Stop Censorship

Posts Tagged ‘amor lesbico’

(y 4.) Colaboracion: El primer deseo

Sunday, December 4th, 2011

Rosa se mantuvo unos centímetros en el aire, sentada sin sentarse, y se volvio a bajar, empalandose en mi dedo que se hundía más y más en su brecha encharcada. Se movía en movimientos reflejos, que llenaban su cuerpo y el mio de electricidad. Yo buscaba la zona mas salvaje y rugosa de su entrada, aquella que disparara su placer, abrirá todas las fuentes, y cuando la encontré, metí un segundo dedo, presionando alli ritmicamente, adaptandome a sus movimientos, cediendo en algun momento para aumentar su placer

De pronto, su cuerpo se echo adelante, forzando mis dedos hasta casi romperlos, haciendo fuerza, inmovil como un pajaro detenido en vuelo, huida en su placer, escapada de mi, mientras su cuerpo se movia en saltos y espasmos en un orgasmo inacabable; un grito retenido se escapo de su garganta. Yo no podia mas, pero Rosa me ignoraba, me hubiese tocado yo, inconscientemente apretaba y aflojaba los muslos, buscando un orgasmo como hacia en las Teresianas, aunque sabiendo que no, que ya no lo lograria de esta manera.

Finalmente , en un último brinco, en un ultimo grito retenido, cerró los ojos, suavemente se fue sentando mientras notaba el anillo de su cuerpo cerrandose y abriendose en torno a mis dedos. Los retiré, una membrana de liquido los atraia aun hacia su centro, en el cuenco de mi mano estaba embalsada su agua, mi mano estaba empapada mientras huía despacio por la esfera de su culo dejando un rastro mojado. Al liberar mi mano, la miramos y sonreimos, certificando la inundacion gustosa y satisfactoria de su riego; Llevó mi dedo a mi boca, lamiendo mi lengua el resto de jugo de su coño, primero un dedo, luego otro, recuperando su olor a hembra, tan parecido y tan distinto al mio. Esa tarde, la primera de muchas, el sabor (de la vagina) de Rosa era fuerte, sin ser ácido, me supo a miel , una miel salvaje y agreste.

Rosa me cogió entonces la mano, poniendo mi dedo en su boca, como pintándose los labios de la boca con sus jugos y mi saliva.

Abrió el bolso con una sonrisa, me enseño sus braguitas. Se levantó para ir al lavabo, una escena que repetiría con y sin invitados, una escena tantas veces conocida y tan excitante siempre. Una marca de humedad, como de sudor teñia el centro de su falta. Le sugeri que pusiese la blusa por encima de la cintura.

De vuelta a casa, me explicaba que nunca, jamás, utilizó ni utilizará aparatos ni dildos ni parecidos en su cuerpo. Que siempre serían nuestras manos, nuestras lenguas, nuestros pechos y la gracia tersa de nuestros pezones, los que satisfarían nuestro celo amoroso.

(2.) Colaboración: El primer Deseo

Tuesday, November 22nd, 2011

Cuando llegué al café, Rosa ya se encontraba en ese rincón de la primera planta que con el tiempo hicimos nuestro. Estabamos solas, sentadas en un divan corrido, delante de un espejo inclinado que nos reflejaba a ambas, dos amigas en confesión.

Rosa, seis años mayor que yo, era, es, una mujer sincera, directa, sin rodeos en preguntas; de igual manera desea respuestas sin rodeos. Me contó que hacía dos años rompió con su amante, una mujer que, después de la ruptura, marchó para la Argentina, concretamente a la ciudad de Viedma en la Patagonia. Desde esta ciudad, Rosa recibió la primera y la única postal de su ex amante. Una postal con una gran panorámica cortada por el río Negro y que era, junto con sus recuerdos y un sujetador olvidado en la lavadora, lo único que conservaba de Muriel. Aquella tarde de un jueves otoñal, en el Café, Rosa, entre tantas cosas que me contó, cosas que supongo irán saliendo a la luz en su momento, dejó muy claro que en cada cruce de nuestras miradas o cuando pensaba en mi en aquellas noches agobiantes del verano recien acabado en nuestra ciudad de playa, o cuando recordaba esos momentos y movimientos al desvestirme o vestirme en el vestuario laboral los días de verano, sentía humedecerse su sexo y entreabrirse sus labios.

Hacía tiempo que Rosa no experimentaba esta sensación, desde que marchó Muriel. Hubo algún que otro momento de intimidad sexual con otras mujeres, pero no se mojaba, le costaba muchísimo, tenía que lubricarse, cosa que le parecía artificial y lo dejaba estar. Le decía a su compañera que lo dejara, que era igual, y, para no desilusionarla, Rosa comenzaba a acariciarla, masturbarla, lamerla hasta que a su compañera le llegaba el orgasmo; entonces ponían un punto y final a esas experiencias que nada le aportaban, si no es una intensa frustración, el pensar si, tal vez, iba a ser incapaz de sentir deseo por otra persona.

Para certificar sus palabras, la confesión de Rosa sobre su deleite al verme o pensar en mí, me susurró que bajara mi mano derecha a sus muslos. Unos muslos blancos, calientes, finos.

Rosa llevaba una blusa blanca bordada en beige, con un cuello alto, Mao, cerrada por la espalda, tensa sobre sus pechos que transparentaba las puntillas de un sujetador que aprisionaba aquellos pechos en los que deseaba perderme. Una falda azul, corta, amplia, que se abrochaba a un lado, y con un corte lateral, a la manera de un jipao cubria unos muslos blancos, calientes, finos

Rosa se inclinó un poco hacía adelante algo ladeada como dándome la espalda, me dijo que introdujera la mano por su cintura hacía abajo.

(continuará)

(y 2.) Colaboración: Laura y María

Friday, May 13th, 2011

Encontré una vulva chiquita, mucho más pequeña que la mía, casi impúber, suave, muy suave, virginal y blanca y mojada como la nieve derritiendose al sol del mediodía.

Mis dedos se deslizaban por su piel, recorriendo sus pliegues, tan parecidos a los mios y al mismo tiempo tan distintos. La sentia como más cerrada, más oculta, más misteriosa que yo. A veces mis dedos salian, y jugaban con sus rizos mojados para volver a buscar el valle entre sus muslos, resbalando hasta encontrar su llave, casi imperceptible al principio, un bultito mas entre sus pliegues.

Quería llegar a su cueva dando muchas, muchas vueltas, lentamente, haciéndola suspirar, haciéndola suplicar, dejando que su cabeza se perdiera en la locura de esa noche desenfrenada.

Mis dos dedos bajaban por su ombligo de nuevo, deseosos de llegar a su llave, notar cómo se hinchaba y cambiaba su color a un fucsia intensísimo, cómo salía de su flor almizclada, como crecia y se expandia, haciendo que abriese las piernas, que su cuerpo fuese al encuentro de mi mano. Mis dedos ya habian hecho presa en su llave, jugando con ella, en pulsaciones, en circulos que se adaptaban a las ondulaciones de su pelvis, haciendo presion hacia ella cuando ella venia hacia mis dedos, aflojando cuando ella se alejaba, amoldandome al ritmo hondo de su cuerpo.

Y allí estaba, cubierto de sirope, chorreando como si fuera una cascada que se precipita en el mar de su cueva blanda, llevando a mis dedos a hundirse profundamente en ella, mientras sus muslos se abrazaban a mi mano, haciendo fuerza para que penetrasen mas en ella, su mano acompañando a la mia, obligandome a entrar mas, a tocarla donde le gustaba mas. Yo sentia en mis dedos los pliegues internos de su cuerpo, el punto mágico sobresaliendo mas que el mio, expandiendose, creciendo, mientras ella se movia mas y mas rapido, inundando mis manos con su miel salada y olorosa.

Moviendose ella, moviendo mi mano al compas de su placer, usandome para lograr su placer, hasta que al fin senti que se desbloqueaba su kundalini, que sus olas eran mas y mas seguidas, que sus gemidos atronaban la luna, que tímida, se escondía tras las nubes oscuras y amenazantes de lluvia, salada.

La besé en su clítoris, casi sin tocarla y alli sentí latir su corazón, por fin, por fin había llegado.

(1.) Colaboración: Laura y María

Tuesday, May 10th, 2011

Pues estoy supercansada, al final ayer quedé con Laura, ¡menos mal, que estaba yo que me salía!.

Fuimos en su coche a cenar fuera y nos tomamos una botellita de vino entre las dos, así que estábamos más que contentillas al salir de allí. En el coche empezamos a hablar de lo de siempre, de que no disfruta porque con él nunca se relaja, así que yo pensando: conmigo sí que te relajarías, no te puedo dejar embarazada.

Así que de vuelta a casa, entre risa y risa, le dije: “¿por qué no paramos el coche aquí, al lado del mar y vemos las vistas? El mar está precioso, con las olas rompiendo en las rocas.”.

Paramos el coche en el parking de un parque, al borde del mar y seguimos hablando de su falta de orgasmos, que con su novio no podia, que le preocupaba que se rompiese el condon, que el se corriese un dia dentro antes ponerselo, que ella iba absolutamente motorizada, y que salia de la cama despues de haber estado con el mucho mas caliente que antes de haberse metido. Que hacía dos días habian pasado la tarde juntos, y que desde entonces se sentía completamente frustrada, y se puso a llorar. Me incline hacia ella, la abracé y al poco la estaba besando en el cuello.

Estaba nerviosa y me dijo: “¿qué haces?”
Le digo: “nada, relájate, no te voy a hacer nada que tú no quieras”

Luego empezó a abrazarme ella a mí, a tocarme los pechos, aunque se paraba de vez en cuando en seco y yo le tomaba sus manos y las volvía a poner encima de mis pechos, encima de la ropa, hasta que empecé a desabrocharme los botones de la blusa sin que se diera cuenta y mientras la abrazaba pegada a ella, y le acariciaba la espalda, conduje sus manos a mis pechos, deslizándolas por debajo del sujetador

Ella ya no decía nada, sólo hacía y yo tampoco le hablaba, sólo la acariciaba, en la espalda, en el cuello y fui bajando hacia sus pechos, hasta que noté cómo respingaba al rozarle los pezones por encima de la ropa.. pero no se apartaba, mas bien se inclinaba hacia mi. Suavemente le pase la mano por debajo de la camiseta, le acune los pechos, mayores y mas pesados que los mios, mientras con el dedo le frotaba el pezón, sintiendo como crecía. Fue ella la que se apartó el sujetador y la camiseta hacia arriba, dejando sus pechos al descubierto. No habia luz ninguna, pero imaginaba sus pezones rosados, como los mios, y le dije: tus pechos son mayores que los mios. – que no!. – que si me puse en frente de ella, pezon con pezon, moviendonos las dos sin poder parar, rozandonos, sintiendonos.

Una de las dos, no se quien, bajó el respaldo, me puse encima de ella, nuestras piernas se entrelazaron, tenia la ropa interior empapada y me empezaba a preguntar si iba a traspasar, pero solo sentia sus pechos en los mios, no podia realmente pensar en nada.

Imagínate la estampa. Los coches de al lado estaban ya con los cristales empañados y los de nuestro coche iban por el camino, su respiración cada vez se hacía más intensa. Yo trataba bajar mis manos por debajo de su ombligo, llegar hasta su “cerecita” pero ella me lo impedia con sus manos. Y el cinturón de sus pantalones no ayudaba. Como puedes suponer yo estaba muy mojada, realmente excitada.

Le bese los pechos, sentí que su cuerpo se arqueaba, y mientras jugaba con las fresas de su pezones ella dejó escapar un suspiro ahogado y su cuerpo se tensó un momento. Yo mientras le desabrochaba el pantalon, alcanzando la cintura de sus braguitas, y continuando mi investigación mas abajo, abriendome camino entre el vello, hasta encontrar

(continuará)

Looking for something?

Use the form below to search the site:

Still not finding what you're looking for? Drop a comment on a post or contact us so we can take care of it!

Visit our friends!

A few highly recommended friends...