Posts Tagged ‘pezones’

El inversor de pezones

Monday, February 22nd, 2010

Antes de empezar, una pequeña encuesta, ya que hablamos de cosas (serias) de mujeres, asi que por favor, contestad a la pregunta, y despues sigue el post….

Por una vez no explicaré una historia de sexo y violencia :) , si no una historia divertida… o que a mi me lo parece

Pues a una amiga mía que vive en Hispanoamérica, le habian hecho una reducción de tetas, y casi pierde el pezón, porque lo cortan, reforman la teta, y lo pegan… y claro, es algo delicado. Recuerdo haberlo visto por la tele… recortan el pezón siguiendo la linea de puntos (puntos que han dibujado ellos primero), lo quitan como si fuese una flor mustia, reforman la teta, y lo vuelven a colocar en el lugar que le corresponde.

Pero, en el caso de mi amiga, el pezón no estaba bien irrigado y casi se le cae… aunque al final no se le cayó, le quedó invertido (es decir, en lugar de salir orgulloso hacia fuera, le quedó medio escondido hacia adentro). Y su pezón vergonzoso la tiene triste. Total, que hablando con unas y con otras le dicen que en España venden un inversor de pezones, y que una conocida lo habia encontrado en el Corte Inglés, y me pregunta si se lo puedo conseguir. Bueno, ya me ves a mi en el Corte Ingles de Castellana, departamento de parafarmacia, preguntando a una dependienta si tiene un inversor de pezones, que no sé bien bien lo que es, pero que me lo han pedido… claro… inversor… inversión… pezones… tiene… conjunto de palabras tabú. Me miró la dependienta como si fuera un pervertido que se fuese a abrir la gabardina delante de ella. Pues no, no tenemos aqui de eso. Y sabe donde puedo encontrarlo ? pues no. Como no sea en pequeño electrodoméstico…

Y para ahi me fui. Tampoco lo tenian, aunque ya habian avisado a la dependienta que les iba a ir un señor que parecía serio, pero que seguro que quería algo raro, porque le había hablado de inversiones y de pezones… llego allí y como por casualidad había un guardia de seguridad por la zona.

Pero ya habían tenido tiempo de analizar mi pregunta, de tratar de entenderla, y me enviaron a la dependienta más senior para contestarme. Una señora muy amable, aunque con aspecto de dóminatrix y un poco de bigote me dijo que fuese al departamento de futura mamá…

Para alla me voy, lo explico excusandome de mi ignorancia, y de hablar de pezones, la dependiente me dice que alli no se asustan de nada, aunque en general son mas bien las mujeres las que compran estas cosas, me lo da, y me voy contento con mi compra

Comentando mi odisea con una amiga, me dice que ella tambien tiene el pezón invertido, y que si le compraria uno a ella. Así que me vuelvo a mi dependiente predilecta, y le pido otro. Y me dice: “haberlo dicho, que hay cajas para un pezón, y cajas para dos pezones, que son mas economicas, déme la que le he vendido, y se la cambio”.

Y le contesto: “pues va a ser que no, que son para personas diferentes”. Se quedó un poco parada, va a buscar la otra caja, me mira muy seria, y me la entrega como si fuese un pervertido.

Y es que es mi sino…

3. Colaboración: Los pezones. Zona por descubrir

Tuesday, October 6th, 2009

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Después de unos meses, era tanta la confianza que le tenía, que ya no me importó que Raquel viera cómo me masturbaba. Es la única persona en este mundo que me ha visto hacerlo y muchas veces. Boca arriba, ella tocándome los pechos, después de haber recibido mucho placer, con mi mano me masturbaba. Y encontré placer en hacerlo de diferentes formas, para que ella lo viera. No le pedí que me mirara. Al principio, ella cerraba los ojos pero en algunos momentos los abría y me sonreía.

Desde el primer momento le dije que no me importaba que me mirase, pero tardó dos o tres sesiones para hacerlo francamente. A partir de entonces ya no los cerró. Con su sonrisa, con sus muecas, a veces con una leve risa, me incitaba. Un día, al final de un masaje, me confesó que le gustaba mirar y yo reconocí que para mí formaba parte del placer, que así se hacía más intenso. El masaje que había empezado muy seriamente, se había convertido en el placer mayor que he percibido nunca.
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Aún lo recuerdo y maldigo la hora en que no supe controlarme y de una forma muy inconsciente –quizás no tanto, en muchas noches de insomnio me imaginaba que ella me tocaba los genitales y me masturbaba-, cuando me estaba acariciando el vientre, cogí su mano y la cerré sobre el pene con mi mano encima. Raquel la sacó inmediatamente y se enfadó mucho. El masaje acabó como siempre, pero Raquel ya no miraba ni me sonreía.

Antes de irme le pedí perdón. Pero ella me dijo que antes de volver la llamara, porque no estaba segura de querer continuar con los masajes. Y cuando la llamé me dijo que no, que no volviera. Eso fue en enero de 2009. Hace unos días, cuando tenía pensado escribir este relato, que es enteramente real, la he vuelto a llamar, pero no responde al teléfono. Ayer llamé a mi amigo, el que me la presentó, y me ha dicho que ya no está en Barcelona, que se ha ido con su hijo a un pueblo de Andalucía donde vive su madre, que es muy mayor y se está muriendo. Raquel era madre soltera. Probablemente se quedará a vivir en su tierra.

Esta historia me ha hecho reflexionar sobre otra, ésta bastante más antigua –yo soy un hombre maduro-, cuando una amiga mía casada, mayor que yo, me pidió diversas veces que le tocara los pechos y le acariciase los pezones, porque su marido no se lo hacía y cuando se lo pedía, duraba un momento. Iba directamente al grano, decía. Ahora sé por qué me lo pedía, yo aprendí con ella a hacerlo y siempre me ha dado resultado con las mujeres. Lo que no sabía, antes de conocer a Raquel, era que yo podía gozar tanto o más que ellas. Después lo he sabido, pero por desgracia, también he descubierto que muy pocas mujeres, ¡pero que muy pocas!, saben tocarle los pezones a un hombre y llevarlo hasta las estrellas.

Últimamente, tengo que tocármelos yo mismo porque, en este aspecto, voy de fracaso en fracaso. Además, no es lo mismo. Para eso, una mujer es aún más necesaria que para la masturbación.

Septiembre 2009.

1. Colaboración: los pezones masculinos, terra incognita

Saturday, October 3rd, 2009

Esta es una historia recibida. La cuelgo sin tocar una coma, tal como la he recibido, con los nombres propios que usa el autor, aunque he buscado las fotos que me han parecido mas adecuadas, y la recorto en tres entregas, que tengan la longitud adecuada.

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Ésta es una historia real. Ocurrió a lo largo de un año y medio y terminó en enero de este año. Por mi culpa. A veces cometes actos irreflexivos que acaban con una experiencia que ya había entrado en tu vida como algo importante. Al final de la historia comprenderéis por qué lo digo.

Todo empezó en una cena de matrimonios, cuando un marido comentó que desde hacía unas semanas acudía a una masajista que calmaba sus nervios y le daba fuerzas para volver a la vorágine de cada día. Como es de rigor, se sucedieron los comentarios sobre qué le debía hacer la masajista y las consabidas bromas, que quedaron atajadas cuando él afirmó que ella era una persona madura, de unos 50 años, muy competente y que no se anunciaba en los periódicos, porque sólo admitía clientes cuando se los presentaba una persona conocida. Era un masaje serio. Al decirlo junto a su esposa, nadie lo dudó. Además, su esposa también iba a hacerse masajes de vez en cuando.

A la mañana siguiente le pedí por teléfono que me facilitara el acceso a la masajista y me dio su número. No diré su nombre (sé su nombre completo porque figura en varios diplomas que cuelgan de la pared del gabinete de masaje), pero para nombrarla de alguna manera, la llamaremos Raquel. Cuando la llamé, mi amigo ya la había puesto en antecedentes. Al cabo de unos días, me presenté a la hora convenida y me dio un masaje por todo el cuerpo, primero boca abajo, luego boca arriba (excepto en los genitales). Realmente era serio y de una gran calidad. Quedamos para la semana siguiente. Entonces, reservé hora cada miércoles por la mañana y se fueron sucediendo los masajes sin novedad. No hablábamos mucho. Los masajes eran largos, de duración variable, no hacía más de cinco masajes al día. Al acabar cada masaje hacía una cosa peculiar: te preguntaba lo que te había gustado, lo que no, lo que notabas a faltar, etc. y lo apuntaba en una ficha abierta a tu nombre, aunque para guardar la intimidad se trataba de un nombre supuesto (por ejemplo, yo me llamaba Santi III, porque ya había otros dos clientes más antiguos que yo con el mismo nombre que se me ocurrió darle). Según decía, la masajista tiene que amoldarse a los gustos del cliente, que son diversos y muchas veces contradictorios.
cuerpo masculino
Al cuarto o quinto masaje, no recuerdo con exactitud, al acabar cada parte (boca abajo, boca arriba), estuvo un corto espacio de tiempo (quizás uno o dos minutos) pasando sus dedos muy suavemente, como acariciando todo el cuerpo, excepto, naturalmente, los genitales. Cuando me preguntó sobre el masaje para anotarlo en mi ficha, le dije que las caricias finales me habían gustado mucho y que hubiera deseado que durasen más tiempo. Me dijo que no había problema, pero que me advertía que en ningún caso me tocaría los genitales, que eso estaba terminantemente prohibido. Acepté. Lo cierto es que cuando pasaba sus manos por la parte interior de los muslos, era inevitable que rozara a veces la bolsa de los testículos, pero no pasaba de ahí.

Al masaje siguiente, las caricias se prolongaron por más tiempo. Yo le hacía ver donde me gustaban más con suspiros o jadeos, primero tímidamente, pero al ver que los aceptaba sin problemas y que tenían como consecuencia que las caricias se localizaran mas especialmente en las zonas para mí más eróticas, empecé a acompañar los suspiros con las palabras para indicarle lo que me gustaba que hiciese. Al acabar el masaje, le dije que sabía acariciar muy bien y que le agradecía que hubiera durado un buen rato. También le mencioné que mis partes preferidas eran las nalgas, las piernas y, especialmente, los pezones, que nunca nadie me había acariciado y que había notado un gusto muy especial cuando pasaba la mano sobre ellos. Ante mi sorpresa, me dijo:

- Es que los hombres creéis que es cosa de mujeres y eso depende más de las personas, que del sexo de cada uno. Hay hombres que son muy sensibles y otros no, y lo mismo pasa con las mujeres. Algunos clientes me piden que insista ahí y yo no tengo ningún inconveniente. Lo único que no me puedes pedir es que te toque los genitales y lo que nunca debes hacer es tocarme a mí, ni por asomo. Todo lo demás forma parte del masaje.

Continuará

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