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y 7. No nos conocíamos. Galáctico y hasta Florentínico

Saturday, July 4th, 2009

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El se separó de ella con un ruido escatológico. Hace muchos años alguien me comentó que esa era la señal de una buena follada, señal que la vagina había quedado tan dilatada después del orgasmo que debía entrar aire para rellenar el espacio. Es posible.

Pero yo ya no estaba para discusiones y análisis filosóficos, ni para recordar viejas conversaciones, en aquel momento mi nariz se abría paso entre los pliegues del cuerpo de Carmen tras una breve escala en sus tetas (puedo prometer y prometo solemnemente hacerles más caso la próxima vez, pero es que su sexo me encantaba).

Ya estaba en terreno conocido, me gustaba sentir su cuerpo bajo mi cara, acariciarla con la lengua, ensalivarla toda, dulce intercambio liquido.

Repetimos los movimientos, el abrazo después de su placer, los escalofríos que me transmitía su cuerpo, abrazado al mío durante unos minutos, mientras recuperaba el aliento.

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Pero ya mi cuerpo precisaba de su atención, le comenté que me tocaba a mi, y, con una sonrisa, bajó, lentamente, oh, tan lentamente recorriendome con su lengua, hasta llegar al lingam. Sabía que no le daba reparo ninguno el ponérselo en la boca, pero le pregunté si quería que le avisara antes de mi orgasmo.

- no es necesario, ya me daré cuenta.

Y qué explicar que no hayáis sentido los hombres? notaba su boca prensil, sus labios en mi eje, su lengua en todas partes, sus manos reforzando el movimiento en mi lingam, mojado por su saliva.

La mamada es la entrega total, no espera reciprocidad. Es, también, la aceptación completa del cuerpo del otro, porque finalmente, la vagina no tiene sentido del gusto ni del olfato. La vagina es casi un receptáculo pasivo (bueno, para entendernos, y comparado con la boca), en cambio la boca gestiona la presión de los labios, los movimientos son mas exactos, la lengua puede acariciar en el punto preciso.

Y la boca tiene también sus puntos más sensibles, puntos de los que no se habla, pero que son conocidos para determinadas mujeres.

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La boca es la completa aceptación del cuerpo del hombre, la aceptación de sus humores (y eso ya desde antes del orgasmo), de sus sabores, de sus olores. Es una caricia más personal que hacer el amor, es, también, más generosa.

En pocos minutos (o serían segundos?) sentí los ansiados signos, la tensión en el pubis que se irradiaba hacia los dedos de los pies, la necesidad de juntar las piernas (¿habeis observado que hay gente que debe separar las piernas para tener un orgasmo, y otras que deben juntarlas?), la tensión en el interior del cuerpo. No pude evitar que mis manos la buscasen, pero solamente pudieron alcanzar su cabeza. Me aferré a su pelo, mis caderas iban hacia ella, mientras subía la fuerza de la sabia en mi.

Pasé el punto de no retorno, previo al orgasmo. Rogué silenciosamente que no se detuviese entonces, no sé decir, como otros: “no pares, sigue, sigue, más”, la verdad es que soy de pocas palabras en estos momentos. Ella no se detuvo. Continuó con sus movimientos, pasó la mano del lingam al perineo, a toda aquella zona que los hombres consideran poco masculina (¡yo mismo la consideraba así, y me perdí muchos años de orgasmos sensacionales, tardé años en perder la vergüenza anal!), y cuando me rozó con la mano entre las nalgas sentí, en la contracción interna que ilumina, la ya inminente rendición del control de mi cuerpo.
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Noté (porque se nota), durante unas décimas de segundo, la subida del placer, antes de lanzar los espesos glóbulos, galácticos y hasta florentínicos, majestuosos en su vuelo como fuegos de artificio, ya que Carmen se había retirado.

Personalmente no me molesta en absoluto esta retirada si se realiza en el momento preciso, ni muy pronto que el orgasmo se aborta (aunque se retire poco antes y siga con las manos, es diferente), ni tan tarde que le obligue a escupir.

Me gusta tanto que se retire, como vaciarme en su boca y después compartir mi orgasmo con ella en un beso; finalmente,  quedar juntos, sudorosos, mientras mi cuerpo va reposando.

6. No nos conocíamos. Dos Tríos no son seis personas

Friday, July 3rd, 2009

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Estábamos en el tatami, la otra pareja, con la ayuda de Carmen, que le habia puesto a tono a el, había entrado en acción. El tumbado, ella encima, Carmen de apoyo, con la mano en el lingam de él.

Me daba envidia Carmen, el tener la mano entre dos personas que estan follando, pudiendo tocar al uno o a la otra, sentir tanto la fuerza de él como la suavidad de ella, ambos disfrutando de ellos mismos, y probablemente de la situación. Yo debo decir que a mi me lo han hecho, y es una situación extraña y excitante a la vez.  

No se sabe (finalmente, uno tiene sus manos ocupadas en su pareja) si a uno le toca un hombre o una mujer, ni la verdad es que le importe mucho. Si le quedase una neurona disponible podría hacer conjeturas, yo creo que si es una mujer se  centra mas en el lingam porque conoce menos las zonas erogenas de los hombres, y en cambio si es un hombre le gusta mas rozar los alrededores, sabe que los testiculos son dolorosos si se machacan, pero que la piel que los cubre es erogena al ser acariciada. Asi que evita el pellizcarlos, o darles golpes.

Yo los miraba follar, mientras las manos de Carmen pasaban de uno a otro, ahora las tetas de ella, ahora el culo de él. Se centró allí, acariciando, acompañando los movimientos de él, rozando el perineo, buscando la zona mas sensible, hasta que él empezó a moverse con más brusquedad, como queriendo acabar.

Ella le quitó la mano, y dijo: 

- aún no, espera, que acabamos de comenzar.

Se detuvieron por un momento, para que el se recuperara. Cambiaron de posicion algunas veces, colocandose, creo yo, de tal manera que pudiesemos apreciar la accion. Cuando estaban en la posicion del perrito, yo pase la cabeza debajo de los pechos de ella, y le chupaba los pezones, olvidado de otra cosa, hasta que note la boca de Carmen en mi.

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Pero yo estaba en aquel momento colgado de la teta, y no admitia muchas distracciones, seguía chupando y me pareció que gustaba, ya que, entre los golpes que le daba su compañero por detrás (acompañados, me pareció, de algun que otro cachete, y, desde luego, muchas palabras malsonantes), y mi acción, ella se puso a gritar como si la estuviesen matando, hasta caer sobre mi, temblando, su cuerpo mojado de sudor aún vibrando.

Me miró y me dijo: ahora sí, pero que seas tu y no ella.

No lo entendi, hasta que se dio la vuelta, abrió las piernas y me puso la mano en su sexo empapado. El se acercó, yo abrí un poco la mano, no quise retirarla, queria participar en el momento mágico de la penetración, quería sentir en mis manos el tacto fuerte, duro de un lingam entrando en el yoni de una mujer.

Su sexo, húmedo, resbaló entre mis dedos para enterrarse en el cuerpo de ella, con un ruido de succión. Lo noté al pasar, me senti, yo también, un poco protagonista.

Cerré entonces los dedos haciendo un anillo sobre su pene. Sentí la fuerza y la profundidad de sus movimientos, tan distintos a los suaves y ondulantes de las mujeres y al mismo tiempo los labios de ella cerrandose alrededor de mi mano, completamente inundada.

Me fijé que el lo hacia distinto a como lo hacia yo, movimientos más pausados y profundos, tambien con más fuerza (nunca es tarde para aprender me dije), moviendo mas la pelvis, empujando con todo su cuerpo.

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El no queria correrse y por ello trató de apartar mi mano, pero ella…

- deja, deja, que me apetece que acabemos asi, mientras tomaba la mano de Carmen y la ponia tambien en la zona. Lo se porque de pronto me encontré otra mano, que en cierta forma me saludaba.

Evidentemente, es dificil aguantar haciendo el amor, si por un lado hay unos dedos que refuerzan el efecto de los musculos vaginales, y por el otro hay una mano acariciando por detrás.

Sentí en el cambio de su movimiento que el ya estaba deseando acabar, porque centró su movimiento en torno a mis dedos. Se movia rápido, en tensión, distinto del follar relajado de antes, unos pocos milimetros, pero todos ellos centrando la parte mas sensible de su pene en torno a mi mano, aprovechando la fuerza adicional de mis dedos, buscando el punto que yo sabia mas sensible. Ella le motivaba con la voz:

- más fuerte, ya, damelo todo! que eso excite y no distraiga siempre me ha sorprendido, a mi me parece que me daba la risa. Pero a el no, sentía venir su orgasmo en la tension de su cuerpo, en su pene, infinitamente mas duro, hasta que senti las pulsaciones de su orgasmo.

Nunca las habia sentido asi de claras, era como si algo duro se volviese aun mas rigido por unos segundos, y despues otra vez menos, como si algo se tensase y destensase dentro de el.  Me inundo la mano, se emanaba un olor muy especial, erotico, de varon y hembra mezclados. 

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Me lleve la mano a la nariz y el olor de mis dedos se multiplicaba por mil. Cogi la mano de Carmen con la mía y las acerque las dos a nuestras caras, que estaban cerca. Lamió mis dedos, y fue una descarga electrica que entro por mis manos y que se distribuyó por mi cuerpo.

El olor, la situacion, la experiencia vivida hasta entonces exigia pasar entonces a ser el protagonista de mi historia.

link al último de esta serie: galáctico y hasta florentínico

5. No nos conocíamos. Desnudos en Tatami y el Sweet and Sticky Tour

Thursday, July 2nd, 2009

Me gustaba el sexo con Carmen, me gustaban sus movimientos, no me importaba que nos estuviesen mirando, y probablemente a ella tampoco. Ambos estábamos a lo nuestro. Una pareja vino junto a nosotros. Podían haberse acomodado en cualquier otro tatami, incluso de la misma habitación, que estaban vacíos, pero desdoblaron su sabana y se tumbaron a nuestro lado. 

Asi que estábamos los cuatro, cerquita los unos de los otros para no coger frío, aunque cada oveja con su pareja.

Alguna vez se escapaba alguna mano, y cuando bajaba con mi boca de sus pechos a su vientre, podia encontrar unos dedos ocupando el espacio. Ni a Carmen le importaba, ni a mi tampoco. Estabamos allí para eso (bueno, yo, Carmen no se si tanto, aunque, a juzgar por sus suspiros no parecia molestarle).

Yo en cierta forma me reservaba para Carmen, que los hombres (bueno, ninguno de mis amigos lo es, todos, excepto yo, Supermanes) somos limitados, es cierto que en algun momento acariciaba a mi vecina de tatami, aunque eran  solo de juegos de manos. Probablemente hubiesemos podido cambiar de pareja, pero… ¿para qué iba a cambiar, si Carmen me era tan desconocida como la vecina de tatami? y el cuerpo de Carmen me gustaba, me gustaban sus escalofrios postorgásmicos, me gustaba su naturalidad en el placer.
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Asi que al cabo de un rato, cuando la otra pareja ya estaba imbricada en lo suyo, nos fuimos, iba a escribir: nos fuimos a desnudar, pero no, porque ya estabamos desnudos, pero si al vestuario a dejar la ropa.

Cogimos toallas y sabanas, y ahora eramos nosotros los que pasabamos entre las mesas del bar tan solo someramente cubiertos.

Fuimos a otro tatami grande, donde ya habia una pareja, y nos pusimos cerca de ellos. El estaba tumbado, mientras ella se lo comía. A mi es un espectaculo que me gusta, porque asi como en general, en una pareja haciendo el amor, se ve mucho movimiento, pero poco sexo, en lo que hacían se ve muy bien todo, los labios de ella encerrando el cuerpo de el, los movimientos, el cubrir y descubrir el sexo, la humedad de la saliva… Me puse pues a mirarlos con interés (con desfachatez, dirian algunos), la cabeza apoyada en los pechos de Carmen, chupandole los pezones, mientras mi mano se perdía en su sexo. 

La verdad es que el cuerpo de Carmen era muy agradecido, porque respondia, sus suspiros y gritos ahogados (muy ahogados tambien por los gritos de otra chica, en una sala contigua, que estaba teniendo EL orgasmo de su vida, inacabable) me indicaban que iba por el buen camino.

La verdad es que no me tenia que esforzar mucho, la situación, el ambiente, y  su facilidad, todo eso contribuía a que su cuerpo se tensase, sus escalofríos se repitiesen, antes de volver a empezar yo y tener ella otra serie de orgasmos.
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Y mientras la acariciaba iba mirando a la pareja vecina, y la chica me miraba a mi, y me hizo un pequeño gesto como de complicidad, o, mejor dicho, de ¡como nos hemos de ver! Porque lo que ella se llevaba a la boca era mas un pingajo que una verga. Era un trozo de carne más flojo que un plátano maduro. Y, a pesar de su insistencia, ciencia y buena voluntad, no parecia mejorar. Ya le tocaba el las tetas a Carmen, pero ni por esas. Aquella cosa se mostraba poco cooperativa.

No se, debe ser una situación dificil, tener un pingajo en la boca que no se anima más que a medias, decidi echar una manita, dejandole un trocito de Carmen, a ver si tocando una piel extraña se animaba, asi que, abandonando sus pechos, bajé por su vientre.

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Podria decir “me puse a hacerle un cunnilingus”, pero me perdonareis soy incapaz de decir cunilingus o felacion o incluso clitoris sin que me parezcan nombres de enfermedades: pues pillé un cunilingus de aúpa, estuve una semana de baja, pues yo ni te digo, tuve que ir a rehabilitacion por una felacion de codo que me tenia inmovilizado.

Y asi, mientras mi vecina trataba de reanimar la antorcha del soldado desconocido, con la ayuda de las manos mágicas de Carmen, rozando aquella zona tan sensible que los hombres tenemos allí dónde los huevos pierden su nombre, yo estaba reconociendo con la lengua los recodos del sexo de Carmen, oliendo su cuerpo por primera vez. 

Alguna vez alguna amiga, adicta en algun caso a la abominación, por suerte ya en desuso, del desodorante vaginal me ha preguntado si, realmente su olor no era muy fuerte, cómo podía aguantarlo. Y debo decir que no solo lo aguanto bien, si no que me agrada.

Probablemente si lo oliese en unas bragas de una desconocida, me echase para atras (aunque hay quien es fetichista de bragas usadas, y tienen comprado al personal de los hoteles para que se las separen, hay una conspiracion mundial, porque si no, como es posible que tantas mujeres se quejen de haber perdido las bragas?), pero aquí y ahora, navegando a vista en un sexo receptivo, este olor, dulce y suave, este tacto Sweet and Sticky como el Tour de Madonna me tenía en trance.

Si a esto se unen unos labios que acogen a la lengua como parte de si mismos, con vida propia que conduce inevitablemente (¡cómo si alguien quisiese evitarlas!) a zonas aún más acogedoras, más hinchadas, más húmedas. Y al mismo tiempo, y los pequeños saltamontes que lo hayan probado no me dejaran mentir, los labios gruesos acompañan mucho mas nuestra lengua que estos labios finos como un puntero laser.

Son cuerpos que invitan más al merodeo, a detenerse en los valles, a recorrer las colinas con la lengua, a oler cavidades donde se concentra la femineidad.

Los sexos como pistas de esqui apuntan a excursiones rápidas, antes de pasar a palabras mayores, y a la penetracion, donde ya el hombre no se entera de las caracteristicas fisicas del exterior, y apenas de las del interior.

Y mientras, en un respiro necesario, pude apreciar que los esfuerzos conjugados de Carmen y nuestra vecina habian despertado al Bello Durmiente. Nuestra vecina se habia puesto encima de él y Carmen tenia agarrado su lingam para que pudiese penetrarla.

link al siguiente, dos trios no son seis personas

4. No nos conocíamos. En el Tatami, sexos sin GPS

Tuesday, June 30th, 2009

Me parecio que Carmen ya no estaba sorprendida, aunque era para sorprenderse. Yo, aunque cliente casi habitual, nunca me había encontrado en esta situación, cuando salimos, vestidos, del Cuarto Oscuro para entrar en la habitación del otro lado del pasillo, donde está el tatami, él ya esta sentado, apoyado en la pared, pantalones abiertos, con el falo como el asta de la bandera. Y ella ya se ha desnudado completamente. Tetas de pera, cuerpo de escándalo.
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Carmen se sienta junto a el, y le pone la mano en lo que tan obviamente se ofrecía, no podía hacer otra cosa. O huir, como una Santa María Goretti, o sumarse a la acción.

Su compañera, nunca supe como se llamaba, va y me abre la hebilla del cinturón, sin una palabra, sin un cariño, me baja la cremallera, me quita los pantalones, como si fuésemos a destajo. Igual que Carmen no era una Maria Goretti, yo tampoco soy un San Tarscicio, así que me dejo. Mi erección le impide bajar los calzoncillos, lo logra finalmente, sonríe, echa mi ropa en un rincón y empieza a acariciarme.

La verdad es que nunca me habían desnudado en el tatami. Normalmente uno está vestido en el cuarto oscuro (a veces con la ropa hecha un guiñapo, pantalones en los tobillos, bragas de medio lado, pero vestido), y después, cuando ya se ha roto el hielo y han venido las ganas, pasa por el vestuario, deja la ropa y agarra una toalla que se pone (o no), para ir a buscar un lugar acogedor. Los paseos de estas parejas, toallas a veces en la mano como único atuendo, circulando entre las mesas del bar es lo que habia sorprendido a Carmen cuando entró.

Pero ahora la veía ya muy integrada, en un tatami casi en pleno lugar de paso de parejas que iban y venían del cuarto oscuro. Yo, situado entre Carmen y ella, alargo una mano y toco ora una teta frutal, dura como fruta en agraz, ora unos muslos en los que daba gana de hundir la cara y olvidarse de todo; tampoco Carmen me abandona, si no que timidamente se baja sobre mi cuerpo, levanta los ojos, me mira, y pregunta:

- ¿puedo?
- help yourself, you’re welcome.

y mientras me come Carmen por primera vez, yo una mano entre sus muslos, otra entre los de la desconocida, pienso que tengo suerte de estar alli.

- ¿tienes preservativo? insiste ella
- si, pero no me gusta follar en estos lugares, me gusta tocar, me encanta que me toquen, pero follar me parece un ejercicio demasiado intimo

Carmen, igual que ella, reparten el tiempo entre mi verga y la de mi compañero. Ya estoy deshinhibido, y pongo mi mano sobre la de Carmen, con lo cual le toco tambien a él. No parece desagradarle, pero sí a ella, que le pregunta:

- ¿nos vamos a dar otra vuelta?
- si. Tomás se sube los pantalones, ella, toma su ropa de una revolada y se marchan, dejandonos a los dos alli, desnudos en el tatami. Carmen y yo nos miramos, sorprendidos,

- que les pasa a estos?

pero bueno, tampoco estamos mucho rato haciendonos preguntas, estamos alli, ella y yo, desnudos, en un tatami, henchidos de deseo y de sangre. Paso la mano entre sus piernas, y me encanta su sexo.

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Porque hay sexos y sexos. Hay sexos que son una abertura, una raja recta en el cuerpo de la mujer tipo plano constructivo, sección CC’ (clitoris a culo), sexos que mas parecen una cicatriz, en los que no existen referencias tactiles, sexos en que uno no sabe por donde anda, lisos, desreferenciados, sexos que precisan de GPS para ubicarse. Ojo, hablo del sexo en si mismo, la tenedora puede ser una persona encantadora, puede hacer el amor maravillosamente, hablo del aspecto estético visual, y táctil también. Y ahí no se puede hacer nada, si la mujer le ha tocado en el reparto el tener un sexo pequeño, monótono, rectilíneo como una carretera del Plan Badajoz, pues eso es lo que hay. Los dedos recorren estos sexos sin referencia, sin curiosidad, un poco perdidos, ignorando si van hacia adelante o hacia atrás y qué encontraran al final del recorrido. Son sexos lineales, carreteras que llevan del punto A al punto B, son, en resumen, sexos nórdicos. Que pueden ser interesantes, como algunas peliculas, por “determinados conceptos”

Pero insisto, no doy de menos a estas mujeres, pueden ser extraordinarias personas y maravillosas amantes, solo que, igual que hay personas que tienen una nariz pequeña, o unos dedos largos, pues las hay que tienen un sexo aburrido.

Otrosi, bien formado, que invita al recorrido

Otrosi, bien formado, que invita al recorrido. Asi es el de Carmen

Y hay otras mujeres que tienen sexos acogedores, con sus hitos miliares, sus localizaciones, sus labios prensiles que abrazan el dedo en la mas suave de las caricias, labios que conducen, casi con movimientos de reptil, hacia donde se unen en un abrazo encantador, labios que con un aplauso mojado nos llevan hacia la entrada en el cuerpo de la mujer, labios verdaderos, hinchados de sangre y savia. Asi son los labios, así es el sexo de Carmen, que recorrían mis dedos por primera vez, invitador, agradecido y, sobre todo, en ese momento, mojado.

No echamos de menos a la pareja extraña. Una mano entre los muslos de Carmen, mi boca en sus tetas, ella se deja hacer. Le pido que abra las piernas, me prosterno entre ellas, me bajo sobre su cuerpo. Objetivamente, la postura es un poco obscena, yo, arrodillado ante ella, el culo en pompa, una ereccion de caballo, comiendomela, mientras ella, incapaz de estarse inmovil ondula su cintura hacia mi boca.

Este es el momento que eligen dos o tres parejas para darse una vuelta por el local, y se quedan alli, completamente vestidas, de pie, mirando el cuadro vivo. Soy vagamente consciente que se acercan, pero me es igual. Aún así le pregunto a Carmen:

- vamos a un reservado?
- para qué ¿te molestan?
- no mucho
- a mi tampoco mucho, sigue

y seguimos.

Link al sweet and sticky tour

nota del autor: la verdad es que me ha divertido eso del estudio estético, que no funcional, de los sexos de las mujeres, probablemente escriba un post ampliandolo. Mientras, lectores y lectoras estan cordialmente invitados a dejar su opinion…

3. No nos conocíamos. El cuarto oscuro y la verga de Tomás

Monday, June 29th, 2009

El brazo que estaba entre nosotros dos, la mano que tocaba las tetas de Carmen era de una mujer, lo note en la suavidad de la piel, en la falta de vello, pero sobre todo porque lo segui hacia arriba, y alcancé yo también, una teta.
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Una teta dura, cubierta por un sujetador con relleno. Una mano quitó la mía y la guió hacia abajo. Me gustó la idea, gente que tenia las ideas claras. Solo que en lugar de ponerla donde yo esperaba, entre sus piernas, me la pone en la verga, desnuda y erecta, de su compañero!

Era gruesa, hay que decirlo, pero sobre todo, estaba dura. Me considero heterosexual, lo cual no impide que en algun momento me divierta recorrer caminos conocidos, descubrir diferencias en las similitudes, pensar que conozco perfectamente lo que está sintiendo en aquel momento la persona a quien estoy tocando.

No sé qué siente una mujer cuando la toco, no imagino lo que es llegar a un orgasmo por succion en las tetas sin contacto entre las piernas, en cambio no me cuesta nada imaginar qué estará sintiendo el propietario de lo que tengo este momento en la mano. Solo que si no le hago ascos a tener una verga en la mano, una vez inspirados, metidos en harina, sea en un trio, sea en una “partie carrée” como llaman los franceses a las parejas cruzadas, asi de entrada… lo solté, mi mano buscó el cuerpo de la chica.

Y sobre todo, me dediqué a Carmen, no quería que pensase que la había traído para que me dejasen pasar, pero es que además me apetecía. Había venido con ella, me parecía agradable su conversación, bonito su cuerpo, no ganaba nada dedicándome a la otra, quien, por otra parte, se ocupaba activamente de nosotros.

Recorrí su cuerpo, prometedor, de Carmen, olí el perfume de su cuello, y acerqué mis labios a su codo. Noté que mis labios ponían sus pelos de punta, e imaginé sus pezones igual, bajo el vestido. Pero llevaba un vestido cerrado y no una blusa, resultaba dificil alcanzarlos. Aún así, a través de la ropa, pude palpar sus pechos, rozarlos. Su cuerpo se acercó más al mío. Pero otras manos seguían en mi cuerpo, notaba unas manos inquisidoras entre nosotros dos, que nos tocaban alternativamente, ahora a ella, ahora a mi. Notaba ya la agradable molestia de una ropa interior ceñida.

Echangisme

Cuando me tuvo en condiciones (todo esto sucedia en el cuarto oscuro, no sabiamos muy bien que hacia el otro), me abrio el cinturon, y sacó mi masculinidad. Noté otra mano que me tocaba, y no era la de ella. Podia ser de Carmen.

O no.

Seguimos ya todos apelotonados, en un mar de brazos, manos, caricias…
- ¿llevas preservativos?, me susurra ella
- pues si, pero no suelo usarlos

la verdad es que no me gusta follar con desconocidas

y menos, con desconocidos :)

- salimos y vamos a un tatami?
- Carmen, te apetece?
- si, vamos

Continuará

2. No nos conocíamos

Saturday, June 27th, 2009

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Yo había estado varias veces en aquel club, conocía bien sus entresijos y recovecos, su barra de bar rodeada de hombres solos, sus televisiones colgando del techo con imagenes de felaciones y pajas cubanas. Noté una aceleración en las palabras de Carmen, que me hablaba de no se qué, creí que me iba a pedir que saliesemos de allí. La llevé a la zona de parejas, más tranquila, musica suave, poca luz, un bar normal, si no fuese porque las bebidas se servian en vasos de plástico (conveniente, si la gente pasea descalza), o, de pronto pasaba una pareja desnuda entre las mesas, con una toalla en la mano, camino del jacuzzi.

Resulta un poco chocante, pero me pareció que a Carmen le interesaba la situación.

La dejé que se tranquilizase, hablando de mi experiencia en este lugar. No quería pasar por un cliente habitual (dificil, cuando me saludaron los camareros con un apreton de manos y las relaciones públicas con un beso en la mejilla, ¡ cuánto tiempo sin verte !) pero tampoco por un neófito.

Le pregunté
- ¿quieres dar una vuelta?
- me divertiría, pero, ¿no me tocará nadie?
- no te preocupes

Y nos dimos una vuelta por el club, en uno de los tatamis, ya separado del bar, había una pareja, descansando después de follar. Estaban desnudos, tumbados encima de una sábana, hablando como si estuviesen en la playa, o en la cama de su casa. Pero, al mismo tiempo, sus cuerpos mostraban las inconfundibles marcas del placer. Carmen los miró mientras pasábamos junto a ellos, y no dijo nada.

Y nos dimos una vuelta, vimos el pasillo francés, vacío y le expliqué como funcionaba, una mampara con agujeros, unos para ver, otros a altura de los brazos, otros a altura del sexo, de un lado el pasillo que daba a la zona de solo hombres, del otro como una alcoba que daba a la zona de parejas. La chica se apoyaba de espaldas o de cara a la mampara y los chicos pasaban las manos o el sexo, y ella se acercaba a ellos, se dejaba tocar, o los masturbaba, o se mantenía donde ellos la pudiesen ver, pero no la pudiesen alcanzar, mientras su pareja la magreaba.

Club de intercambio de parejas

Club de intercambio de parejas

Vimos también el jacuzzi, donde habia dos chicas solas en el agua, jugando entre ellas, mientras sus parejas, fuera del agua, las miraban. Carmen comentó que a saber lo que habia en aquel agua, y que no se metería allí aunque viniese de una travesía del desierto del Sáhara. Y yo pensé que ya se planteaba la situación.

Y fuimos a ver el cuarto oscuro, que estaba lleno.
- ¿Entramos? pregunté
- entremos, pero ¿qué se supone que tenemos que hacer?
- bailamos tu y yo, en un rincon, tu te quedas junto a la pared, y si notas alguna mano, y no quieres que te toque, la quitas. Pero no estaría bien que le dieses una bofetada.
- ¿pero me puede tocar sin que yo le invite ni le mire, ni le diga nada?
- esa es la gracia, aqui nadie pregunta “¿puedo?. Pasan la mano, si no la apartan es que la mano es bienvenida, pero no te preocupes, que si tu estás en un rincón, nadie nos dirá nada.

Y nos pusimos a bailar, me acerqué a ella, no me rechazó, notaba su cuerpo pegado al mío, sus tetas duras apoyandose en mi pecho, el perfume de su pelo. No hablábamos, estabamos allí, bien, tranquilos, aislados del mundo. Sin darnos mucha cuenta fuimos saliendo del rincón. En eso noté en ella una tensión, y una mano que recorría su espalda tropezó con la mía. La miré, me miró, le pregunté:

- ¿volvemos al rincon?
- por ahora no, si me molesta, te lo digo.

al cabo de un par de minutos las manos ya eran más, otras estaban pasando entre nosotros dos. Segui con mis manos uno de los brazos, por la suavidad supe que era una mujer la que estaba alcanzando los pechos de Carmen.

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1. No nos conocíamos

Friday, June 26th, 2009

No nos conocíamos.
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Habíamos entrecruzado correos, tampoco tantos, dos o tres. Los suficientes para saber que podía existir afinidad. Pero no nos habíamos visto, no habíamos siquiera hablado por teléfono cuando ambos sentimos la necesidad de una cita a ciegas delante de las barcas en el Retiro. O junto al Angel Caído, premonitorio de muchas caídas.

Pero el Retiro no era una buena idea, en el Madrid sofocante del verano. Asi que quedamos para tomar algo y conocernos.

Claro que el “conocernos” tenía sin duda – al menos, en el fondo de mi pensamiento – el sentido antiguo, Genesis 4:1 “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín” lo cual tampoco no era mal principio.

Y así estabamos, ambos un poco cohibidos, delante de una empanada de bacalao.

En silencio.

Yo estaba desesperado, a punto de lanzarme a la piscina con una pregunta y una duda. La pregunta era “chati, estudias o trabajas?” y la duda, si no debia sustituirlo por su versión actualizada: “chati, mileurista o parada?”.

rosado

Por suerte, llegó el vino, rosado, fresquito, lo cual me permitió explayarme en lo que conocia bien, en mi trabajo como representante de vinos, sobre las diferencias entre los varietales y los “terroirs” y la conspiración sajona contra la industria vinicola europea, que como sabemos, es latina. Esta conspiración siniestra consiste en fomentar la costumbre del varietal (para entendernos, vinos de cepa unica, por ejemplo “Pinot Noir”) lo cual permite industrializar la producción y ajustarla a la demanda por la via de plantar mas cepas vs. la opción europea, que prima el terroir (por ejemplo, Bourgogne), y que por lo tanto es de producción fija. Mi cita a ciegas bostezaba ostensiblemente.

La noche se iba a hacer larga.

Atacamos la croqueta, que se defendía con un corazón helado.

Pienso que habia que hacer un golpe de efecto, o a las diez y media, cada mochuelo estaría en su olivo, y también que de perdidos al rio, y le suelto: mira, no nos conocemos, sospecho que mi trabajo tampoco te interesa especialmente, y estamos aqui, hablando por no estar callados. Te propongo, si te divierte, si te interesa, si no te va a chocar, ir a un club que yo conozco, a tomar alli una copa. La singularidad del local es que es de intercambio de parejas, pero no te preocupes, que no te intercambio, ni te toco. Vamos alli, seguimos hablando, y si se nos acaba el tema de conversacion nos damos una vuelta por la sala y vemos un rato lo que la gente esta haciendo.

- ¡Oye! ¿quien te has creido que soy?.

- No, si decia, pero no ha sido una buena idea

- dices que no me tocarás ¿hay algun motivo?

estaba la velada complicandose por momentos. Las mujeres tienen la inmensa virtud de transformar cualquier caña no ya en una lanza, si no en una ametralladora Thomson.

Farfullé algo

- bueno, vale, vamos, pero solo a ver, ¿de acuerdo?

link al capitulo siguiente

5a. En el cuarto oscuro. El

Tuesday, June 16th, 2009

Pues así es como habían quedado las cosas…

os recuerdo que habla la protagonista, que ha ido a un club de intercambio con su pareja, Luis quien ha encontrado a otra, y se ha ido a un rincón, y ella ha encontrado a un maromo, y quiere que la vea su novio.

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Y asi terminaba el capitulo anterior:

El desconocido ya no jugaba con el cuerpo de ella, y ella solo estaba pendiente de él, sentía sus pechos duros, su sexo mojado como si tuviese una regla intempestiva, pero no quería más, quería finalmente brindar el placer que le estaban demandando, sentir el cuerpo de él arquearse, vaciándose en sus manos.

Pero quería que Luis asistiese a este momento.

Sin distraerse

Su novio seguía tumbado, con la chica sentada encima. Ambos tenían la mirada extraviada. Iba a resultar dificil distraerle, en general los hombres solo piensan en una cosa a la vez, excepto cuando están follando, que entonces, en ninguna.
androginas2
Se acercó a la chica, adelantando su cuerpo hasta casi meterle el pezón en la boca, que ella no pudo por menos que besar cuando se lo encontró delante. No le desagradó el tacto de la lengua un poco rasposa de ella. Se acercó un poco más con un suspiro, mientras con la mano le envolvía el pecho, mucho mas pequeño que el suyo, y por lo mismo, excitante, era un pecho andrógino, casi adolescente. Su compañero también se había acercado para verlas jugar a ellas dos, verlas acariciarse, una fantasia recurrente en los hombres.

Juntaron sus cuerpos, se tocaron los pezones, ella se incorporó un poco, y la otra la siguió, se separó de su novio con un ruido húmedo y sugerente, estaban ya de pie las dos.

y ya en este momento había logrado la atención de Luis…

tomó la mano de ella, y la llevó al cuerpo de su compañero, mientras su novio se medio incorporaba, ya despierto, para ver el resto de la acción. Mientras le acariciaba el pecho, ella fue directamente a la verga del desconocido, sorprendida de que estuviese aún fuerte y disponible.

Echáte, que necesito follarte, dijo él.
No lo harás, pero no te preocupes, que no te dejaré así, sientate aqui, junto a mi novio.

Miraba Luis con una enorme curiosidad lo que estaban haciendo, y parecía gustarle, tal vez con la esperanza de que él fuese el siguiente

Ella tenía aprisionado el lingam del desconocido, y practicaba el movimiento eterno, que el trataba de reforzar, moviendo su pelvis al encuentro de la mano de ella.

Las manos de la otra estaban llegando donde las suyas, pero ella no iba a soltar el trofeo. Aceleró la cadencia, mirando ora lo que estaba haciendo, los movimientos de sus manos en la verga del desconocido, ya morada, ora a Luis, que estaba hipnotizado por el movimiento de las manos, que dejaban ver y ocultaban inmediatamente el sexo mojado del otro.

El movimiento de la pelvis era cada vez más rápido, ella no conocía los reflejos de aquel cuerpo, no sabía si en aquellas condiciones podría estar mucho rato, porque ya se le estaba cansando la muñeca. Pero quería ser ella quien obtuviese como trofeo el placer del otro, no queria que la otra se lo arrebatase.

Apoyó la otra mano en un punto que ella conocía, e inmediatamente reconoció en los espasmos, en la tensión de las piernas, en el arqueo de la cintura, en los suspiros, que había dado en la diana, sintió el liquido caliente y viscoso resbalarle por la mano en una sensación que no le desagradaba nunca, las piernas cerrarse en torno a su otra mano, la que aún tenía en aquel lugar secreto, en un segundo apreció la fiesta del sexo, reconoció el olor tan especial del placer del hombre, tan desagradable a veces, tan excitante otras. Esta vez tocaba excitante, pero no solo para ella, también para Luis, que no perdía detalle del cuerpo del otro, aun bañado en sudor, del semen del otro, que aun goteaba de su sexo, que aún formaba cordones que decoraban su mano

continuará.

4b. En el cuarto oscuro. Ella

Thursday, June 11th, 2009

Se retiró de los muslos de ella en un santiamen, notaba los dedos pegajosos. Miró, inquieta, su mano, temiendo verla ensangrentada como en una pelicula de horror. Y no, sus dedos brillaban a la tenue luz del cuarto oscuro, algun hilillo incluso llegaba a unirlos, pero era transparente. Lo acercó a su nariz, lo olió, profundo olor a hembra

Que no le desagradó

Volvió al cuerpo de ella, buscando caminos conocidos, los que ella misma recorría en su cuerpo por las mañanas, cuando no le apetecía hacer el amor con su novio, o, simplemente, le apetecía. Se extraño de que fuese tan distinto al suyo, mas carnoso, la piel mas gruesa, pero sobre todo le sorprendió que fuese un charco, más que eso, un estanque, un lago.
sexo mujer
Ella no recordaba haber estado tan mojada nunca. Pero tal vez era la sorpresa.

Buscó entre sus labios, hasta encontrar, arriba, la zona más sensible. Su compañera le dijo: suave, lento. No era como lo hacía ella, un frenesí eléctrico que la llevaba al orgasmo en unos pocos minutos. Sintió que alguien más la tocaba, y su compañera la apartó, le dijo: vamos donde estemos mas tranquilas.

Fueron hacia el rincon donde estaba su novio, tumbado en una especie de tatami, con una chica sentada encima de él, en la postura que a ella le gustaba tanto y que a él no, decía que le dolía, que le forzaba la pija en un angulo extraño. Parecia que la chica que lo cabalgaba debia tener una anatomia distinta, porque el no parecia estar incomodo.
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Su compañera se acostó cerca de su novio, dejando los pies en el suelo, abriendo las piernas. Volvió al mismo punto, entre sus piernas, ahora más accesible, inquieta por estar disfrutando el dar placer a una mujer, excitada tambien por la situación, ella, otra, su novio follando al lado…

Se arrodilló y metió la cara entre los muslos de la desconocida. Notó todos los olores del cuerpo, sintió un fluir en el suyo, pero no se decidió. Le pareció que con la boca no iba a reconocer nada, iba a ser una experiencia demasiado nueva, y tanta humedad le daba reparo, debia involucrarse mucho.

Le apetecia tocar a la desconocida como se acariciaba ella, con los dedos suavemente primero, y casi sacudiendo despues el capuchon sagrado, mientras sus piernas se cerraban involuntariamente, y un fuego salia de su vientre inundandola toda.

Pero la desconocida no quería eso, tomo suavemente la mano de ella y la bajó, hasta ponerla en la entrada de su cuerpo. Un poco perdida, estuvo alli, sin saber que hacer, hasta que la desconocida subió un poco las caderas, con lo cual un dedo se introdujo en el cuerpo de ella.

Eso no lo habia hecho nunca. Si que claro, se habia puesto tampones, y había hecho el amor con hombres, así que conocía perfectamente la sensación que en aquel momento estaba notando la desconocida, pero esto era el otro lado del espejo, el ser ella la que entraba en el cuerpo. Le sorprendió el anillo que aprisionaba su dedo, y también el espacio interior. No se lo imaginaba así en absoluto, siempre había creído que era como una funda. Y no, no era eso en absoluto, su dedo podía moverse libremente, estar incluso sin tocar ninguna pared.

El espacio era tan grande que metió otro dedo, y las caderas empezaron a ondular, acompañando sus movimientos. Instintivamente se movia adelante y atrás, como si fuese un pene, y la desconocida le dijo: no, asi no, tocame arriba.

- arriba?

- si, arriba, mira, te indico. Y le cogió la mano, y le guió el dedo hasta una zona que, aparentemente, no tenia nada especial.

- Ahí, fuerte con dos dedos, le dijo mientras le enseñaba, eran simplemente presiones ritmicas, sin moverse apenas. Ah, y pon la otra mano, aquí, acompañandola hasta su pubis. Apoya esta mano fuerte, como si quisieses tocar tus dedos a través de mi cuerpo.
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No entendía nada, pero eso hizo. Empezó a acariciar con dos dedos esta zona, aparentemente anodina, y con la otra mano hacia presión en el cuerpo de ella, que se empezó a mover, a ondular, a suspirar. Se le cerraban y abrían las piernas. Cuando se le cerraban casi le hacia daño, todo el cuerpo estaba en tensión. Se puso a gritar, sigue, no pares (no pensaba hacerlo, sabía que el placer estaba cerca), y en eso, abrió las piernas, gritó, en un orgasmo interminable, mientras su cuerpo empapaba el colchon debajo de ella.

Sus piernas aprisionaron sus manos: quedate quieta, dejame dos minutos, que ahora te tocará a ti.

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4a. En el cuarto oscuro. El

Wednesday, June 10th, 2009

El era, en aquel momento, una ropa que ella estaba bajando, y que medio tropezaba con la desnudez, ahora si, erguida, del desconocido, mientras su pareja se daba el lote en el rincón más alejado del cuarto.

Ella no quería tampoco que esa experiencia de club de intercambio, que a ella no le había interesado nunca, a la que había accedido por expreso deseo de su novio, finalmente quedase en algo casi vergonzoso, que cada uno iba a ocultar en el fondo de su memoria, como un secreto inconfesable más de los que no se iba a hablar nunca, hasta el día en que, uno de los dos, enfadado con el otro, lo sacase:
“- te acuerdas del día en que estuvimos en el club aquel, y que te escondiste en el rincón para comerle el coño a aquella rubia de bote? seguro que ya te la habías acostado antes con ella…” o cualquier lindeza por el estilo.

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Ella quería por el contrario un juego abierto, conjunto, de todos con todos; si su compañero quería compartirla – ¿o sería que quería follar con otra, y si el peaje a pagar era que alguien se tirase a su mujer, pues que lo hiciese? -, hacerlo bien, y que la viese. No había querido venir a este club? pues adelante con los faroles.

Asi que se lo llevó al desconocido junto a su pareja, en aquel momento sentado en un cojin bajo, mientras la chica de las tetas pequeñas estaba sentada encima de él, dando la espalda a la pista. Su compañero parecía estar en la gloria, y le sonrió cuando la vio llegar, contenta que ella también hubiese decidido participar en el juego

Empezó a acariciar al desconocido debajo de la ropa, palpando su carne, excitándolo hasta que le pareció que era el momento de lucirlo. Le bajó al mismo tiempo los pantalones y la ropa interior que él se quitó, junto con los calcetines. Ella se lo agradeció.

Los dedos de él se perdieron en su vello púbico, las manos de ella agarraron su desnudez erguida, mirando desafiante a su pareja, que de pronto pareció desinteresarse de la rubia acoplada a su cuerpo.

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Ella le guiño el ojo, el no contestó, ojos clavados en la desnudez del desconocido, en las manos de ella subiendo y bajando, mostrando, demostrándole a él lo que podía hacer en el cuerpo de otro, lo que sabía hacer.

Ella no sabía prever sus movimientos, no sabía cuán cerca estaba del orgasmo, tampoco quería que la tocara, estaba demasiado interesada en lo que estaba haciendo, en que su pareja lo viese bien, no podía tolerar distracciones, así que delicadamente le cogió las manos, y las puso sobre sus pechos.

Se concentró en el movimiento de sus manos, sintiendo la diferencia, la que acariciaba en aquel momento algo más gruesa, pero, sobre todo, más “morbida”, más liquida, más móvil, la piel tenía más recorrido, probablemente porque el desconocido no había sido operado cuando joven, y le quedada esa piel que descubría por momentos una cabeza morada y mojada, a punto de estallar.

A punto de estallar es como estaba su novio, pero de otra manera, olvidado ya de la rubia que aún le tenía aprisionado, pendiente solo de las manos de ella, del cuerpo de ella. Ella estaba excitada ahora por la nueva piel, por la capacidad de entregar o negar placer, pero solo con sus manos, sin que su cuerpo estuviese involucrado. Su cuerpo intocado, sus manos en cambio acariciando la verga del hombre, que avanzaba su pubis a cada movimiento de las manos.

El desconocido ya no jugaba con el cuerpo de ella, y ella solo estaba pendiente de él, sentía sus pechos duros, su sexo mojado como si tuviese una regla intempestiva, pero no quería más, quería finalmente brindar el placer que le estaban demandando, sentir el cuerpo de él arquearse, vaciándose en sus manos.

Pero quería que su novio asistiese a este momento.

Sin distraerse

 

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