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	<title>www.lospecesdecolores.com &#187; deseo</title>
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	<description>El erotómano escéptico y los PCs de colores</description>
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		<title>(2.) La Seducción del Deseo. Desarrollo</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Dec 2009 03:24:32 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Llegamos al hotel. Nuevamente lo habia pedido con dos camas, en habitaciones separadas, pero contiguas, como eran las condiciones pactadas con Maria. Fuimos a cenar. Era en Francia, como la otra vez. Después de cenar, en el coche, de regreso al hotel, le dije, como un comentario sin más importancia, que alguna amiga mi consideraba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llegamos al hotel. Nuevamente lo habia pedido con dos camas, en habitaciones separadas, pero contiguas, como eran las condiciones pactadas con Maria.</p>
<p>Fuimos a cenar. Era en Francia, como la otra vez.<br />
<a href="http://lospecesdecolores.com/2009/12/20/2-la-seduccion-del-deseo-desarrollo/carcassonne-vignes/" rel="attachment wp-att-2468"><img src="http://lospecesdecolores.com/wp-content/uploads/2009/12/carcassonne-vignes-300x171.jpg" alt="carcassonne-vignes" title="carcassonne-vignes" width="300" height="171" class="alignright size-medium wp-image-2468" /></a></p>
<p>Después de cenar, en el coche, de regreso al hotel, le dije, como un comentario sin más importancia, que alguna amiga mi consideraba perverso nuestro juego, de amagar y no consumar. Y se echó a llorar. Me sentí inerme, desvalido, incapaz de reaccionar, la tome en mis brazos, le acaricié el pelo, la consolé como pude&#8230; y me dijo que a veces es lo mismo que pensaba ella</p>
<p>- toma, y yo! le dije. Pero es un pacto aceptado, no me molesta el deseo, es mas, me gusta. Me gusta sentir el deseo en mi cuerpo, no es necesario apagarlo. El deseo puede ser, en determinados casos, un fin en si mismo, mantiene una tensión sexual que si no, desaparece.</p>
<p>No creo que lo entendiese muy bien. Ni, probablemente, yo tampoco.</p>
<p>Llegamos al hotel. Habia reservado dos habitaciones contiguas y dos camas. Le regalé un pijama, le dije que dormiríamos en la misma cama. Le pareció bien. Senti que lo decía de corazón. </p>
<p>Nos fuimos a la cama. Mientras ella se ponía el pijama, yo me quedé dormido.</p>
<p>Le dije algo entre sueños&#8230;</p>
<p>Al cabo de dos horas me desperté, mi cuerpo pegado al suyo, mi mano en su cintura, mi deseo clavado en mi cuerpo y en su espalda&#8230;<br />
<a href="http://lospecesdecolores.com/2009/12/20/2-la-seduccion-del-deseo-desarrollo/img_0054/" rel="attachment wp-att-2471"><img src="http://lospecesdecolores.com/wp-content/uploads/2009/12/IMG_0054-300x225.jpg" alt="slip y ereccion" title="slip y ereccion" width="300" height="225" class="alignleft size-medium wp-image-2471" /></a><br />
Estaba incómodo? no, me parecía que mi cuerpo le mostraba su afecto y su deseo. Lo estaría ella? lo habíamos hablado ya, de hecho ella ha sido la inspiradora de los últimos posts&#8230; le había explicado que una erección era un homenaje de mi cuerpo hacia ella. Algo que no podía controlar, y que no esperaba que ella hiciese nada para remediarlo.</p>
<p>Estaba claro para ambos, y es por ello que me atrevi (y ella me dejó) acercarme para dormir abrazados. A pesar de mi erección, que más que interponerse, nos acompañaba a los dos.</p>
<p>Y pasamos la noche así. Yo me desperté algunas veces, ella se despertó otras. Alguna vez se colocó en sueños de tal manera que me era muy dificil, prácticamente imposible evitar el tocar sus pechos. Pero no se trataba de esto, al menos no asi. </p>
<p>Por la mañana, ya mas despiertos, le acaricié el cabello, el cuerpo, le hice un masaje en la espalda que acabó con un abrazo muy cariñoso y sin camisa del pijama.</p>
<p>Y aún entre sueños, le acaricié el cuerpo, los pechos, el cuello, la cabeza, la espalda. Mientras sentía mi erección haciendo fuerza contra mi cuerpo y contra el suyo. Era una situación extraña. Los dos conscientes de mi excitación, los dos, ella y yo, cómodos con ella, yo sabiendo que en cuanto me levantase de la cama se me iba a pasar, ella&#8230; no sé lo que pensaba ella, no hablamos de ello.</p>
<p>Podría pensarse que era una situación extraña. Una mujer, semidesnuda, dejándose acariciar por un amigo, sabiendo ambos que la situación no llegará más allá. Que lo que suele ser los preliminares se quedaran en eso&#8230; Situación de adolescentes. Solo que los adolescentes pueden perder los papeles, y aqui sabiamos ambos que ni ella ni yo los ibamos a perder.</p>
<p>Y alli estaba yo, sentado en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero de la cama, las piernas abiertas, y el cuerpo de Maria, tambien sentado, apoyado en todo mi pubis, mientras le acariciaba la espalda&#8230; y un unico comentario por parte de ella: &#8220;que es eso duro que siento?&#8221;. <img src='http://lospecesdecolores.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>Y ambos estábamos bien, ambos sabíamos que no ibamos a llegar mas lejos.</p>
<p>Por que, os preguntareis? dos amigos no duermen en la misma cama. Y si duermen porque se dan las circunstancias (no porque se buscan especialmente, como las habiamos buscado nosotros), se mantienen a distancia. No se acarician el cuello, el pelo, las tetas&#8230; porque si lo hacen se pasa la barrera invisible de la intimidad.</p>
<p>Barrera que yo necesitaba traspasar, y Maria lo había entendido así.</p>
<p>Y por eso estoy a gusto con ella.</p>
<p>Y por eso repetiremos.</p>
<p>Y por eso yo continuaré sintiendo mi cuerpo erecto apoyado en el suyo, y estando a gusto, seducido por el deseo del cuerpo de ella.</p>
<p>Y por eso, porque ella sabe que yo lo preciso, y tal vez porque a ella  tambien  le gusta sentir mi deseo, volveremos a ir de viaje, volvere(mos) a calentarnos, volvere(mos) a sentir la urgencia del deseo, sin la necesidad de su terminación.</p>
<p>El deseo es el fin en si mismo.</p>
<p>O al menos, eso creia yo&#8230;</p>
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		<title>4a. En el cuarto oscuro. El</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Jun 2009 10:49:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos y Fantasias]]></category>
		<category><![CDATA[cuarto oscuro]]></category>
		<category><![CDATA[deseo]]></category>

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		<description><![CDATA[El era, en aquel momento, una ropa que ella estaba bajando, y que medio tropezaba con la desnudez, ahora si, erguida, del desconocido, mientras su pareja se daba el lote en el rincón más alejado del cuarto. Ella no quería tampoco que esa experiencia de club de intercambio, que a ella no le había interesado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El era, en aquel momento, una ropa que ella estaba bajando, y que medio tropezaba con la desnudez, ahora si, erguida, del desconocido, mientras su pareja se daba el lote en el rincón más alejado del cuarto.</p>
<p>Ella no quería tampoco que esa experiencia de club de intercambio, que a ella no le había interesado nunca, a la que había accedido por expreso deseo de su novio, finalmente quedase en algo casi vergonzoso, que cada uno iba a ocultar en el fondo de su memoria, como un secreto inconfesable más de los que no se iba a hablar nunca, hasta el día en que, uno de los dos, enfadado con el otro, lo sacase:<br />
&#8220;- te acuerdas del día en que estuvimos en el club aquel, y que te escondiste en el rincón para comerle el coño a aquella rubia de bote? seguro que ya te la habías acostado antes con ella&#8230;&#8221; o cualquier lindeza por el estilo.</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-930" title="cuarto-oscuro-pantalon" src="http://lospecesdecolores.com/wp-content/uploads/2009/06/cuarto-oscuro-pantalon-220x300.jpg" alt="cuarto-oscuro-pantalon" width="220" height="300" /></p>
<p>Ella quería por el contrario un juego abierto, conjunto, de todos con todos; si su compañero quería compartirla &#8211; ¿o sería que quería follar con otra, y si el peaje a pagar era que alguien se tirase a su mujer, pues que lo hiciese? -, hacerlo bien, y que la viese. No había querido venir a este club? pues adelante con los faroles.</p>
<p>Asi que se lo llevó al desconocido junto a su pareja,  en aquel momento sentado en un cojin bajo, mientras la chica de las tetas pequeñas estaba sentada encima de él, dando la espalda a la pista. Su compañero parecía estar en la gloria, y le sonrió cuando la vio llegar, contenta que ella también hubiese decidido participar en el juego</p>
<p>Empezó a acariciar al desconocido debajo de la ropa, palpando su carne, excitándolo hasta que le pareció que era el momento de lucirlo. Le bajó al mismo tiempo los pantalones y la ropa interior que él se quitó, junto con los calcetines. Ella se lo agradeció.</p>
<p>Los dedos de él se perdieron en su vello púbico, las manos de ella agarraron su desnudez erguida, mirando desafiante a su pareja, que de pronto pareció desinteresarse de la rubia acoplada a su cuerpo.</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-929" title="cuartoscuro" src="http://lospecesdecolores.com/wp-content/uploads/2009/06/cuartoscuro-224x300.jpg" alt="cuartoscuro" width="224" height="300" /></p>
<p>Ella le guiño el ojo, el no contestó, ojos clavados en la desnudez del desconocido, en las manos de ella subiendo y bajando, mostrando, demostrándole a él lo que podía hacer en el cuerpo de otro, lo que sabía hacer.</p>
<p>Ella no sabía prever sus movimientos, no sabía cuán cerca estaba del orgasmo, tampoco quería que la tocara, estaba demasiado interesada en lo que estaba haciendo, en que su pareja lo viese bien, no podía tolerar distracciones, así que delicadamente le cogió las manos, y las puso sobre sus pechos.</p>
<p>Se concentró en el movimiento de sus manos, sintiendo la diferencia, la que acariciaba en aquel momento algo más gruesa, pero, sobre todo, más &#8220;morbida&#8221;, más liquida, más móvil, la piel tenía más recorrido, probablemente porque el desconocido no había sido operado cuando joven, y le quedada esa piel que descubría por momentos una cabeza morada y mojada, a punto de estallar.</p>
<p>A punto de estallar es como estaba su novio, pero de otra manera, olvidado ya de la rubia que aún le tenía aprisionado, pendiente solo de las manos de ella, del cuerpo de ella. Ella estaba excitada ahora por la nueva piel, por la capacidad de entregar o negar placer, pero solo con sus manos, sin que su cuerpo estuviese involucrado. Su cuerpo intocado, sus manos en cambio acariciando la verga del hombre, que avanzaba su pubis a cada movimiento de las manos.</p>
<p>El desconocido ya no jugaba con el cuerpo de ella, y ella solo estaba pendiente de él, sentía sus pechos duros, su sexo mojado como si tuviese una regla intempestiva, pero no quería más, quería finalmente brindar el placer que le estaban demandando, sentir el cuerpo de él arquearse, vaciándose en sus manos.</p>
<p>Pero quería que su novio asistiese a este momento.</p>
<p>Sin distraerse</p>
<p> </p>
<p><a title="5a. En el cuarto oscuro. El" href="http://lospecesdecolores.com/2009/06/16/5a-en-el-cuarto-oscuro-el/">link al siguiente</a></p>
<p><a href="http://lospecesdecolores.com/?p=894">link al anterior</a></p>
<p><span style="color: #0000ee; text-decoration: underline;"><br />
</span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>3b. En el cuarto oscuro. Ella</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 21:53:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[cuarto oscuro]]></category>
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		<description><![CDATA[Su pareja y la chica se habían marchado a un rincón del cuarto oscuro, ella sentada, piernas abiertas, el arrodillado delante, la cara perdida entre los muslos. Ella estaba de pie, en medio de la sala, piernas levemente abiertas, mientras unos dedos de mujer recorrían el camino ya preparado, anhelante, que tantas veces había abierto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-medium wp-image-914" title="cuartooscuro1" src="http://lospecesdecolores.com/wp-content/uploads/2009/06/cuartooscuro1-300x233.jpg" alt="cuartooscuro1" width="300" height="233" /></p>
<p>Su pareja y la chica se habían marchado a un rincón del cuarto oscuro, ella sentada, piernas abiertas, el arrodillado delante, la cara perdida entre los muslos.</p>
<p>Ella estaba de pie, en medio de la sala, piernas levemente abiertas, mientras unos dedos de mujer  recorrían el camino ya preparado, anhelante, que tantas veces había abierto él. No exactamente como a ella le hubiese gustado, no como lo hubiese hecho ella misma, pero no podía negar su curiosidad, y, por que no decirlo, su deseo.</p>
<p>Y ella ya había explorado los pechos firmes de su amiga, ya había jugado con los pezones, ya había sentido su tacto duro de fruta en agraz. Necesitaba más, necesitaba explorar el cuerpo de ella, tan igual y al un tiempo tan distinto al suyo.</p>
<p>Acercó su nariz al cuello de ella, olió su perfume, y también, por debajo, un deje de olor ácido. Olor personal, sorprendentemente agradable. Se fijó más en ella, miró su cara, pecosa, su cabello, pelirrojo, y se lo explicó. Para acercarse al cuello de ella, bajó las manos a lo largo de su cuerpo, no sabía qué hacer con ellas, no se atrevía a tomar ninguna iniciativa. Sin apenas ser consciente de ello, notó que las manos acariciadoras se desabrochaban la falda, tomaban sus manos, y las metían dentro, entre la tela y la piel, para retomar su actividad en el cuerpo de ella.<br />
<img class="alignright size-medium wp-image-915" title="cuartooscurosuje" src="http://lospecesdecolores.com/wp-content/uploads/2009/06/cuartooscurosuje-300x247.jpg" alt="cuartooscurosuje" width="300" height="247" /></p>
<p>Ya tenía que continuar. Le provocaba curiosidad, miedo, inquietud, deseo&#8230; un poco de asco tal vez también. Pero la curiosidad y el deseo eran mayores. Toda la sensibilidad concentrada en la yema de los dedos, estos se abrieron un camino hacia el cuerpo de ella, descubriendo el ombligo a su paso, la piel suave de su vientre, los pelitos suaves, tan suaves de su pubis.</p>
<p>Y allí se perdió. No entendía, buscaba los labios, buscaba donde el cuerpo de ella se abría, acogedor, y no encontraba nada. Una superficie lisa. Ella separó un poco las piernas, avanzó algo las caderas, como para indicarle, y si, allí estaba. Sus dedos reconocieron entonces un cuerpo igual al suyo, y al mismo tiempo distinto, sus manos recorrieron el cuerpo húmedo de ella, sin detenerse, rápido, como en una misión exploratoria. Se sorprendió por la humedad, notaba los dedos empapados, sintió un pequeño espasmo en las manos que la acariciaban cuando trató de entrar con sus dedos en el cuerpo de ella, más fuerte cuando suavemente acariciaron el punto más sensible.<br />
<img class="alignright size-medium wp-image-916" title="cuarto-oscurofaye_georgia_lovers_006" src="http://lospecesdecolores.com/wp-content/uploads/2009/06/cuarto-oscurofaye_georgia_lovers_006-200x300.jpg" alt="cuarto-oscurofaye_georgia_lovers_006" width="200" height="300" /><br />
Mientras la acariciaba, o mejor, la exploraba, la investigaba, continuaba con la boca perdida en la oreja de ella, la nariz en su cuello, sumida, perdida en el olor de ella.</p>
<p>No podía ser que estuviese tan mojada. De pronto le surgió una duda, casi una arcada&#8230; ¿y si tenia la regla? ¿y si tanta humedad era sangre?</p>
<p>Se retiró de ella en un santiamen, notaba los dedos pegajosos. Miró, inquieta sus manos, temiendo ver una especie de mano ensangrentada como en una pelicula de horror. Y no, sus dedos brillaban a la tenue luz del cuarto oscuro, algun hilillo incluso llegaba a unirlos, pero era transparente. Lo acercó a su nariz, lo olió, profundo olor a hembra</p>
<p>Que no le desagradó</p>
<p><a title="4b. En el cuarto oscuro. Ella" href="http://lospecesdecolores.com/?p=948">link al capitulo siguiente</a></p>
<p><a href="http://lospecesdecolores.com/?p=871">link al capitulo anterior</a></p>
<p><a href="http://lospecesdecolores.com/?p=858">link al primer capitulo</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Su olor</title>
		<link>http://lospecesdecolores.com/2009/04/14/su-olor/</link>
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		<pubDate>Tue, 14 Apr 2009 14:55:52 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Su olor&#8230; eso es lo primero que me sorprendió cuando aflojé el primer botón de su blusa. Perfume y piel&#8230; lo recordaba, un perfume aéreo, leve como el chasquido de la hoja cuando se desprende del árbol, una superficie de lavanda y corteza de naranja, pero debajo estaba el vetiver, el ilang-ilang, pero, sobre todo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Su olor&#8230; eso es lo primero que me sorprendió cuando aflojé el primer botón de su blusa.</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-197" title="parfum1" src="http://lospecesdecolores.com/wp-content/uploads/2009/04/parfum1-239x300.jpg" alt="parfum1" width="239" height="300" /></p>
<p>Perfume y piel&#8230; lo recordaba, un perfume aéreo, leve como el chasquido de la hoja cuando se desprende del árbol, una superficie de lavanda y corteza de naranja, pero debajo estaba el vetiver, el ilang-ilang, pero, sobre todo, la fuerza del musgo, la rabia de las hojas ya caídas iniciando su transformación en abono, un poco de acidez, la fuerza de la tierra. Su olor, leve esencia de un perfume francés suave, tal vez l&#8217;Air du Temps, tal vez Trésor, pero debajo del cual se delataba, ya, su deseo.</p>
<p>Su olor de mujer! no era su sexo lo que yo estaba respirando, no lo era aún, en todo caso, era todo su cuerpo, nervioso como el de un pura sangre, como él, acalorado, las mejillas pálidas hirviendo, solo un punto de carmín en su centro, toda la sangre retirada del rostro. Suavemente, oh, tan suavemente, le seguí abriendo la camisa, un botón tras otro.</p>
<p>Ella había cerrado los ojos, como queriendo concentrar en la piel de su pecho toda la sensibilidad, sentir el dulce rasgueo de la seda al retirarse de los hombros, hilo por hilo, hebra por hebra. Su cuerpo, sin ataduras, aparecía en todo su esplendor de mujer, atrayéndome, llamándome, deseándome.</p>
<p>A ella la olvidé, no se ya ni como se llamaba, pero su olor&#8230; su olor es el que recordaré siempre, el que sigo buscando, lavanda, corteza de naranja, y deseo.</p>
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		<title>El olor del pliegue de la rodilla</title>
		<link>http://lospecesdecolores.com/2009/04/11/el-olor-del-pliegue-de-la-rodilla/</link>
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		<pubDate>Sat, 11 Apr 2009 13:08:04 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Es un asunto conflictivo, y no pretendo sentar cátedra ninguna, pero cuando oigo a alguna amiga diciendome que por la mañana (o cuando tiene la regla, o cuando es por la tarde y lleva todo el dia trabajando) no la toque antes de que se pueda duchar, me pilla el nervio. En particular, porque una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es un asunto conflictivo, y no pretendo sentar cátedra ninguna, pero cuando oigo a alguna amiga diciendome que por la mañana (o cuando tiene la regla, o cuando es por la tarde y lleva todo el dia trabajando) no la toque antes de que se pueda duchar, me pilla el nervio.</p>
<p><img src="http://lospecesdecolores.com/wp-content/uploads/2009/04/bodyodour1-211x300.jpg" alt="bodyodour1" title="bodyodour1" width="211" height="300" class="alignright size-medium wp-image-162" /></p>
<p>En particular, porque una vez hemos llegado al nivel de intimidad que la situación supone, quiere decir que la acepto como es. Y que su olor personal me gusta, y si no me gusta, ya inventaremos una sesión conjunta de baño con enjabonado mutuo. En cualquier caso, excepto para las sábanas, en la cama sobra el olor a limpio.</p>
<p>Yo entiendo que no os guste vuestro olor intimo, a mi la verdad es que tampoco me gusta el mío, pero en cambio me encanta (en el sentido de quedar encantado) el olor de la persona con quien estoy. El olor de su piel, el olor del pliegue de la rodilla, que es un olor que tenía ella cuando era un bebe (os habeis fijado?), el olor de sus axilas, el de su cuerpo entre sus muslos. Toda ella me gusta, por qué no me iba a gustar como huele?</p>
<p>Si, por favor, no me mireis con sorpresa, el olor de la persona con quien se está es tan personal como su voz, como su cara, como su placer. Igual que no le ponemos una máscara cuando hacemos el amor (qué tal ponerle la de vuestra actriz favorita?), igual que no nos ponemos la quinta de mahler en unos cascos al follar, igual debemos revindicar el olor de la persona amada </p>
<p>Pues como decia, quiero que la persona con quien follo huela a ella, no a perfume.</p>
<p>Por cierto, me gusta la palabra follar, tanto por lo rotunda que suena, como por el sonido húmedo de sus dos eles, como  por usar las dos vocales redonditas con agujero.</p>
<p>Asi que, mis queridas pequeñas saltamontes, dejad los perfumes en el pelo, en el cuello. De cuello para abajo, si quereis, una sospecha de desodorante inodoro en las axilas, pero por favor, no más que eso.  Se extiende la moda de unas gotas de perfume en el escote. Vade retro! el escote, que huela un poco a sudor. La entrepierna, que huela a entrepierna. Los hombres hemos luchado tanto por llegar hasta ahí, no nos priveis del placer del oleros!</p>
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		<title>La tienda de campaña</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2009 13:27:41 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La edad tiene sus diversiones, y no menor es ver como se relativizan algo que era tan importante]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recupero este texto, que escribí cuando me dí cuenta que las mañanas habían perdido parte de su encanto (o, dicho menos discretamente, algunas mañanas la sábana ya no formaba una tienda de campaña)</p>
<div id="attachment_110" class="wp-caption aligncenter" style="width: 245px"><img src="http://lospecesdecolores.com/wp-content/uploads/2009/04/pan-de-azucar-235x300.jpg" alt="Pan de azucar en Marruecos" title="pan-de-azucar" width="235" height="300" class="size-medium wp-image-110" /><p class="wp-caption-text">Pan de azucar en Marruecos</p></div>
<p>Azúcar</p>
<p>Aquella mañana, al despertarme fui consciente de que ya no me acompañaba su presencia. No fue una desaparición brusca, una muerte repentina, más bien había sido un suave deshacerse, pan de azúcar mordido, fuerte y duro al principio sobre la lengua, disolviéndose dulcemente, aristas, cada una de ella manteniendo la consistencia del fragmento original, aunque más redondeadas, suavizadas por el tiempo, fragmentos pulverizados entre los dientes, más y más pequeños, finalmente impalpables, dejando sólo su sabor como recuerdo.</p>
<p>Desde que tenía conciencia de mi propia existencia, desde mi primera juventud la recordaba allí, a mi lado en la duermevela del amanecer, cuando lentamente la conciencia va abriendo los sentidos a los ruidos de la casa, al olor del pan tostado y del café, al sol filtrado entre postigos. </p>
<p>Ella aparecía siempre antes de que me diese cuenta, callada, silenciosa. Era mi cuerpo, aún perdido en el sueño, quien primero notaba su presencia, y, suavemente, lentamente, mis sentidos tomaban el relevo, plenamente conscientes ya de su existir. No era molesta, como no son molestas las costumbres, como no es molesto lo ineluctable, simplemente estaba ahí, despreocupada, indiferente a si era incómoda, o inoportuna. A veces, claro, su inoportunidad, o su indiferencia, la llevaba a despertarme a media noche, ansiosa, juvenil. Entonces, en una duermevela cariñosa tenía que jugar con ella y apaciguarla. Otras veces estaba tan dormido cuando venía que solo las trazas de su presencia, descubiertas por la mañana, me hacían recordar su visita.</p>
<p>Mi compañera de sueños, sin duda poco acostumbrada, se sorprendía al principio ante mi aceptación sumisa, mi deliberado desconocimiento de tan intrusiva presencia, interpuesta incluso a veces entre ella y yo. Mis palabras, mis observaciones dirigidas a que, ella también, fingiese ignorarla eran inútiles. Yo sabía que si me levantaba sin hacerle caso, si la olvidaba, desaparecería discretamente y sin rencor, en la seguridad que, a la mañana siguiente, ninguno de los dos íbamos a faltar a nuestra cita. Mi compañera en cambio, sin duda considerándose culpable, o incluso, encantador taumaturgo, creyendo que la visita se debía a su mediación, se sentía obligada a hacerle caso. Entonces el más inocente inicio, el más escondido amago de gesto por su parte era suficiente para que yo perdiese el control de la situación, mero observador de unos juegos breves pero intensos.</p>
<p>Aquella mañana me di cuenta, por primera vez, que algunas veces no estaba allí. No la echaba aún de menos, claro, podía llamarla, atraerla, incluso el pensar en ella era suficiente para que acudiese,  ansiosa como siempre, como siempre fiel, presente, voluntariosa, y, también, retozona. </p>
<p>Aquella mañana, al despertarme fui consciente de que ya no me acompañaba su presencia.</p>
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