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4b. En el cuarto oscuro. Ella

Thursday, June 11th, 2009

Se retiró de los muslos de ella en un santiamen, notaba los dedos pegajosos. Miró, inquieta, su mano, temiendo verla ensangrentada como en una pelicula de horror. Y no, sus dedos brillaban a la tenue luz del cuarto oscuro, algun hilillo incluso llegaba a unirlos, pero era transparente. Lo acercó a su nariz, lo olió, profundo olor a hembra

Que no le desagradó

Volvió al cuerpo de ella, buscando caminos conocidos, los que ella misma recorría en su cuerpo por las mañanas, cuando no le apetecía hacer el amor con su novio, o, simplemente, le apetecía. Se extraño de que fuese tan distinto al suyo, mas carnoso, la piel mas gruesa, pero sobre todo le sorprendió que fuese un charco, más que eso, un estanque, un lago.
sexo mujer
Ella no recordaba haber estado tan mojada nunca. Pero tal vez era la sorpresa.

Buscó entre sus labios, hasta encontrar, arriba, la zona más sensible. Su compañera le dijo: suave, lento. No era como lo hacía ella, un frenesí eléctrico que la llevaba al orgasmo en unos pocos minutos. Sintió que alguien más la tocaba, y su compañera la apartó, le dijo: vamos donde estemos mas tranquilas.

Fueron hacia el rincon donde estaba su novio, tumbado en una especie de tatami, con una chica sentada encima de él, en la postura que a ella le gustaba tanto y que a él no, decía que le dolía, que le forzaba la pija en un angulo extraño. Parecia que la chica que lo cabalgaba debia tener una anatomia distinta, porque el no parecia estar incomodo.
cuarto-oscuro15

Su compañera se acostó cerca de su novio, dejando los pies en el suelo, abriendo las piernas. Volvió al mismo punto, entre sus piernas, ahora más accesible, inquieta por estar disfrutando el dar placer a una mujer, excitada tambien por la situación, ella, otra, su novio follando al lado…

Se arrodilló y metió la cara entre los muslos de la desconocida. Notó todos los olores del cuerpo, sintió un fluir en el suyo, pero no se decidió. Le pareció que con la boca no iba a reconocer nada, iba a ser una experiencia demasiado nueva, y tanta humedad le daba reparo, debia involucrarse mucho.

Le apetecia tocar a la desconocida como se acariciaba ella, con los dedos suavemente primero, y casi sacudiendo despues el capuchon sagrado, mientras sus piernas se cerraban involuntariamente, y un fuego salia de su vientre inundandola toda.

Pero la desconocida no quería eso, tomo suavemente la mano de ella y la bajó, hasta ponerla en la entrada de su cuerpo. Un poco perdida, estuvo alli, sin saber que hacer, hasta que la desconocida subió un poco las caderas, con lo cual un dedo se introdujo en el cuerpo de ella.

Eso no lo habia hecho nunca. Si que claro, se habia puesto tampones, y había hecho el amor con hombres, así que conocía perfectamente la sensación que en aquel momento estaba notando la desconocida, pero esto era el otro lado del espejo, el ser ella la que entraba en el cuerpo. Le sorprendió el anillo que aprisionaba su dedo, y también el espacio interior. No se lo imaginaba así en absoluto, siempre había creído que era como una funda. Y no, no era eso en absoluto, su dedo podía moverse libremente, estar incluso sin tocar ninguna pared.

El espacio era tan grande que metió otro dedo, y las caderas empezaron a ondular, acompañando sus movimientos. Instintivamente se movia adelante y atrás, como si fuese un pene, y la desconocida le dijo: no, asi no, tocame arriba.

- arriba?

- si, arriba, mira, te indico. Y le cogió la mano, y le guió el dedo hasta una zona que, aparentemente, no tenia nada especial.

- Ahí, fuerte con dos dedos, le dijo mientras le enseñaba, eran simplemente presiones ritmicas, sin moverse apenas. Ah, y pon la otra mano, aquí, acompañandola hasta su pubis. Apoya esta mano fuerte, como si quisieses tocar tus dedos a través de mi cuerpo.
lilu

No entendía nada, pero eso hizo. Empezó a acariciar con dos dedos esta zona, aparentemente anodina, y con la otra mano hacia presión en el cuerpo de ella, que se empezó a mover, a ondular, a suspirar. Se le cerraban y abrían las piernas. Cuando se le cerraban casi le hacia daño, todo el cuerpo estaba en tensión. Se puso a gritar, sigue, no pares (no pensaba hacerlo, sabía que el placer estaba cerca), y en eso, abrió las piernas, gritó, en un orgasmo interminable, mientras su cuerpo empapaba el colchon debajo de ella.

Sus piernas aprisionaron sus manos: quedate quieta, dejame dos minutos, que ahora te tocará a ti.

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2b. En el cuarto oscuro. Ella

Sunday, June 7th, 2009

Y las manos, libres ya de la prision del cuerpo, habian continuado tocando solas las citaras polvorientas en las estancias de Palacio y se decia que, por las noches, cuando el monzon arreciaba y no dejaba oir más música que el ulular del viento y el repiqueteo de la lluvia, aquellas manos heladas se perdian en el cuerpo de su amada, tratando de recuperar un poco del calor de la vida.

Sentia su propio cuerpo encendido, necesidad de averiguar de quien eran aquellas manos que la tocaban como nunca, nadie, le habia tocado. camisa-blanca-streptees-nude

Devolvió la caricia, buscó las manos que en aquel momento estaban sobre su cintura, tratando de abrirse camino entre su cuerpo y el de su compañero, buscando el botón de abajo de su blusa. Tomó las manos, que dudaron un instante, creyendo que queria que se retirasen. Por el contrario, las abrazó a su cintura, acercando el cuerpo al que pertenecian a su espalda. Y sintió, claramente definidos, unos pechos que se apoyaban contra ella, mientras una voz de mujer le preguntaba:

¿puedo?

como toda respuesta separó un poco su cuerpo del de su pareja, dejando espacio para que alcanzase los botones. En unos segundos tenia la blusa abierta, y unas manos acariciaban sus pechos, en una caricia sabia, ni demasiado dura, ni demasiado suave, mientras el cuerpo de ella (ahora ya sabia que era ella) se abrazaba al suyo. Todos esos movimientos ya no podian pasar inadvertidos para su pareja, que se separó un poco para verlas a las dos. Ella tenia los ojos cerrados, pendiente solo del tacto de las manos de ella en su cuerpo. Las manos se entretuvieron entre la piel y el sujetador, y se desplazaron despues lentamente, tan lentamente hacia abajo, soltando cinturón y pantalón a su paso en un movimiento de prestidigitación, hasta llegar a la suave pelusilla que apenas cubria su sexo, y perdiendose ahi, durante un rato interminable.

No podía creer que fuese ella, a quien nunca habian atraido las mujeres quien estuviese ahi, de pie, inmovil, las piernas un poco separadas para dejar un humedo camino a las manos de otra mujer.

El recorrido que hacían era tan distinto al de los hombres, que a veces notaba ella que vagaban, perdidos, por los meandros y repliegues de su cuerpo de hembra, sin dar no ya con su vena del gusto, como le llamaba ella, si no ni siquiera con la esencia de su femeidad, la zona que le hacia perder el mundo de vista. Aquellos dedos se ubicaban enseguida, se movian con el ritmo preciso, pero probablemente ella lo hubiese hecho distinto, mas fuerte, menos timidamente.

Ya deseaba ser ella tambien participativa, se giró hacia la mujer, olvidada su pareja, y paso las manos bajo su sueter. Nunca habia tocado unos pechos de mujer, le sorprendio la sensualidad de su piel, tan distinta de la de los hombres. Comparó involuntariamente el tamaño con los suyos. Eran mucho mas pequeños, pero al mismo tiempo firmes como un albaricoque verde. Sintió un poco de envidia, hasta pensar que, siendo tan pequeños, era facil que se mantuviesen duros, ya le hubiese gustado ver si la desconocida, con unos pechos como los suyos los hubiese tenido igual de firmes. Paso la mano por los pezones, sintiendo una respuesta inmediata, y un escalofrio. Pero el escalofrio era en su cuerpo.

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