3. Tlenta minutos, quince eulos, una hola, veinte eulos
Monday, May 31st, 2010Ir a inicio capitulo 1
Hizo un par de pasadas sobre mi sexo, aprisionado por los calzoncillos.
Yo sonreí.
Contenta, dijo, señalando mis calzoncillos
Si, contenta
Yo no dije nada más (tampoco sé lo que hubiese podido decir), ella continuó el masaje por las piernas. Y al cabo de un rato, cumplido el tiempo reglamentario, se acabó con una sonrisa. Me vestí, salí, pagué los veinte euros.
Me había gustado su masaje, y me había gustado su aproximación poco agresiva, simplemente indicando la posibilidad, sin palabras ni gestos provocantes. Sin provocar una excitación que hubiese podido resultar chocante a alguien que hubiese ido a buscar solamente un masaje.
Al cabo de un tiempo regresé, el mismo chino en la peluquería, la misma masajista. Y repetí, pero esta vez quitándome toda la ropa. Ella entonces echó una toalla por debajo de mi cintura, puesta sobre las nalgas cuando estaba yo tumbado sobre el vientre, sobre el pubis cuando me di la vuelta.

La toalla no era un obstáculo real, ella la bajó hasta el inicio de los glúteos cuando me hacia masaje en el coccix y yo estaba tumbado sobre el vientre, la puso hasta tapar el inicio de mi sexo cuando yo estaba de espalda y me hacia masaje en el segundo chakra…. pero, pero sucede algo curioso. Si se apoya fuerte, o si se masajea el segundo chakra, se suele provocar la erección (el segundo chakra está tres o cuatro dedos encima del inicio del pene, entre el pene y el ombligo.). Ella estaba insistiendo mucho en esta zona, y, efectivamente, la toalla empezaba a mostrar un volumen revelador. No me tocaba el pene, no buscaba la excitación directamente, pero la lograba con la misma efectividad que si me hubiese tomado en sus manos. Señores, si no lo habéis probado, comprobadlo rápido, se lo pedís a una compañera investigadora.
Al poco rato, sus manos al moverse no hacían más que tropezar contra mi verga, que ya se levantaba en toda su magnitud. Parecian (y tal vez eran) roces involuntarios.
Yo estaba en la gloria. Los ojos cerrados, concentrado en sus manos y en mi deseo. Hay que decir que directamente ella no había hecho nada, no se podía decir que me hubiese tocado para excitarme. Este era el morbo, el interés del tema. Ella estaba haciendo un masaje, había llegado una erección involuntaria (por su parte y por la mía), y por lo tanto no había nada que decir ni que hacer… pero mientras, ella seguía el masaje en el segundo chakra, pasando ya las manos alguna vez por el interior de los muslos ( y en consecuencia debajo de la toalla ) hasta llegar al perineo… pero, nuevamente, el masaje era en los muslos… era una situación perversa. No se podia decir que buscase mi excitación… pero tampoco que la rehuyese.

Yo no decia nada…
Ella pasó a las piernas, los pies, los tobillos, los gemelos, las rodillas… la erección desapareció. Pasó a los muslos, y nuevamente al llegar al interior subia hasta los testiculos, que tambien rozaba, tambien como sin querer, a la remanguillé, como si dijesemos
Y volvió la erección. Y me dijo nuevamente: ¿contenta? si, contenta contesté. Me hizo el ademán de quitarme la toalla con un signo de interrogación. Contesté afirmativamente, y ahí estaba yo en majestad.
continuará























