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(8.) Sonia. Amrita

Saturday, April 28th, 2012

Notaba como aumentaba el calor en mi interior, empezaba a notar el hueco en mi cuerpo, sentía la necesidad de algo, de alguien que me penetrase, del dardo poderoso entrando en mi, los golpes de ariete de su pubis contra el mio… veía a Carlos junto a la cama, inmovil, olvidado incluso de la cámara, fascinado por el juego de los dedos de Sonia en mi estrella. Veía su sexo vibrante, rojo y morado, una gota brillante en la punta. Casi aparto a Sonia y le digo con una voz ronca: ven. Pero recorde la escena del restaurante, y me dije: why not? tomé una mano de Sonia, y la baje hasta mi abertura, al tiempo que abria las piernas completamente. Los dedos de Sonia me penetraron, vencieron la resistencia de mi cuerpo, trataron de alcanzar el fondo, pero su mano era mas corta que la de un hombre y casi casi, pero no.

- Estas empapada, dijo

Estaba yo un poco frustrada, seguía con la necesidad de sentir algo alli dentro, algo que ocupase el espacio, pero de pronto una descarga electrica me recorrió. Sonia habia hecho presion con la mano en el exterior de mi pubis, mientras que dos dedos de la otra por dentro iban a su encuentro, en pulsiones ritmicas. Cerré los ojos, mi cuerpo era todo las manos de Sonia, que apenas se desplazaban, cambiaban solamente la presion. Era una sensación nueva, casi dolorosa, que iba aumentando la presion en mi interior, mi respiracion se acompasaba a las presiones que ella hacia, o mas bien sus presiones se adaptaban a mi respiracion. Notaba el calor irradiando de mi centro, ya estaba en mis pechos, en mis muslos, ella seguia pulsando, mi interior era una gran bola que sabia que no tardaria en explotar, hasta que de pronto vi que no iba a poder seguir:
- Sonia, para
- Por que?
- me estoy haciendo pis, dejame ir al baño
- no, espera, es normal, con una toalla basta, Carlos, te importaria acercarnos una toalla del baño?

Sonia dobló en cuatro la toalla, la puso debajo de mi culo hasta mis rodillas. Yo habia recuperado la respiración, la urgencia de ir al baño habia desaparecido, cuando hacia medio minuto parecia imposible aguantar un segundo mas. Sonia me beso tiernamente los pezones, acarició mi pubis, y se puso en posicion nuevamente, pulsando con ambas manos, en un movimiento hipnotico, acompasado a mi respiracion. Nuevamente se formó la bola de fuego en mi interior, bola que iba creciendo y que empujaba hacia abajo, como cuando estaba embarazada y debia ir al baño tres veces por hora. El mismo calor, la misma urgencia, la misma respiracion, los mismos gritos. Abri un segundo los ojos, solo para ver la mirada hipnotizada de Carlos

Mi cuerpo ya habia empezado el reflejo del orgasmo, ya notaba que los dedos de los pies estaban tetanizados, que los rayos del placer estaban partiendo de mi centro hacia los pechos, que mi vientre se tensaba, pero sabia que al ceder el primer espasmo no podria controlarme
- Sonia, por favor no aprietes mas, que me voy a mear encima.
- Déjate ir, sueltate, no te preocupes, no pasa nada, son cuatro gotas.
Y perdi el control de mi cuerpo, al finalizar el primer espasmo noté un liquido que me mojaba las piernas, mientras mi cuerpo preparaba el segundo, me oia gritar palabras inconexas, rayos de calor me recorrian, el cuerpo me ardia mientras poco a poco me vaciaba, con las piernas cerradas, aprisionando los dedos de Sonia en mi interior.

que ha sido eso? dije mientras tocaba la toalla empapada

(continuara)

(3.) Colaboración: El primer deseo

Saturday, November 26th, 2011

En este post comprobareis que, aunque sea una colaboración, el sysop, usando su privilegio de dueño de la página, no puede evitar meter sus deditos en el tarro.

Rosa se inclinó hacia adelante en el divan que compartiamos, sus piernas se abrieron imperceptiblemente, dejandome espacio para que mi mano alcanzase sus muslos, calientes, acariciase el pliegue de sus rodillas, subiese lentamente mientras sentia su temblor. Un silencio absoluto nos acompañaba, reteniamos la respiracion para no romper la magia del primer contacto. Me pregunté, de manera casi inconsciente, si se habia puesto el Jipao precisamente para este momento, para que nada obstaculizase los movimientos de mis manos en sus piernas.

Mi mano abierta, abriendose paso entre sus muslos, descubrió sin ver su culo tibio, desnudo. No necesité susurros para guiar mis dedos, pero aunque mi cuerpo lo pedia a gritos, no deseaba todavía, poseerla, acariciarla, obtener de ella unos suspiros que probablemente acabasen con el momento.

Subi pues mis manos por sus caderas, alcance la cintura de la falda, acune las dos manzanas de su culo, moldeadas y algo salientes por la postura, mientras mis dedos recorrian su raja abierta, como hule acuchillado. Deslicé mi mano adelantando mis dedos, mis manos que ya eran solamente la yema de unos dedos buscando nuevos caminos o el camino, el unico, el que los llevaria a sus labios, a esas paredes mojadas.

Pero no queria llegar ya, sentia, por la respiracion de Rosa, por su tensión, que apenas alcanzase su centro, se disolveria en espasmos de gozo, asi que retrocedí la mano, descansando mis dedos en la herida abierta que separaba su culo. Rosa se movía con fruición y gozo. No podia más, se reclinó sobre mi, dandome la espalda, mientras se abria los botones que cerraban su falda, que aprisionaban su cintura. Pasé entonces la mano por su cintura, y siguiendo el camino abierto de su culo mis largos dedos de ex jugadora de voleibol llegaron al vello empapado de su jardín.

sysop> huy que me pone, menos mal que estoy solo en una fila del avion, y a oscuras, que pasan una peli. Me lo estoy imaginando perfectamente, es mas, mis dedos sienten el contacto de la primera vez, la magia del descubrimiento del cuerpo del otro

Noté su agua, jugando mis dedos en esa soñada charca, acariciando ciegamente sus labios, hundiendo en breves sacudidas (sysop> por que en sacudidas? Ahora me desconciertas… yo creo que la entrada es suave, es mas, que la entrada es poner el dedo, y es la chica la que se empala , pero bueno, yo se como soy yo, supongo que cada hombre lo hara distinto, pero a mi me pone mas si explicas que es un movimiento lento, gradual, sonoro, oloroso… que claro, aun no lo podemos oir, ni oler, pero puede ser una licencia poetica) mi dedo en su coño.

sysop> puede estar bien como lo dices, pero yo diria… acariciando ciegamente sus labios, colocando el dedo en su entrada, apoyando suavemente, sintiendo su primera resistencia a mi posesion. Rosa se incorporó un poco, para bajarse lentamente sobre mi dedo que se abria paso en su cuerpo, abriendo sus pliegues olorosos, adueñandome de su femeneidad gozosa. Rosa se incorporó un poco, noté la salida fuera de su cuerpo, los labios que abrazaban ahora mi dedo, senti cerrarse su cuerpo a mi abrazo. La bese suavemente en el cuello, con la lengua recorri sus orejas, su nuca, notando su olor, mezcla de perfume, de sudor, de deseo. Vi sus pezones, negros, en punta, a través del sujetador, como queriendo reventarlo.

(continuará)

(2.) Colaboración: El primer Deseo

Tuesday, November 22nd, 2011

Cuando llegué al café, Rosa ya se encontraba en ese rincón de la primera planta que con el tiempo hicimos nuestro. Estabamos solas, sentadas en un divan corrido, delante de un espejo inclinado que nos reflejaba a ambas, dos amigas en confesión.

Rosa, seis años mayor que yo, era, es, una mujer sincera, directa, sin rodeos en preguntas; de igual manera desea respuestas sin rodeos. Me contó que hacía dos años rompió con su amante, una mujer que, después de la ruptura, marchó para la Argentina, concretamente a la ciudad de Viedma en la Patagonia. Desde esta ciudad, Rosa recibió la primera y la única postal de su ex amante. Una postal con una gran panorámica cortada por el río Negro y que era, junto con sus recuerdos y un sujetador olvidado en la lavadora, lo único que conservaba de Muriel. Aquella tarde de un jueves otoñal, en el Café, Rosa, entre tantas cosas que me contó, cosas que supongo irán saliendo a la luz en su momento, dejó muy claro que en cada cruce de nuestras miradas o cuando pensaba en mi en aquellas noches agobiantes del verano recien acabado en nuestra ciudad de playa, o cuando recordaba esos momentos y movimientos al desvestirme o vestirme en el vestuario laboral los días de verano, sentía humedecerse su sexo y entreabrirse sus labios.

Hacía tiempo que Rosa no experimentaba esta sensación, desde que marchó Muriel. Hubo algún que otro momento de intimidad sexual con otras mujeres, pero no se mojaba, le costaba muchísimo, tenía que lubricarse, cosa que le parecía artificial y lo dejaba estar. Le decía a su compañera que lo dejara, que era igual, y, para no desilusionarla, Rosa comenzaba a acariciarla, masturbarla, lamerla hasta que a su compañera le llegaba el orgasmo; entonces ponían un punto y final a esas experiencias que nada le aportaban, si no es una intensa frustración, el pensar si, tal vez, iba a ser incapaz de sentir deseo por otra persona.

Para certificar sus palabras, la confesión de Rosa sobre su deleite al verme o pensar en mí, me susurró que bajara mi mano derecha a sus muslos. Unos muslos blancos, calientes, finos.

Rosa llevaba una blusa blanca bordada en beige, con un cuello alto, Mao, cerrada por la espalda, tensa sobre sus pechos que transparentaba las puntillas de un sujetador que aprisionaba aquellos pechos en los que deseaba perderme. Una falda azul, corta, amplia, que se abrochaba a un lado, y con un corte lateral, a la manera de un jipao cubria unos muslos blancos, calientes, finos

Rosa se inclinó un poco hacía adelante algo ladeada como dándome la espalda, me dijo que introdujera la mano por su cintura hacía abajo.

(continuará)

4b. En el cuarto oscuro. Ella

Thursday, June 11th, 2009

Se retiró de los muslos de ella en un santiamen, notaba los dedos pegajosos. Miró, inquieta, su mano, temiendo verla ensangrentada como en una pelicula de horror. Y no, sus dedos brillaban a la tenue luz del cuarto oscuro, algun hilillo incluso llegaba a unirlos, pero era transparente. Lo acercó a su nariz, lo olió, profundo olor a hembra

Que no le desagradó

Volvió al cuerpo de ella, buscando caminos conocidos, los que ella misma recorría en su cuerpo por las mañanas, cuando no le apetecía hacer el amor con su novio, o, simplemente, le apetecía. Se extraño de que fuese tan distinto al suyo, mas carnoso, la piel mas gruesa, pero sobre todo le sorprendió que fuese un charco, más que eso, un estanque, un lago.
sexo mujer
Ella no recordaba haber estado tan mojada nunca. Pero tal vez era la sorpresa.

Buscó entre sus labios, hasta encontrar, arriba, la zona más sensible. Su compañera le dijo: suave, lento. No era como lo hacía ella, un frenesí eléctrico que la llevaba al orgasmo en unos pocos minutos. Sintió que alguien más la tocaba, y su compañera la apartó, le dijo: vamos donde estemos mas tranquilas.

Fueron hacia el rincon donde estaba su novio, tumbado en una especie de tatami, con una chica sentada encima de él, en la postura que a ella le gustaba tanto y que a él no, decía que le dolía, que le forzaba la pija en un angulo extraño. Parecia que la chica que lo cabalgaba debia tener una anatomia distinta, porque el no parecia estar incomodo.
cuarto-oscuro15

Su compañera se acostó cerca de su novio, dejando los pies en el suelo, abriendo las piernas. Volvió al mismo punto, entre sus piernas, ahora más accesible, inquieta por estar disfrutando el dar placer a una mujer, excitada tambien por la situación, ella, otra, su novio follando al lado…

Se arrodilló y metió la cara entre los muslos de la desconocida. Notó todos los olores del cuerpo, sintió un fluir en el suyo, pero no se decidió. Le pareció que con la boca no iba a reconocer nada, iba a ser una experiencia demasiado nueva, y tanta humedad le daba reparo, debia involucrarse mucho.

Le apetecia tocar a la desconocida como se acariciaba ella, con los dedos suavemente primero, y casi sacudiendo despues el capuchon sagrado, mientras sus piernas se cerraban involuntariamente, y un fuego salia de su vientre inundandola toda.

Pero la desconocida no quería eso, tomo suavemente la mano de ella y la bajó, hasta ponerla en la entrada de su cuerpo. Un poco perdida, estuvo alli, sin saber que hacer, hasta que la desconocida subió un poco las caderas, con lo cual un dedo se introdujo en el cuerpo de ella.

Eso no lo habia hecho nunca. Si que claro, se habia puesto tampones, y había hecho el amor con hombres, así que conocía perfectamente la sensación que en aquel momento estaba notando la desconocida, pero esto era el otro lado del espejo, el ser ella la que entraba en el cuerpo. Le sorprendió el anillo que aprisionaba su dedo, y también el espacio interior. No se lo imaginaba así en absoluto, siempre había creído que era como una funda. Y no, no era eso en absoluto, su dedo podía moverse libremente, estar incluso sin tocar ninguna pared.

El espacio era tan grande que metió otro dedo, y las caderas empezaron a ondular, acompañando sus movimientos. Instintivamente se movia adelante y atrás, como si fuese un pene, y la desconocida le dijo: no, asi no, tocame arriba.

- arriba?

- si, arriba, mira, te indico. Y le cogió la mano, y le guió el dedo hasta una zona que, aparentemente, no tenia nada especial.

- Ahí, fuerte con dos dedos, le dijo mientras le enseñaba, eran simplemente presiones ritmicas, sin moverse apenas. Ah, y pon la otra mano, aquí, acompañandola hasta su pubis. Apoya esta mano fuerte, como si quisieses tocar tus dedos a través de mi cuerpo.
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No entendía nada, pero eso hizo. Empezó a acariciar con dos dedos esta zona, aparentemente anodina, y con la otra mano hacia presión en el cuerpo de ella, que se empezó a mover, a ondular, a suspirar. Se le cerraban y abrían las piernas. Cuando se le cerraban casi le hacia daño, todo el cuerpo estaba en tensión. Se puso a gritar, sigue, no pares (no pensaba hacerlo, sabía que el placer estaba cerca), y en eso, abrió las piernas, gritó, en un orgasmo interminable, mientras su cuerpo empapaba el colchon debajo de ella.

Sus piernas aprisionaron sus manos: quedate quieta, dejame dos minutos, que ahora te tocará a ti.

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2b. En el cuarto oscuro. Ella

Sunday, June 7th, 2009

Y las manos, libres ya de la prision del cuerpo, habian continuado tocando solas las citaras polvorientas en las estancias de Palacio y se decia que, por las noches, cuando el monzon arreciaba y no dejaba oir más música que el ulular del viento y el repiqueteo de la lluvia, aquellas manos heladas se perdian en el cuerpo de su amada, tratando de recuperar un poco del calor de la vida.

Sentia su propio cuerpo encendido, necesidad de averiguar de quien eran aquellas manos que la tocaban como nunca, nadie, le habia tocado. camisa-blanca-streptees-nude

Devolvió la caricia, buscó las manos que en aquel momento estaban sobre su cintura, tratando de abrirse camino entre su cuerpo y el de su compañero, buscando el botón de abajo de su blusa. Tomó las manos, que dudaron un instante, creyendo que queria que se retirasen. Por el contrario, las abrazó a su cintura, acercando el cuerpo al que pertenecian a su espalda. Y sintió, claramente definidos, unos pechos que se apoyaban contra ella, mientras una voz de mujer le preguntaba:

¿puedo?

como toda respuesta separó un poco su cuerpo del de su pareja, dejando espacio para que alcanzase los botones. En unos segundos tenia la blusa abierta, y unas manos acariciaban sus pechos, en una caricia sabia, ni demasiado dura, ni demasiado suave, mientras el cuerpo de ella (ahora ya sabia que era ella) se abrazaba al suyo. Todos esos movimientos ya no podian pasar inadvertidos para su pareja, que se separó un poco para verlas a las dos. Ella tenia los ojos cerrados, pendiente solo del tacto de las manos de ella en su cuerpo. Las manos se entretuvieron entre la piel y el sujetador, y se desplazaron despues lentamente, tan lentamente hacia abajo, soltando cinturón y pantalón a su paso en un movimiento de prestidigitación, hasta llegar a la suave pelusilla que apenas cubria su sexo, y perdiendose ahi, durante un rato interminable.

No podía creer que fuese ella, a quien nunca habian atraido las mujeres quien estuviese ahi, de pie, inmovil, las piernas un poco separadas para dejar un humedo camino a las manos de otra mujer.

El recorrido que hacían era tan distinto al de los hombres, que a veces notaba ella que vagaban, perdidos, por los meandros y repliegues de su cuerpo de hembra, sin dar no ya con su vena del gusto, como le llamaba ella, si no ni siquiera con la esencia de su femeidad, la zona que le hacia perder el mundo de vista. Aquellos dedos se ubicaban enseguida, se movian con el ritmo preciso, pero probablemente ella lo hubiese hecho distinto, mas fuerte, menos timidamente.

Ya deseaba ser ella tambien participativa, se giró hacia la mujer, olvidada su pareja, y paso las manos bajo su sueter. Nunca habia tocado unos pechos de mujer, le sorprendio la sensualidad de su piel, tan distinta de la de los hombres. Comparó involuntariamente el tamaño con los suyos. Eran mucho mas pequeños, pero al mismo tiempo firmes como un albaricoque verde. Sintió un poco de envidia, hasta pensar que, siendo tan pequeños, era facil que se mantuviesen duros, ya le hubiese gustado ver si la desconocida, con unos pechos como los suyos los hubiese tenido igual de firmes. Paso la mano por los pezones, sintiendo una respuesta inmediata, y un escalofrio. Pero el escalofrio era en su cuerpo.

link al capitulo 3

link al capitulo 1

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