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Posts Tagged ‘effleurage’

2. La habitación de al lado

Saturday, January 2nd, 2010

Resumen del post anterior: estábamos Sonia y yo en la habitación de un hotel con dos desconocidos, vecinos de habitación.


Apagamos la luz central, y quedaron encendidas las luces de la mesita de noche, que en aquel hotel son focos que se orientan. Como no podía girarlos para que diesen una luz indirecta, los dirigi hacia una mitad de la cama, dejando la otra en la penumbra. Mientras jugaba con las luces, iba pensando cuál iba a ser el siguiente paso…

Sonia no estaba muy convencida, a mi en cambio me excitaba la situación, y no quería que se echase a perder. Así que regresé dónde estábamos sentados, cogí de la mano a Sonia, y le dije: “Ven”

Llevábamos ambos puesto el albornoz que prestan en el hotel, mientras que ellos estaban completamente vestidos, ella, lo recuerdo, llevaba una blusa clara, y unos pantalones vaqueros. Y botas.

Sonia y yo pues nos dirigimos a la cama, mientras ellos se quedaban sentados en el sofá. Sonia me miraba con ojos como platos, temblando un poco, inquieta… ¡qué lejos estaba su seguridad de Ama!. (Si, esta Sonia es la misma Sonia de posts anteriores).

Tenia que hacer que los olvidase, que no los viese. Le pedí que se tumbase boca abajo en la parte oscura de la cama, que le iba a hacer un masaje. Le puse las manos en los hombros, por encima del albornoz, le pedi que respirase hondo conmigo… que es como se inician los masajes de verdad. Nuestras respiraciones se acompasaron, note como se aflojaba la tension en su espalda, y, sin perder el contacto, le quité el albornoz.

Y me lo quité yo.

No es sencillo, hay que trabajar con una mano solamente, pero es importante. Ya habíamos olvidado todo lo que no fuesemos nosotros. Me puse aceite en las manos, empecé por un masaje fuerte, para pasar rápidamente a lo que ambos deseabamos (nos habíamos quedado a medias), que era el masaje sensitivo, dedos como mariposas recorriendo la piel de su espalda, presión en el coccix para abrir su zona pélvica, effleurage del interior de sus muslos, las piernas que se abren imperceptiblemente, dando acceso a su centro.

Yo notaba la mirada de ellos en la espalda… no me molestaba. Me excitaba, pero no como para darme en espectaculo.

En algun cambio de posicion alrededor del cuerpo de Sonia los veia, los miraba, sabía que ellos podían ver también mi cuerpo erecto. No me importaba, me hubiese preocupado mas que no lo estuviese.

Giré a Sonia delicadamente. Ella quiso quedarse en la zona más oscura de la cama, seguí con el masaje en su centro… abrió las piernas para que mis dedos pudiesen entrar en ella, y haciendole el masaje de su vida… empezó a ronronear, ellos se habían inclinado hacia adelante, instintivamente.

No estaban muy lejos, a menos de dos metros de los pies de la cama, pero un poco lejos para ver toda la acción. Pero si oían los gemidos de Sonia, el ruido húmedo del aceite en su cuerpo.

La puse bajo la luz, que hacia brillar el aceite sobre su cuerpo, pero no les bastaba. Se levantaron al unísono, se acercaron un poco más… (continuará)

5. De la necesidad del Final Feliz en el Masaje

Thursday, May 28th, 2009

Cuando le he explicado a amigas mías que me gustaba el masaje, y que la intimidad y transferencia de energia que hay entre la masajista y yo exigía acabar con una masturbación, eso si, manual, y que eso era un complemento necesario del masaje, no comprendían ese concepto de “necesidad”. Tampoco comprendían que un acto habitualmente de amor pudiese transformarse en un acto mecánico.

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Yendo a necesidad… no es imprescindible, ahora, si lo era cuando empecé. Acudo ahora a otro tipo de masajes, como la reflexologia, que son igual de relajantes, y cuando ha terminado la hora solo debo volverme a poner los calcetines. Pero como decía en el primer post de esta serie, yo llegué al masaje por necesidad sexual. Si entonces, tras una hora de masaje con aceite y contacto por todo el cuerpo, no me iba con una “relajación manual”, es que saltaba encima de las primeras faldas que viese, fuesen la sotana de un cura, o la toga de un magistrado. Asi que era absolutamente necesario el desfogue final.

Y en cuanto a acto mecánico, pues si. Es un acto mecánico. No quiero nada con la masajista, solamente sentir sus manos, que provoque la subida del deseo físico, el climax, y la relajacion consiguiente. No es lo mismo que hecho con la pareja. Los resultados son identicos, efectivamente, unos mililitros expulsados. Pero ni el contexto, ni los sentimientos lo son. El mismo hecho de buscar que la masturbación sea manual, ni con la boca, ni entre las tetas, y con la chica sola y vestida implica, creo yo, esta voluntad de mantener una distancia.

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Bueno, y tras las filosofías, toquemos pelo. Os recuerdo que la masajista me habia creado tanta incomodidad con su “effleurage” que al final me habia propuesto darme la vuelta en la camilla, y ahí estaba yo, con todo el aparato enarbolado, y sin ninguna verguenza. Finalmente, pensaba yo, para la masajista no debía ser tampoco la primera vez que veía un pene erecto (lo cual hubiese tenido su morbo también, tal vez otro dia lo cuente, pero ya me ha sucedido un par de veces), y para mi era (y es) una suerte de orgullo, que no me da vergüenza alguna mostrar.

Para cumplir el expediente, se dedica ahora a mi estómago y bajo vientre, pero claro, tropezando a cada momento con mi miembro, que se yergue en medio del camino. Ya estamos en la recta final. Mira de reojo el reloj, con la esperanza que no me demore mucho, me pregunta si quiero otro cojin debajo de la cabeza, digo que si, finalmente, quiero ver lo que hace, y me pregunta si quiero que se quite la blusa, pero que no puedo tocar. La verdad es que no lo necesito, ni formaba parte del acuerdo inicial, asi que me conformo con el cojin, ya tengo una vista perfecta de mi cuerpo, erguido en pulsaciones acordes con los latidos del corazon.

massage-oli

Veo que se pone más aceite en las manos (eso si, sin dejar el contacto fisico), se las frota para que el aceite esté a la temperatura del cuerpo y me coge con una mano, mientras con la otra acaricia los huevos. Eso es solo el principio, son los prolegomenos, pero ya me doy cuenta que no resistiré mucho tiempo. Se me tensan las piernas, y ella, que, no lo olvidemos, es una profesional y sabe lo que está haciendo, detecta la urgencia, y sabe que eso es malo para el negocio. Que si el señor termina enseguida, el orgasmo es menos relajante. Una vez le pedí a una masajista amiga mía que tomase tiempos (no olvidemos que de profesion soy taxonomista – no taxidermista, taxonomista – ), desde que ella empezaba el masaje puramente sexual hasta que el señor se corría. Y si el señor acababa enseguida (digamos, menos de un par de minutos), ella, por consciencia profesional, se veia obligada a esperar un poco y repetir la operación. En resumen, los eyaculadores precoces, de no ser detectados a tiempo, hacen que el masaje dure más. Curiosidades de la vida. Si a alguien le interesa, le puedo pasar la tabla.

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continuará el 29 de mayo. Yendo al calendario que está en la columna de la derecha, y pinchando en la fecha, sigue la historia

4. De la necesidad del Final Feliz en el Masaje

Wednesday, May 27th, 2009

massage-lower-leg

Pasa a las piernas, haciendo un trabajo duro con los puños, descontracturando tanto las pantorrillas como los muslos. Como vereis, no tiene nada de sensual. Los movimientos suaves, el olor del incienso y del aceite me dejan traspuesto. A veces es dormido directamente, las más de las veces es un estado de meditación, en el cual uno es incapaz de moverse, pero es razonablemente consciente, y puede dirigir sus pensamientos. Es como el estado de duermevela al que se accede despues de una buena noche de sueño. Pero claro, solo se llega a través del silencio.

A veces las masajistas hablan, como dicen los franceses, “à tort et à travers”, es decir, erróneamente y mal. Nos hacen preguntas sobre nuestro trabajo, se refieren siempre a los mismos temas, que si el estress, que si los viajes…Y no es preciso. Al menos para mí. Estoy ahí para recibir un masaje, si quisiese conversación me subiría a un taxi :) . Una buena masajista se reconoce en su silencio. A veces la masajista trata de hablar, yo supongo que la proximidad fisica del cliente les obliga a tratar de romperla hablando de trivialidades, no lo se. Tal vez si alguna masajista lee estas lineas pueda dejar escrito lo que piensa, o bien dirigirnos hacia algun blog que describa el masaje desde el otro lado de la camilla.

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Y mientras estoy en mi duermevela, la masajista prosigue, sin decir nada, sumida en sus pensamientos como yo lo estoy en los míos. Sube hacia los muslos, sin que ello implique ninguna excitación. No puedo evitar sentir sus pechos cuando se inclina sobre mi para alcanzar la otra pierna, pero estamos ahí para trabajar, y yo estoy medio traspuesto.

Y seguimos, solo oigo la música, alguna puerta que se cierra, siento el olor del incienso y el del aceite.

Hemos llegado a una total sintonia con la masajista, mi cuerpo adivina lo que va a hacer, se pone en disposición, cuando está tratando el interior de los muslos abro un poco las piernas, cuando me dobla las rodillas, me dejo hacer.

Me quedo probablemente dormido, porque me despierto sintiendo que ha cambiado la técnica. Del masaje duro, con las manos y los puños ha pasado a la técnica del “effleurage”. El nombre, poco usual en España, es precioso, es una palabra francesa que significa quitar con mucho cuidado los pétalos a las flores. Es rozar con la yema de los dedos el cuerpo del otro.

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Y estamos ya en pleno effleurage, yo completamente despierto, sus manos se deslizan, casi sin tocarme, por mis piernas, por el interior de los muslos, rápidamente. Se ha transformado en la diosa Khali de cuatro brazos, está en todas partes, pero más especialmente en el cuello, en la nuca, en la piel tierna del interior de los brazos, y sobre todo, entre los muslos.

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Igual que antes siento las pulsaciones de mi sexo contra la camilla. Se siente duro, incómodo, nuevamente arqueo el cuerpo, ella prosigue ya directamente entre mis piernas, en los huevos, acariciandolos, haciendo un effleurage de aquella zona, y al mismo tiempo prolonga un poco el contacto, subiendo con timidez, como involuntariamente, hasta el culo, primero con un dedo, que lo roza y se retira. Probablemente más de un hombre se siente molesto si le tocan ahí, y es por ello que ella avanza con precaución. A mi me gusta, casi sin querer se me abren un poco más las piernas, y ella lo interpreta como una invitación. Se pone más aceite en las manos, y me acaricia en toda la zona.

Yo la verdad es que ya no se como ponerme, estoy incomodo con el pene hinchado pellizcado entre mi cuerpo y el colchón. Me muevo, subo un poco más el culo, para dejar espacio, y con eso lo acerco aún más a su mano. Ya no sé cómo ponerme, en que postura estarí­a yo cómodo. Toda aquella calma, meditación y relajacion de la primera parte del masaje se transforma ahora en incomodidad y deseo. Pero no deseo de ella, de su cuerpo, deseo de quitar esta presión que está atormentando mi cuerpo.

Tatiana es una profesional y percibe perfectamente como me siento. Me pregunta si no me gustaría darme la vuelta

Lo hago.

Si tuviese una toalla tapandome, parecerí­a una tienda de campaña. Como estoy desnudo, mi cuerpo, liberado, se alza

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Ya estoy listo

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continuará el 28 de mayo. Yendo al calendario que está en la columna de la derecha, y pinchando en la fecha, sigue la historia

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