Si me miras sabré que estás conmigo, que mi alma te pertenece y mi cuerpo joven pide permiso a tu mente, a tu sabiduria, a tu edad, para escapar un pequeño instante y mostrarse libre.
Mírame y verás lo que no puedes apreciar cuando estás conmigo en la bañera, sumergiéndote en mí, llegando hasta la esencia de una mujer enamorada, cuando me tomas, mis muslos reposando en tus manos, temblando como hojas de otoño deseosas de volar y caer en el sueño húmedo del romanticismo más dulce.
Mírame, mira mi cuerpo joven, deseoso de volar, deseoso de sentir la firmeza de otra piel, deseoso de poner en práctica lo que tu experiencia le ha enseñado. Mírame, desde tus años, desde tu piel curtida, desde tu deseo tan joven como el mío. Mírame disfrutar, lo hago por tí, lo hago por mí
Tal vez debería haber esperado a tener más confianza contigo para aceptar tu atrevida propuesta, pero ésta llegó después de numerosas ensoñaciones nocturnas, al otro lado del teléfono, fruto de la aceptación del otro como parte libre e independiente.
Sí, quiero mostrarme a ti y mostrarme a otros, quiero sentir en mi piel la de otro hombre, diferente a ti, desconocido, profesional, que haga vibrar mi cuerpo como ofrenda a ti, a tu ego crecido por poseer mi mente y mi alma.
Cuando llegué al Spa, un piso en una casa de vecinos de un barrio elegante de aquella ciudad en la que no nos conocía nadie, enseguida pude percibir un aroma embriagador, a incienso de canela y pachulí, la música suave de templo oriental me transportaba a otra situación, a otro momento de mi vida, de relajación, de retiro, totalmente diferente a la explosión de sensualidad que comenzaba a embriagarme. Buscaba, inconscientemente la música mágica del agua fluyendo, igual que mi cuerpo iba fluyendo hacia ti, detrás de la cortina de gasa roja y dorada que separaba el hall de la sala íntima de acogida donde estabas tu, donde nos recibía Amanda según supe luego. La luz velada, los decorados en madera oscura, las velas y las barras de incienso daban sensación de calma.
Tu habías subido antes, solo, te lo había pedido yo, temía, aunque estaba segura de que no podía suceder, que alguien me reconociese, y supiese inmediatamente donde íbamos los dos. Si entraba sola en aquel portal, si subía sola en aquel ascensor, nadie podría suponer que no iba al dentista o al notario que compartían escalera con el Spa.
Tu habías organizado todo, como un regalo que me dabas, como un regalo que te dabas, con muy pocas pistas… me habías preguntado si me apetecería un masaje en pareja, lo pensé, contesté que si tras alguna vacilación y no supe más hasta que, unas semanas después, cuando ya lo tenía olvidado me llamaste para decirme que Amanda sugería que el masaje nos lo diesen dos chicas. No sabía de que me hablabas, hasta que en un momento caí: no, dos chicas no, si tu tienes una chica, yo quiero que el masaje me lo de un chico.
Y entraba, en aquel momento, en la sala de acogida, donde nos esperabais los dos, Amanda y tu.
- Podéis pasar a la sala siguiente y poneros cómodos, enseguida vendré con mi compañero y empezamos con el masaje.
- Estupendo, estamos deseandolo
No se si lo deseaba… lo deseaba y lo temía al mismo tiempo, como seria el chico? nunca me había tocado un desconocido, nunca me había mostrado mas que ante mi pareja. El ambiente oriental, la música, los perfumes le daban al acto cierto ambiente iniciatico, por fin iba a mostrarme ante desconocidos en un acto tan intimo como es el placer, mi placer de mujer completa. Debía, quería superar mi vergüenza, nada había de qué avergonzarse… eso me decía, y mientras mi cuerpo estaba mojado, expectante, mi mente me recomendaba la huida, salir de allí, volver a mi vida escapando de una experiencia que podía cambiar para siempre mi relación con el sexo. Nunca antes había participado en actos sexuales con personas con las cuales no hubiese atracción, y siempre había sido cosa de dos… y allí estaba él, maduro, enamorado, que me hablaba
- ¿Estás nerviosa?
- Un poco sí, lo reconozco pero me tranquilizas tú, como siempre
- Pues vamos a desnudarnos y nos sentiremos mejor
- Seguramente más cómodos pero más tranquilos lo dudo
(continuará)