5. El Orgasmo masculino. El masaje prostático y el viaje astral
Pues como deciamos ayer, tras la experiencia con el médico, decidí profundizar más en el asunto de la
próstata, con lo cual busqué en los anuncios clasificados “masaje prostático”. Total, si con un médico haciendome un tacto rectal, sin preliminares cariñosos, había estado a punto de correrme, qué no iba a suceder con una masajista especializada.
Ya al concertar la cita, me preguntaron si quería un o una masajista. Esa era una pregunta que no me habían hecho nunca, pero claro, empezabamos a entrar en aguas procelosas. Yo opté por una masajista, aunque es probable que un masajista supiese más de esas cosas.
Y llegué al lugar, un apartamento de un bloque de viviendas, siempre me choca compartir el ascensor en estos lugares con la madre de familia que viene con sus niños del cole, y que sabe perfectamente, por el piso, dónde voy y a qué, pero bueno.
Llamo, me miran por la mirilla, me abre la puerta una madame muy puesta, con cueros y medio en cueros. Tu venias a la sesión maso? pues no… ah, tu venías solo a eso del masaje! (el “solo” no sé si me molestó o me tranquilizó, podia ser que habia venido sólo (es decir, sin acompañar) o solo (solamente).
En cualquier caso, ya estaba allí, me hacen pasar a una sala con máscaras de cuero en la pared, algun látigo arrinconado, luces rojas, paredes rojas (para que no se viese la sangre?). Me pidió que me desnudase y me echase en la camilla. No hubo el tradicional paseo de las masajistas para que elegir entre Tatiana, Vanessa o Monica, pero tampoco hizo restallar el látigo para que me apresurase.
Salió de la sala, me tumbé en la camilla, y vino una chica. Empezó en los hombros, a los 20 segundos estaba en los glúteos, a los 30 me estaba pasando los dedos por el culo. Te gusta, me pregunto? me pareció obvio que se lo demostraba. Te han hecho alguna vez este masaje? pues no. Vale, porque se hace con esto. Y me enseña una extraña herramienta, aqui adjunta. La verdad es que me dio un poco de ecs… pero me dijo que no me preocupase, que le ponia un preservativo.
La verdad es que cuando escribo esto, y busco la foto, y recuerdo el lugar y la situacion lo encuentro ciertamente bastante ¿como decirlo? poco edificante?, vulgar? grosero incluso? asi como los otros posts pueden gustar o no, si que creo que a muchos y a algunas les gustaria compartir las situaciones que describo en ellos, en este caso yo diría que no es una experiencia que tenga ganas de repetir, ni yo, ni probablemente quienes seguis este blog.
Asi que la chica el enfundó un condon al vibrador, lo baño en lubricante, me dijo que me relajase, y mientras con una mano me iba tocando el culo, con la otra me iba metiendo las bolitas. No lo encontraba especialmente agradable, ni desagradable tampoco, mas bien raro. Llegó hasta dentro (a mi me parecia que me habia metido dos metros de bolas, como la vez que me hicieron una colonoscopia (eso si que es una historia!), pero no. No debian ser dos metros, pero si 15 cm fácil. Y bueno, empezó a moverlo por ahí, y a mi la verdad es que me daba un poco igual, era tan erótico o excitante como rascarse la rodilla, es decir, más bien poco.
Y bueno, como era un vibrador, lo puso en marcha. Y eso ya fue el acabose, me entraron cosquillas en todo el bajo vientre, y una desconcentración total. Inicié un viaje astral, pero no hacia el septimo cielo, si no hacia la duplicación de la personalidad. Me separé de mi cuerpo, y me quedé colgado del techo, como Gregor Samsa, mirandome a mi, tumbado en la camilla de una habitación roja con decorado maso, pero lo malo no era eso, lo que me dio la risa fue verme ahi, con el culo en pompa. Y el sentido del ridiculo pudo más, mi doble reintegro mi cuerpo para pedirle inmediatamente a la chica que pasasemos a actividades más convencionales.
Y la verdad es que las otras veces que he probado el masaje prostático ha sido siempre a mano, con el dedito de personas cariñosas, que no ofician en un gabinete especializado pero en cambio son dulces y amorosas, pero aun asi, no me ha gustado. No he llegado al orgasmo, ni tan siquiera cerca de él, y al cabo de poco rato el dedo me molestaba y acababa la prueba.
Y esta ha sido mi experiencia. Me queda una duda que no tengo necesidad ninguna de levantar, y es si un masaje prostatico de verdad, realizado por un profesional y a mano iba a ser una experiencia extraordinaria, un verdadero viaje astral hacia las profundidades del sexo y del placer. Pero la verdad, no me apetece volver a probarlo.


