3. El Orgasmo masculino. Descubriendo el punto del millón de dólares
Saturday, July 18th, 2009Veiamos ayer el orgasmo de toda la vida. No lo desprecio, está hecho con amor. Con más o menos técnica, con mayor o menor sensibilidad o sabiduria, pero hecho con amor. Y esto es muy importante.
Y ese orgasmo es el que genera la persona querida, con su cuerpo, con sus manos, centrandose en nuestro pene. Se coloca en posición, si es con las manitas, bien llenas de aceite, por favor,
nos toma por un elemento sensible (pero no el más sensible) de nuestra anatomía de hombre, y bien con las manos, bien con los movimientos de su cuerpo provoca el orgasmo.
Este es el que yo bautizaba (no está mal eso de bautizar orgasmos) ayer como orgasmo epidermico (no, epidemico no, epideRmico, aunque epidemicos, haberlos, haylos, otro dia los comento)
Bueno, los comento hoy, los orgasmos epidémicos se dan, a veces en las orgías, donde hay una pareja muy entusiasmada, ella está gritando, y sus gritos animan a otra pareja, y al final hay un coro de mujeres que no son exactamente las plañideras de los entierros medievales, aunque a veces parece que las estén matando. Debe ser algo que anima a su pareja, que se ve que acelera el ritmo, hasta que se tensa, y cae exhausto. No se da siempre, pero cuando se da, involuntariamente uno trata de ponerse también en situación. Si se hace bien (bueno, que yo sepa no hay entrenamiento previo, es necesaria la casualidad) es una suerte de orgasmo colectivo, bien simpatico. Es casi como un ejercicio de natación sincronizada. Y es que los gritos orgásmicos tienen un efecto llamada, como los de los animales en celo (bueno, es lógico)
Y volviendo a nuestro orgasmo epidermico, este es el unico que yo conocia, debo decirlo para mi vergüenza, hasta ser un hombre de mediana edad (entiendase como la treintena avanzada). Y no por falta de compañeras con las que jugar, como dicen los franceses, “au jeu de la bête à deux dos”, al juego del bicho de dos lomos, sino por inexperiencia compartida.

Pero, igual que para reparar un motor es mejor llamar a un motorista, o para arreglar un zapato, a Zapatero, para según que actividades, mejor recurrir a una Tania, o a una Vania, o a una Sonia. Lo recuerdo como su fuese hoy, llegaba yo a mi ciudad, tras conducir 900 km, en verano, antes de que los autos tuviesen aire acondicionado y venia, para qué negarlo, acalorado y con ganitas.
Efectivamente, en casa me esperaba (probablemente durmiendo) mi mujer. La iba a despertar? Me pareció conveniente realizar uno de los actos de caridad, dejar dormir al durmiente.
No debo ser el único a quien muchas horas sentado conduciendo aumenta la líbido, porque a la misma entrada de mi ciudad hay una zona donde estan todas las Vanias, las Velias, las Sonias y las Tanias, y pensé… no vamos a andar molestando a la parienta, una pajilla rápida en el mismo coche, y llega uno más descansado, de mejor humor, y sin voluntad de exigir el deber conyugal, con lo bueno que es eso para la coexistencia familiar.
Asi que me detuve delante de cualquiera de ellas, negocié los servicios, yo no queria ninguna excentricidad, y quedamos en un francés con preservativo. Casi el “menú del día”. Se sube al coche, me guia hasta un aparcamiento lleno de vehiculos, todos con las luces de posición, todos con una persona sentada al volante y otra agachada sobre élla. Y alli me estacioné yo, en bateria. Vania se sacó las tetas, mientras se bajaba encima de mi, me ponía muy funcionalmente en forma, y con una sola mano sacaba el preservativo de su funda, se lo ponía en la boca, y me enfundaba el preservativo, todo de una.
Estaba ante una profesional
Y en eso, sus dedos, con las uñas largas, no puedo recordarlos sin estremecerme, en lugar de mantenerse en mi verga bajaron hasta los huevos, rozandolos por encima, en lo que luego supe que se llamaba un sensitivo. Abri más las piernas, para dejarle paso, hasta que ella llegó al perineo. Allí, en aquella zona, hizo presión hacia dentro. Fue como si de pronto me hubiesen puesto un electrodo. Mi cuerpo se contrajo, yo diría que perdí toda la sensación de su boca englobando mi pija, era como si mil dedos, como si mil manos me estrujasen por dentro.
Vania tenía una linea directa al lugar donde se genera el orgasmo, al puro centro de mi cuerpo. No hacía falta nada más, el desplazamiento de la sensibilidad que veíamos ayer, de la superficie del pene hacia el interior no había existido. Ya no era un roce, ya no era un masaje, era una presión en la base del pene (para los que querais averiguar, es facil, porque se nota, debajo de los testiculos, el pene que se adentra en el cuerpo. Es allí). Hay quien dice que no es exactamente en el eje de simetria, sino que es un poco ladeado. No lo sé.
Yo sé que aquel orgasmo pareció surgir de un lugar distinto, no hubo necesidad de tanto prolegómeno, de tanto sube y baja, de tanta monserga. Fué casi instantáneo. Tocó un punto mágico que cortocircuita todo el mecanismo, llevandolo al punto de disparo sin esperar. Y un disparo mucho mas profundo, más relajante, un orgasmo que parecía no acabar nunca, mi cuerpo se vaciaba sin ver el final. Que llegó, como llega todo, pero me dejó en otra galaxia. Y algo de mi cuerpo quedó allí, (no, no el preservativo; lleno como nunca), si no una insaciable curiosidad.
Llegué a mi casa con una sonrisa
Cari, eres tu? estoy durmiendo
- no te preocupes, me ducho y voy a dormir yo tambien, que llego cansado. Y hace calor











