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Posts Tagged ‘final feliz’

(1.) Ufff

Wednesday, May 4th, 2011


Bueno, pues ya esta, como te decia… he cogido la moto, y he ido calle a calle despacito hasta que he encontrado una pelu china abierta, que indicaba masaje (yo creo que todas lo incluyen en los servicios), me ha salido un chino perverso, que era el peluquero, estaba tiñendo a una señora, le he preguntado si estaba la masajista; estoy convencido que la cliente ha sonreido, me ha dicho que si, y me ha salido la chinita, de unos cuarenta y pocos, vestida con vaqueros y una blusa muy discreta, me ha hecho pasar a la trastienda, donde habia dos cabinas, no me he desnudado, me he quedado con el slip puesto, me he tumbado en la camilla, y la chica ha empezado a hacerme masaje en la espalda.

Cuando bajaba hasta la cintura tropezaba con la cintura del slip, asi que me ha ofrecido una toalla para cubrirme (todo eso por señas, apenas hablaba castellano, yo creo que solo sabia decir mas suave o mas fuelte), total, que me he quitado el slip, ella me ha puesto la toalla, y tras la espalda (bien) y el cuello (muy bien) se pone con las piernas. Empieza por los pies, yo ya estaba medio dormido, llevabamos no alcanza a media hora, me duermo del todo, y me despierto cuando esta en los muslos, en el lado interior, subiendo hasta los huevos, pero solo rozandolos… yo claro, abro un poco las piernas, ella tenia las manos perdidas bajo la toalla, que finalmente ella aparta, hasta que debo hacer yo la maniobra feli

(continuará)

y 6. La Dakini. El Final de la sesión y el orgasmo

Thursday, June 25th, 2009

Ya llega el momento en el cual el paciente no puede resistir más, su cuerpo está pidiendo el descanso del orgasmo.
Nipple B&W

Si el cliente, por los motivos que sea (vergüenza, religión, fidelidad) me ha pedido no llegar al orgasmo conmigo, la sesion termina suavemente, alejando mis manos las zonas erógenas, acercandome maternalmente a él, que se vaya relajando.

Ahora bien, en casi todos los casos, llega el momento de terminar.  Mis manos que se deslizan, la derecha cogiendo el lingam y la izquierda los puntos del Ano. Le pido que sea el quien mueva la pelvis, yo dejo quieta mi mano en su lingam, mientras toco sus puntos erogenos del ano.  Mi mano está inmovil, es su lingam el que se mueve bajo ella, son sus movimientos, no los míos los que liberan su energía Kundalini.

Miro su cara, sus reflejos involuntarios, cierto movimiento de los ojos, de los dedos de sus pies para conocer el momento en que debo apoyar más en su zona anal, presionar un poco más su lingam, para sentir los espasmos de su orgasmo, los borbotones cremosos de su placer, el olor especial de ese momento.

Es un momento gratificante para los dos, el dar placer es agradable. Mantengo su lingam en mis manos, iniciando entonces si, el movimiento, porque el paciente ya no se mueve. Prolongo así su orgasmo, continua él vaciandose en vibraciones cada vez menores,  noto la tibieza de su semen deslizandose  por mis manos, por mi cuerpo. En un momento determinado es él quien detiene mi mano. Mantengo el contacto, mientras su erección desaparece. Son momentos muy intimos, muy personales.

hombredesnudo

El orgasmo conseguido con este ritual es completamente diferente del habitual, tanto en pareja como el que se obtiene por masturbación. Al haber tenido mayor preparación, y al haber actuado sobre puntos concretos, es más profundo, moviliza más el cuerpo. Un orgasmo conseguido por masturbación es epidérmico, y afecta apenas al pene, el orgasmo conseguido movilizando la energía sexual se provoca en los tejidos internos, en la zona de la próstata y afecta a todo el cuerpo.

Algún día colgaré en este blog las expresiones que se manifiestan en ese momento de tanta sexualidad: “Toque el cielo “, “Qué viaje cósmico” “Eres una Diosa Tántrica”.

Doy gracias a la vida y a un querido amigo que me acompaña en todo este proceso. Y poder decir abiertamente y sin vergüenza o pudor “Soy Dakini Tántrica”.

Gracias a mis pacientes que me descubro a mí misma a través de tocar sus cuerpos.

zen

5. De la necesidad del Final Feliz en el Masaje

Thursday, May 28th, 2009

Cuando le he explicado a amigas mías que me gustaba el masaje, y que la intimidad y transferencia de energia que hay entre la masajista y yo exigía acabar con una masturbación, eso si, manual, y que eso era un complemento necesario del masaje, no comprendían ese concepto de “necesidad”. Tampoco comprendían que un acto habitualmente de amor pudiese transformarse en un acto mecánico.

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Yendo a necesidad… no es imprescindible, ahora, si lo era cuando empecé. Acudo ahora a otro tipo de masajes, como la reflexologia, que son igual de relajantes, y cuando ha terminado la hora solo debo volverme a poner los calcetines. Pero como decía en el primer post de esta serie, yo llegué al masaje por necesidad sexual. Si entonces, tras una hora de masaje con aceite y contacto por todo el cuerpo, no me iba con una “relajación manual”, es que saltaba encima de las primeras faldas que viese, fuesen la sotana de un cura, o la toga de un magistrado. Asi que era absolutamente necesario el desfogue final.

Y en cuanto a acto mecánico, pues si. Es un acto mecánico. No quiero nada con la masajista, solamente sentir sus manos, que provoque la subida del deseo físico, el climax, y la relajacion consiguiente. No es lo mismo que hecho con la pareja. Los resultados son identicos, efectivamente, unos mililitros expulsados. Pero ni el contexto, ni los sentimientos lo son. El mismo hecho de buscar que la masturbación sea manual, ni con la boca, ni entre las tetas, y con la chica sola y vestida implica, creo yo, esta voluntad de mantener una distancia.

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Bueno, y tras las filosofías, toquemos pelo. Os recuerdo que la masajista me habia creado tanta incomodidad con su “effleurage” que al final me habia propuesto darme la vuelta en la camilla, y ahí estaba yo, con todo el aparato enarbolado, y sin ninguna verguenza. Finalmente, pensaba yo, para la masajista no debía ser tampoco la primera vez que veía un pene erecto (lo cual hubiese tenido su morbo también, tal vez otro dia lo cuente, pero ya me ha sucedido un par de veces), y para mi era (y es) una suerte de orgullo, que no me da vergüenza alguna mostrar.

Para cumplir el expediente, se dedica ahora a mi estómago y bajo vientre, pero claro, tropezando a cada momento con mi miembro, que se yergue en medio del camino. Ya estamos en la recta final. Mira de reojo el reloj, con la esperanza que no me demore mucho, me pregunta si quiero otro cojin debajo de la cabeza, digo que si, finalmente, quiero ver lo que hace, y me pregunta si quiero que se quite la blusa, pero que no puedo tocar. La verdad es que no lo necesito, ni formaba parte del acuerdo inicial, asi que me conformo con el cojin, ya tengo una vista perfecta de mi cuerpo, erguido en pulsaciones acordes con los latidos del corazon.

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Veo que se pone más aceite en las manos (eso si, sin dejar el contacto fisico), se las frota para que el aceite esté a la temperatura del cuerpo y me coge con una mano, mientras con la otra acaricia los huevos. Eso es solo el principio, son los prolegomenos, pero ya me doy cuenta que no resistiré mucho tiempo. Se me tensan las piernas, y ella, que, no lo olvidemos, es una profesional y sabe lo que está haciendo, detecta la urgencia, y sabe que eso es malo para el negocio. Que si el señor termina enseguida, el orgasmo es menos relajante. Una vez le pedí a una masajista amiga mía que tomase tiempos (no olvidemos que de profesion soy taxonomista – no taxidermista, taxonomista – ), desde que ella empezaba el masaje puramente sexual hasta que el señor se corría. Y si el señor acababa enseguida (digamos, menos de un par de minutos), ella, por consciencia profesional, se veia obligada a esperar un poco y repetir la operación. En resumen, los eyaculadores precoces, de no ser detectados a tiempo, hacen que el masaje dure más. Curiosidades de la vida. Si a alguien le interesa, le puedo pasar la tabla.

link al capitulo anterior

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continuará el 29 de mayo. Yendo al calendario que está en la columna de la derecha, y pinchando en la fecha, sigue la historia

3. De la necesidad del Final Feliz en el Masaje

Monday, May 25th, 2009

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Pues os recuerdo que ayer nos quedamos tumbados en la camilla, dandole la espalda a Tatiana, con la toalla, eso si, aún en la cintura

“- quieres seguir con la toalla?”

y este es el primer punto de inflexión en el masaje. Si se hace con una toalla se marca una parte del cuerpo como “fuera de límites”. Queda ahí plantada la toalla como bandera de la vergüenza (o del pudor). Y el masaje debería ser, también, un acto de confianza, de relajación.

Una primera consideración, el masaje tiene una componente sensual, incluso cuando se trata de un masaje en los pies, porque se traspasa la barrera de la distancia. En general nos tocamos solamente con las personas próximas. Y las caricias solo son un acto que permitimos a las personas amadas, pareja o hijos. El masaje se hace penetrando en el espacio personal.

Tratar de evadir o de ignorar esta intromisión es un ejercicio de hipocresia. Podemos, evidentemente, limitar el masaje a las zonas “autorizadas”, evitando aquellas que tienen una connotacion sexual. Pero claro, un masaje deportivo que evite los glúteos no tiene sentido, y un masaje que ponga aceite en los glúteos y que vigile mucho dónde toca es un ejercicio de funambulismo complicado, en el que ambas partes están más pendientes de dónde se ponen las manos que de la acción terapéutica.

Y aqui estamos a lo que estamos, asi que le pido a Tatiana que quite la toalla.

Disminuye la luz, pone musica, enciende un par de velas olorosas, me quita la toalla.

estoy bien, cómodo, a gusto.

claro, en un masaje solamente deportivo, ni pondría música, ni encendería velas. Y probablemente nos perderíamos toda una dimensión del masaje, la sensual.

Y sería una lástima.

Se pone aceite en las manos, frota la una contra la otra, y me pone las manos en la espalda. No las mueve, me pide que respire hondo. Está acompasando su respiración a la mía, nos está poniendo en fase. Hay disciplinas más o menos esotéricas, más o menos orientales, que hablan de sintonización de energías, de armonización de ondulaciones cuánticas… es posible, lo que sé es que esta sintonía previa constituye la diferencia entre un masaje profesional y una paja con pretensiones.

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En este primer contacto, antes de cualquier movimiento, ya indica que lo hará bien. Porque hay chicas que echan el aceite frío directamente en la espalda como si aliñase una ensalada (¿Dios, es que no hay cursillos de formación profesional?), las hay que ponen música disco que parece que uno esté electrificado en la camilla.

“¿te gusta fuerte?” “me gusta fuerte, si, si me haces daño te lo digo”.

Y empieza el masaje… ¿qué decir? el que le gusten los masajes sabe de qué hablo, y el que no, la única posibilidad que tiene de saberlo es probarlo.

Pero es que hay más, pequeños detalles de los que pocos somos conscientes, por ejemplo, no perder en ningún momento el contacto físico. Cuando se pone aceite en las manos, lo hace manteniendo la mano que recibe el aceite en nuestra espalda, cuando da la vuelta alrededor de la camilla nos pone la mano en el cuello, en el brazo…

Y sigue el masaje, empieza por el cuello y baja, recorre la espalda, pasa a los brazos. Como tengo los brazos caidos fuera de la camilla, se pone en cuclillas, y para mantenernos los brazos quietos los aprisiona con sus muslos. Me bastaria estirar los dedos para alcanzar su intimidad, pero sé que no se trata de eso. O si, pero no puedo saberlo, porque no lo hago.

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Se pone mas aceite en las manos y continua por la parte baja de la espalda, los glúteos son objeto de interés. Pero masaje, masaje. Sus manos tiran de mi piel de dentro afuera, y solamente roza, sin querer, en algun momento, mi culo. Inmediatamente cambia de posición las manos, obviamente no es aún el momento.

Qué se siente en estos momentos? Si la masajista es buena, si el masaje es profesional, ante todo, tranquilidad. Los ingleses tienen una palabra especial para esta transmisión de calma: “soothing”. La voz puede ser “soothing”, unos movimientos pueden ser “soothing”. Es algo diferente de tranquilizar, ya que la palabra española implica que uno estaba nervioso, o irritado previamente. El movimiento profesional de sus manos sobre mi cuerpo, la suavidad de la crema, sus manos y la música crean una suerte de nirvana de bolsillo en el que me sumerjo como si fuese en un aceite tibio. Ella está también sumida en sus pensamientos, no hablamos, no tenemos muchas cosas que decirnos, al menos en ese momento.

Estamos así­ un tiempo indefinido, ella está trabajando los muslos, el interior más concretamente. Aqui es donde se produce la segunda inflexión, la primera era la de la toalla: debe la masajista tratar los glúteos como un campo de minas? debe rehuir el interior de los muslos?

Teniendo en cuenta pues que se traspasa la barrera de la intimidad, hasta dónde se debe llegar? Si ponemos la barrera de la toalla, está claro. Sin toalla, la frontera queda más difuminada, pero aún podría mantenerse la teoría de que estamos en un acto social y no íntimo. Se perdería, claro, este sentido de estar completamente en manos del otro, esta dejación de voluntades, esta entrega que hace del masaje un rato personal, fuera de convenciones y de exigencias.

No es nuestro caso, hemos venido a lo que hemos venido, y queremos salir renovados, de cuerpo y de espíritu. Y por eso hemos pedido un “masaje deportivo con final feliz”

Habiamos dejado pues a la masajista en mis muslos, y en esto noto que su mano va subiendo. Abro un poco las piernas, para indicarle que es licito, y su mano acaricia entonces mis huevos. Noto las conocidas pulsaciones en mi pija, erección incipiente, obstaculizada por la propia camilla. Arqueo un poco el cuerpo para ponerme cómodo, para dejar que todo se ponga en posición, no vayamos a pillar una luxación en semejante parte, y ella aprovecha que queda un poco de espacio entre mi cuerpo y la camilla para pasar su mano, para palparme, parece una comprobación, y probablemente lo sea.

Pienso yo que quiere ver la facilidad que tendrá después, en la segunda parte del masaje.

Tranquilizada – supongo – al ver que todo funciona correctamente y que no tendrá dificultades excesivas, vuelve al masaje deportivo, sigue por las pantorrillas, los pies…

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continuará el 26 de mayo. Yendo al calendario que está en la columna de la derecha, y pinchando en la fecha, sigue la historia

Masajes

Tuesday, April 7th, 2009

Al hilo de lo que deciamos el otro día, sobre “sensibilidad”, decir que me gustan los masajes. Darlos y recibirlos. Y, al contrario que las caricias (me gusta más hablar de acariciar que de masturbar, pero lo habeis entendido), me gusta más recibir masaje que darlo.

Aunque no nos andemos con circunloquios vergonzosos, en el masaje existe una proximidad física entre masajista y masajeado cuya frontera es muy dificil de establecer. El masaje que me gusta es el que tiene “final feliz” como se suele decir discretamente, y que de hecho es aquel que acaba en una pajilla. Si, imagino que hay quien se horrorice (aunque probablemente no esté leyendo esto, sino el Tus Labores On Line) extrapolando la situación y pensando: a mi no me toca ahi un/a desconocido/a ni harto de vino. Pues a mi si. Se quita uno al mismo tiempo la sequedad de piel, y la calentura. con lo cual uno puede ir a trabajar con otro talante, sin mirar el escote de las secretarias.

Y, yendo a la sensibilidad de la que hablaba el otro dia, hay masajistas buenas y malas. Las hay que empiezan asi:

masaje

y acaban sacudiendo el lingam (o la pija) como si hubiesen aprendido por correspondencia haciendo practicas con un nabo o una berengena, porque ya un plátano era demasiado sensual para ellas.

Y hay otras que leen el cuerpo, y que en cuanto te ponen la primera mano en la espalda (el ritual es el ritual, y se empieza por un masaje en la espalda, un dia os lo explico entero), sabes que tienen el tacto, que saben lo que hacen, y que lo hacen con interés y cuidado.

Y es que el masaje es como todo, lo hay bueno y lo hay malo, es como los melones, que no sabes como estarán hasta que los pruebas.

Y ya puede ser demasiado tarde.

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