblico
Tuesday, July 14th, 2009
Los hombres estamos muy mal hechos, según en qué cosas. Debo decir que muy bien diseñados para hacer pis, sobre todo en lugares insalubres. Los que somos hombres no nos damos cuenta de la ventaja que tiene el que el estado de suciedad del recipiente en que estemos dejando nuestra dorada ofrenda pueda ser ofensivo para la vista, y hasta para el olfato, pero en general no resulte peligroso para la salud.

Pero en cambio, en el orgasmo estamos diseñados, con perdón, con los Pies. Porque, a quien se le ocurre, a qué mente enferma se le puede ocurrir que estemos pensando media vida en cómo y con quién tener un orgasmo, y ya metidos en harina nos dediquemos con ahínco a nuestra pareja para que ella disfrute antes, o al menos durante, y no se quede a media carrera. Porque sabemos que una vez hayamos tenido ese orgasmo que con el que tanto hemos fantaseado, que tanto hemos perseguido, se acabo para nosotros la fiesta, mientras que para ella esta solamente empezando.
Porque la situación es que en una mujer, un orgasmo sirve de escalón para el próximo. Un orgasmo suele ser el preludio del siguiente, en una cadena que solo termina por agotamiento. Y en cambio, nosotros, los hombres… una vez hemos acabado, hemos acabado. Y lo malo no es que hayamos acabado “fisicamente”, y que lo que era un falo glorioso y penetrante se transforme en una babosa humeda y brillante, si no que tambien hemos acabado “espiritualmente”.
Trato de explicarlo, porque no lo he visto escrito en ninguna parte. Pongamonos en situación: estamos con nuestra pareja, entusiasmados, haciendo el amor como dos cosacos (o como un cosaco y una cosaca, o incluso, como dos cosacas, para el caso, es igual). Estamos ahí, con la sensibilidad a flor de piel, deseando que este no acabe nunca. Y pensando ya en el siguiente polvo. Que si en este que estamos, nuestra verga es la vara de Moises abriendo el mar, en el de despues, ella será Judith y nosotros Holofernes. Y aún un poco más avanzada la noche, dejando la Biblia para entrar en la zoologia, haremos el cangrejo volador, el dragon oriental, el marsupilami saltarin para acabar, ya exhaustos y de madrugada, con el velociraptor devorante. Todo ello acompañado de grandes gritos y saltos, y musica, y angeles y grandes fuentes de luz y color.
Y en todo eso pensamos los hombres mientras follamos y estamos en el primero.
Y en eso notamos (de eso hablaremos mañana) la contracción en el vientre, la fuerza imparable que nos surge de las entrañas, las vibraciones, los espasmos, caemos como una piedra desde lo alto de nuestro Olimpo de dioses del sexo. Desaparece – completamente, como si nunca hubiera existido – el deseo. En los diez o veinte segundos que puede durar un orgasmo (por cierto, alguien sabe lo que dura???) hemos pasado de los cinco polvos que ibamos a echar durante el resto de la noche (bueno, o tres, segun sexo y condicion) a no querer (repito, no querer, no he dicho no poder) echar ninguno.
Como que el deseo se ha marchado junto con el semen.
Porque poder, podemos. Con un poco de constancia e interes, por lo general estamos fisicamente en condiciones de repetir. Solo que no queremos. No nos interesa. Finito el deseo, caputt.

Eso es un error de diseño, vamos, digo yo que el Creador andaría en baja forma aquel dia. No Le bastaba la manzana, la serpiente, el echarnos del Paraiso, en obligar a los hijos a follar con su mamá Eva mientras Adan miraba…
vamos a ver, ya habia probado con Adan y con Eva, Le costaba mucho hacer otra pareja para que no fuesemos todos tan consanguineos? No, El queria más.
El quería jodernos, haciendo que la culminación del acto matase el deseo que habia generado ese mismo acto.
Y eso en nosotros, que nos creemos los reyes del sexo, y no en las mujeres, culturalmente sometidas.
Se puede ser más diabolicamente perverso que El?










