(7.) Sonia. Descanso
Saturday, April 21st, 2012
Y la acaricié allí, y sentí su cuerpo tensarse, sabía lo que estaba sintiendo ella en lo más profundo de mí, cuando la tocaba a ella era como si me estuviese tocando yo, el placer de verla, el placer de olerla me llevaron a acercarme más y más, hasta que mi lengua sustituyó a mi dedo, o mas bien lo complementó. El olor… el olor era lo que me tenia allí, “amorrada al piló” como dicen en mi tierra, sintiendo su sangre en mi cuerpo inundado, hasta que sus movimientos se hicieron incontrolables, un grito y sus rodillas me aprisionaron la cabeza – para un momento, me dijo Sonia, mientras su cuerpo temblaba sin control -. Era el primer orgasmo que le proporcionaba a una mujer, y casi me corrí yo también, su placer era el mío, aunque me sorprendía su intensidad, el temblor que aún duraba un par de minutos después. Sus pechos, su cara, su cuello se habían ruborizado como una colegiala, los pezones oscurecidos como dos moras.
Y Carlos, mientras?
Lo había olvidado, pendiente de lo que sentía Sonia. Lo miré, me sonrió, ya te daré yo, le dije, y le di la espalda, no sin antes apreciar el bulto prometedor en sus boxers, que se notaba aun cuando estaba sentado en una silla junto a la cama. Pero no iba a cambiar el guión, si estaba empalmado era su problema, no el mío. Se me acercó (¿o sería se nos acercó?), pero aún no era el momento. Deseaba ahora que me tocase Sonia, sentir otra manera de tocar. No es que me gustasen las mujeres, en absoluto (al menos hasta el momento), pero sentía una inmensa curiosidad. Asi que me giré hacia él, y le dije: “por qué no pasas la silla al otro lado de la cama?”

El rubor que le había aparecido a Sonia en sus pechos y en su cuello iba disminuyendo. Se la veía satisfecha, pero ansiosa por colaborar. Nos miró alternativamente a Carlos y a mi, sin saber muy bien qué hacer. Tomé sus manos y le dije: Carlos nos fotografiará. Entendió el mensaje, y me empezó a besar el cuello, mientras me tocaba los pechos, con suavidad. La presión, la velocidad, dónde, cómo… era exacto, el punto y la manera que nunca, ningún hombre habían acertado. Noté que, sin querer, mis piernas se abrían, en una muda invitación para que Sonia, que lo entendió perfectamente, pasase su mano entre mis piernas, mientras con la lengua me titilaba los pezones. Cerré los ojos, tratando de imaginar que era Carlos, pero él, por mucho que se lo había explicado, tenía tendencia a jugar con ellos demasiado fuerte, yo siempre temía que en un arranque de entusiasmo me los fuese a morder. No podía, ni quería pensar que era Carlos quien, en aquel momento, estaba moviendo sus dedos entre mis labios, girando mi nipple con su lengua. Estaba tranquila, sabiendo que Sonia no los iba a morder de ningún modo.
Carlos estaba fotografiandome, dando vueltas alrededor de la cama como una peonza loca. Estoy seguro que pendiente de s-speed y de f-openings había olvidado lo que estábamos haciendo allí, aunque su cuerpo demostraba que no completamente ausente, que su cerebro reptiliano si que era consciente y le mantenía listo para la acción.
(continuará)

























