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El cuarto oscuro

Monday, April 13th, 2009

Debo decir que me gusta el cuarto oscuro

El cuarto oscuro era el lugar donde se revelaban las fotografías, antes de la era digital. Uno entraba en el cuarto oscuro, que se llamaba así porque estaba a oscuras, y como máximo tenia (si el revelado era en blanco y negro, si no, no eso) una luz muy tenue, roja.

Al cuarto oscuro uno entraba con promesas de un negativo invisible hasta entonces y salía ya con certezas.

Uno no sabia qué se encontraría en el cuarto oscuro, una vez realizado el proceso del revelado, podían ser tanto las fotos soñadas como los fracasos absolutos.

Los cuartos oscuros que hay en los clubs de intercambio, no son solo unos cuartos sin luz, son sobre todo el lugar donde se revelan las personas. A eso vamos, en un club de intercambio.

Un inciso, para neofitos, lo primero que hay que considerar es que en un club de intercambio de parejas no se va obligatoriamente a intercambiar la pareja. Se pueden hacer muchas otras cosas. Primero, no es obligatorio follar, segundo, no es imprescindible intercambiar. Puede sonar extraño pero no es necesario que os apetezca que os toque otra persona para ir a un club de intercambio. Os puede apetecer hacer el amor con vuestra pareja en publico, lucir la ropa interior, o mostrar al mundo vuestro placer con vuestra pareja. Os puede divertir mostraros, os puede excitar ver. Y ahí si hay intercambio, es de miradas solamente.

Puede ser tambien que a vosotros no os guste nada de eso, pero que a vuestra pareja le interese. Otro día os relato los sondeos a pie de urna, por qué va la gente a un club, y que hace allí: por ver, porque le vean, porque le apetece a la pareja pero no a uno/a, por tirarse a un yogurin cuando una es ya de cierta edad, porque – y eso mas las chicas – tiene ganas de probar con otra chica, sin ser lesbiana…

Un club de intercambio es tipicamente un bar. Un bar con musica suave, a veces con teles en las paredes, pero bares al fin y al cabo. Como todos los bares, uno llega, se sienta en su mesa, y es dificil hablar con el vecino. Siempre me sorprende a mi, que soy un “early bird”, tempranero, que cada nueva pareja que llega se siente en una mesa distinta y alejada. Asi que asi estamos, todos sentados (eso si, solo parejas) tan ricamente en mesas separadas, hablando de nuestras cosas, y mirando a las otras parejas de reojo, que nos miran tambien.

En un momento determinado, nosotros, o bien otra pareja, se levanta y va al cuarto oscuro. Nos levantamos tambien, y, aunque no se pueda llevan invitados, querid@s lector@s, nos acompañais, y así os voy explicando. No os preocupeis, que no os sucederá nada (al menos, nada que no querais que os suceda, por el momento estais de espectador@s)

Entramos en el cuarto oscuro, no se ve nada, o apenas nada, más que la sombra de las otras parejas de pie, bailando, o al menos, muy juntas. Aunque haya todo el espacio del mundo, nos ponemos a bailar al lado de la o las parejas que ya estan alli. Os recuerdo, no sabemos como se llaman, no sabemos ni quienes son, las hemos entrevisto en el bar, pero si son varias, no sabemos quien es quien. No importa.

Estamos bailando al lado de ellos, y una mano toca la espalda de nuestra pareja. Tambien puede ser mi mano la que toca la espalda de la otra chica (se ve, al menos para distinguir al chico de la chica, y las manos vagabundas respetan las identidades sexuales, y en general empezamos los chicos). Ahí pueden suceder dos cosas, o bien que el chico, o ella nos aparten la mano (ningún problema, pasamos a la siguiente), o bien que tambien acerquen una mano. Si es así, en general lo que eran dos parejas o bien se transforma en un cuarteto, todos de pie y juntos, o bien en dos parejas, ahora si, intercambiadas. En el cuarteto en general las chicas son las que se tocan la una a la otra, empezando por los pechos,  mientras los chicos miramos.

Y ahora ya estamos en harina, pero si, vestidos. Ahí es donde se aprecia la sensibilidad de los que hablaba en otro post. Se está allí para tocar, para reconocer, para sentir. No sabemos ni el nombre de la persona a quien tocamos, es un cuerpo anónimo que tenemos que descifrar. Y puede ser que le guste que le toquemos solamente los pechos, o que se los besemos, o que le hagamos una pajilla, asi vestida, de pie, mirando a su pareja, o no, mientras su pareja la mira o está demasiado ocupada con nuestra pareja. Tambien es posible que ella haya ido porque el se lo ha pedido, y le haya dicho “tu haz lo que quieras, pero a mi no me toca ni San Pedro”. Y mientras el está entusiasmado recorriendo con sus manos el cuerpo de nuestra pareja, ella sigue de Santa Maria Goretti, y nosotros sin saberlo.

Todo eso se nos revela en el cuarto oscuro.

Y como decia el otro día, hay quien sabe tocar, y quien no.

Es decir, nos encontramos de pie bailando con una persona que apenas hemos entrevisto y que no sabemos qué le gusta y qué no o incluso, si está dispuesta o solo quiere que pase el momento incomodo, hasta que su pareja se canse de meterle mano a la persona que estaba con nosotros.

Supongamos, por mor del post,  que le apetezca que le toquen, allí está la sinfonía de manos. En general vestidos, en general de pie, y a oscuras. Ahí los únicos sentidos son el tacto y el olfato (bueno, y puede haber alguna pareja cerca en pleno y sonoro orgasmo, lo cual es excitante, debo reconocerlo). Y asi, en general se aparta el sujetador, aunque si se llega al pecho con la mano, no se tarda en seguir con la boca, y, a poco que uno sea respetuoso, ya es plaza ganada, al menos para la mano, que a los pocos momentos ya está debajo del tanga. Y se encuentra uno en zona desconocida. Qué le gustará? por fuera de los labios, en el clitoris (o el clitoris, ni rozarlo), fuerte, suave, circulos, ochos, una vibración?  Pero ya la persona se encarga de darnos pistas: las tetas si, pero el resto, solamente encima de las braguitas. O bien separa un poco las piernas para que alcancemos comodamente (no olvidemos que estamos derechos), o bien ella es quien toma la iniciativa, y nos desabrocha el cinturón, para aliviar un poco de presión, sin otro interés que el que estemos más cómodos.

o la curiosidad de ver como estamos hechos

o el deseo de dar placer.

Sentido y sensibilidad, eso es.

(continuará…)

Porque están ahí. (in)Fidelidades

Wednesday, April 8th, 2009

Aqui hablo de hombres y mujeres, en general. Debo hacer una salvedad, cuando hablo de hombres, estoy hablando de mí, y cuando hablo de mujeres, de las mujeres que conozco, y que son un subconjunto muy limitado, y no aleatorio, cuidadosamente seleccionado :) , de mujeres que o bien engañan a su marido, o bien no les importa que le pongan el gorro (como dicen en Chile) a la legitima del casado con quien estan saliendo. Y esas son (gracias a Dios, pensaran algunas que no debieran, en cualquier caso, hacerse muchas ilusiones), una exigua minoria.

Y ahora, anunciado lo anterior, vamos a la entrada del Blog

Soy intrinsecamente infiel.

No tan solo a mi esposa, con quien llevo casado un buen porron de años, si no tambien en ocasiones, a mis amantes. A veces me he preguntado si tiene mucho sentido trabajar ocho, diez horas, y en lugar de ir a casa a jugar con mis hijos, y a reposar despues en el sillón de orejas mientras miramos la tele mi esposa y yo esperando que sea la hora del (merecido) descanso, ir corriendo a echar el kiki en horario de cena de negocios tapadera? máxime, si desde el punto de vista sentimental, ya hay una amante en el paisaje, con quien hay algún viaje, y, sobre todo, muchas noches robadas. Son las ventajas colaterales de los viajes de negocios.

Bueno, y todo ello, por el placer del sexo? desde luego no por ese (oh tan breve!) conjunto de estremecimientos que constituyen un orgasmo, ni tan siquiera por todos los ratos que anteceden, ni tampoco por los a menudo olvidados momentos que siguen, los dos aún recuperando la respiración, aún abrazados, mientras se calman los latidos (los del corazón, y los de otras zonas). Y sobre todo, como deciamos el otro día, que se encuentran tan pocas mujeres con sensibilidad, con las cuales el sexo es una fiesta!

Por qué, entonces? no tengo respuesta, yo creo que en parte es una cosa tan tonta como cuando le preguntaron a Mallory (un antecesor de Hillary) que por qué quería escalar el Everest – escalada que nunca logró – contestó “porque está ahí”. Pájaro que vuela, a la cazuela, podría ser uno de los motivos, pero no es el principal, aunque uno va siempre con la escopeta cargada (más y más, a medida que pasan los años, la escopeta pasa a ser virtual, dentro poco tendremos que tirar de simulador).

Yo creo que, al menos en mi caso, gran parte de la “necesidad” de ser infiel estriba en la necesidad de agradar, de ser querido. Y, desgraciadamente, la unica manera que tenemos los hombres de sabernos queridos (no amados, que es distinto, sino aceptados, apreciados) por una mujer es que la mujer nos acepte en su cama – y en su cuerpo -

Para la mujer es más dificil. Yo creo que tiene la misma necesidad de agradar (ojo, no hablo de impulso sexual, ese va por otro camino), pero claro, la cama para ella no es ninguna prueba de aprecio. Cualquier hombre a quien se le de la posibilidad se acostará con ella, aunque ella no le guste un pimiento como persona. Ahí hay otra entrada de Blog, por qué somos los hombres tan poco selectivos?

Total, si partimos de la premisa que ambos sexos tenemos necesidad de agradar, las mujeres, más perceptivas, no necesitan el paso por la cama para convencerse que han hecho “tilt” y, en cualquier caso el paso por la cama no les aporta la “garantía” que si nos aporta a los hombres.

De ahí que las razones de la mujer para su “entrega” (me gusta este circunloquio tan decimonónico) esten en otro nivel. Cuando van a la cama es porque la relación ha llegado a una profundidad en que la fusión de los cuerpos deviene necesaria. Como las razones de su entrega (y su placer, tambien es otra entrada del blog) son mucho mas profundos que los nuestros, porque responde a otras necesidades y a otra fisiología, sus exigencias de fidelidad, de atención, de cariño son también mucho más profundas.

Y lo malo es que a menudo espera que compartamos.

ojo, tambien hay mujeres que van a la cama porque les apetece, haberlas haylas, como hay mujeres que hacen bien el amor o la paella. Pero yo creo que de estas (las que follan porque les gusta, las que hacen bien el amor, y las que hacen ricas paellas) son exiguas minorias. Pero como las meigas, haberlas, haylas, he encontrado a dos.

(to be continued…)

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