De la repetición y los osos hormigueros
Pues los hombres somos mucho de cantidades: pues yo me he follado a veinte este mes, pues yo no hay noche que salga y no moje.

Y yo, que soy hombre (o al menos tengo los atributos de, lo compruebo cuatro o cinco veces al dia, cada vez que voy al baño), pues no. La verdad es que no. Ni me he follado a veinte en un mes, y hay mas noches que no mojo que noches que mojo.
Pero la verdad es que no me preocupa mucho, yo no se como serán los demás, si que se que las primeras veces en que estoy en la cama con una mujer, estoy demasiado distraido, demasiado maravillado, y, sobre todo, demasiado excitado para hacer nada mas que correrme. Bueno, intento que ella tambien disfrute, pero al poco me doy cuenta que estamos en peliculas diferentes.
Ella está demasiado asustada (ahora que está en la teta… no me irá a morder el pezón?, no me digas que va a tocar AHI???), demasiado inquieta (a ver si no se nota el michelin ese… no oleré mucho? – curioso ese miedo de las mujeres por oler – ), demasiado frustrada (no se irá a correr ya, no, no, pos vaya!) para apreciar el momento.
Insisto, no se como es la primera vez de los demás, supongo que si les pregunto me contestarán que con ellos, ellas estan gritando de placer a los 30 segundos. Es posible.
Más bien creo que mis/nuestras primeras veces son aproximadas, se va perdiendo el miedo, se van conociendo los puntos erróneos del/de la otro/otra, se va distinguiendo las señales del placer del otro. Porque el placer del otro avisa. Hay quien no se puede correr con las piernas juntas, y quien no lo hace si no las tiene separadas, hay quien precisa cariñitos suaves suaves y quien golpes de pelvis que le hagan saltar las lentes de contacto

Y solamente cuando se ha visto al otro en el placer (hay quien opina que la mejor via es ver como el otro se masturba, lo cual precisa, no me lo negareis, de cierto grado de confianza), es cuando ya se puede empezar a guiarse en el otro, ajustar sus movimientos y su timing a los movimientos y al timing del otro.
Y esto no se consigue (bueno, yo no lo consigo) ni la vez que hace uno, ni a la media docena de veces, y solamente despues casi de la docena, se empiezan a acoplar los cuerpos, empiezo a saber si le gusta que le muerda (eso si, suavecito el clitoris, con los labios solo, o con los dientes – que si, no se os pongan los pelos de punta, que hay quien solo jura por eso -), que le meta la lengua lo mas adentro que pueda (a veces añoro no ser un oso hormiguero, y os perdono el chiste, que seguro que conoceis.), y ella empieza a conocer donde debe tocarme para acelerarme, o que debe hacer para frenarme.
Entonces y solo entonces es cuando los dos estamos en la misma pelicula
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