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2. La Sra.Rius. Una lección de Business Practice

Para los urgidos :) , teléfonos al final del post 1: La Sra. Rius.

Pues como decía ayer, no suelo frecuentar señoritas venales. Incluso pudiendo hacerlo (más de una vez he llevado a clientes con una urgencia, y yo, sencillamente les dejaba alli, y despues pasaba a pagar. Me hubiese podido quedar, y consumir yo tambien, presentando la factura de ambos en la nota de gastos). Y no por escrupulos morales, sabe Dios que tengo pocos. Pero no teniendo ni necesidad, ni curiosidad, pues sencillamente, no iba.

Tampoco entiendo mucho a las personas que lo hacen, o mejor, dicho, no lo entendía hasta que he leido el libro de la Sra.Rius. DSC_8039La verdad es que lo hojeé en la librería, y pensé que no podía comprar un libro escrito por un iletrado. Llamo así, con todas las letras, al autor, que por lo que dice la contraportada es “un conocido periodista”. Es posible, su nombre suena, pero dudo que un “conocido periodista” no sepa que delante del nombre propio se usa el Don, así, Don Luis, (en catalán En Lluís), y delante del apellido el Sr. por ejemplo, Sr. Garcia. Y en catalán lo mismo. Y el poner el Sr. delante del nombre es barriobajero. O que Orson Welles se escribe así y no Orson Wells.

Pero aún así, como el tema me interesaba, compré el libro. No tanto para conocer las aficiones sexuales de Dalí, Belmondo o Cela (y una madame tampoco debiera airearlas, quiero creer que el “periodista” opinó que sin estas anécdotas el libro no se iba a vender), si no porque considero que las cosas que tienen tradición, sea un burdel o un Patek Philippe, lo tienen por un concepto, que es la “Excelencia”. Dificil de definir, porque “Excelencia” no es “Calidad”, aunque sea en grado superlativo. Excelencia es un conjunto armónico, en el que entra, evidentemente la calidad, pero es, sobre todo, reconocimiento de marca, aprobación por el sector…

Y todo eso lo tiene la Sra. Rius, en Barcelona. Y por eso me sobra saber que cosas hacía Dali en la (relativa) intimidad compartida.

Y encontré la lectura del libro muy formativa, no tanto por las anécdotas, si no por el fondo…

Hay en el libro dos conceptos, uno, que hay que hacer bien el trabajo, sea éste llevar una casa de citas, o tener una panadería, o dirigir Repsol YPF, y ello implica llevar una contabilidad, gestionar al personal, apoyarse en las Autoridades (hay un comentario sobre si otra Madame para quien habia trabajado la autora “no daba propinas a la Policia”) y, sobre todo, entender a los clientes. Ser consciente de cuál es el mercado – muchos hombres de provincia -, anunciarse de manera sistemática y homogénea (no se puede cambiar la linea publicitaria), dar una formación a los empleados para que el servicio prestado sea consistente, fijar un precio razonable… hay suficiente en el libro para un segundo volumen, orientado al negocio, pero no solo al business de las casas de citas, sino el enfoque global que es válido para cualquier actividad.

ducha3Debo decir que lo que me preocupa un poco es su ignorancia de las nuevas tecnologías. Me preocupa que buscando en Google no aparezca ningún anuncio suyo, y que se vea sustituida por todos esos nuevos espacios ecologico-zen-tantricos, cuando una buena casa de citas, sin mas pretensiones, sin disfraces es suficiente. Pero es posible que ahora los hombres precisemos de una excusa – aprender a gestionar el orgasmo, hacer terapia sensorial, conocer los secretos milenarios de los monjes tibetanos… – y asi, con nuestra consciencia limpia, porque nos estamos en training, echar un polvo. Si la Sra. Rius aceptase un consejo de un lego en la materia, yo le recomendaria una puesta al día al respecto, sobre todo que los ejecutivos de Blackberry ya no leen prensa. Y supongo que la Sra. Rius no quiere tampoco ser la casa de citas del Imserso

Y el segundo concepto es más curioso, porque aunque lo dice, queda perdido entre la hojarasca, y es que lo que menos buscamos los hombres en una casa de citas es el sexo, buscamos el poder.

Ninguneados en el trabajo, ignorados en casa, en una casa de citas el cliente es el amo, el señor a quien se escucha, a quien se reverencia, a quien se le rien los chistes, quien, chascando los dedos, tiene a la mujer en la cama.

Es decir, se trata de Poder, no de sexo. Y el Poder, en este caso, no consiste en pedir cosas que rebajen a la mujer que acompaña al caballero, (ya lo dice en todo caso la Sra. Rius, que en su casa solo se hacen las cosas si ambos, cliente y proveedora, están de acuerdo) si no en ser escuchado con atención.

Como decía más arriba, yo creo que la Sra. Rius debiera escribir un libro más profundo, en cooperación con un economista, si es posible MBA por Harvard, algo así cómo: “El paradigma de la cama”, o bien: “Hacer de la infidelidad virtud”. Se vendería como rosquillas

Así que todo ello me da muchas ganas de conocer a la Sra. Rius. Si lo hago (o mejor dicho, cuándo lo haga), ya os lo explicaré

link al post: conociendo a cleo

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4 Responses to “2. La Sra.Rius. Una lección de Business Practice”

  1. www.lospecesdecolores.com » Blog Archive » 3. La Sra. Rius. Conociendo a Cleo Says:

    [...] viene del capitulo anterior [...]

  2. www.lospecesdecolores.com » Blog Archive » 1. La Sra. Rius Says:

    [...] link al segundo capitulo, una leccion de business practice [...]

  3. bolsa Says:

    Las inversiones necesitan siempre un estudio previo, si no es una cosa muy arriesgada.

  4. admin Says:

    Pues si, y mas las inversiones sexuales

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