4. No nos conocíamos. En el Tatami, sexos sin GPS
Tuesday, June 30th, 2009Me parecio que Carmen ya no estaba sorprendida, aunque era para sorprenderse. Yo, aunque cliente casi habitual, nunca me había encontrado en esta situación, cuando salimos, vestidos, del Cuarto Oscuro para entrar en la habitación del otro lado del pasillo, donde está el tatami, él ya esta sentado, apoyado en la pared, pantalones abiertos, con el falo como el asta de la bandera. Y ella ya se ha desnudado completamente. Tetas de pera, cuerpo de escándalo.

Carmen se sienta junto a el, y le pone la mano en lo que tan obviamente se ofrecía, no podía hacer otra cosa. O huir, como una Santa María Goretti, o sumarse a la acción.
Su compañera, nunca supe como se llamaba, va y me abre la hebilla del cinturón, sin una palabra, sin un cariño, me baja la cremallera, me quita los pantalones, como si fuésemos a destajo. Igual que Carmen no era una Maria Goretti, yo tampoco soy un San Tarscicio, así que me dejo. Mi erección le impide bajar los calzoncillos, lo logra finalmente, sonríe, echa mi ropa en un rincón y empieza a acariciarme.
La verdad es que nunca me habían desnudado en el tatami. Normalmente uno está vestido en el cuarto oscuro (a veces con la ropa hecha un guiñapo, pantalones en los tobillos, bragas de medio lado, pero vestido), y después, cuando ya se ha roto el hielo y han venido las ganas, pasa por el vestuario, deja la ropa y agarra una toalla que se pone (o no), para ir a buscar un lugar acogedor. Los paseos de estas parejas, toallas a veces en la mano como único atuendo, circulando entre las mesas del bar es lo que habia sorprendido a Carmen cuando entró.
Pero ahora la veía ya muy integrada, en un tatami casi en pleno lugar de paso de parejas que iban y venían del cuarto oscuro. Yo, situado entre Carmen y ella, alargo una mano y toco ora una teta frutal, dura como fruta en agraz, ora unos muslos en los que daba gana de hundir la cara y olvidarse de todo; tampoco Carmen me abandona, si no que timidamente se baja sobre mi cuerpo, levanta los ojos, me mira, y pregunta:
- ¿puedo?
- help yourself, you’re welcome.
y mientras me come Carmen por primera vez, yo una mano entre sus muslos, otra entre los de la desconocida, pienso que tengo suerte de estar alli.
- ¿tienes preservativo? insiste ella
- si, pero no me gusta follar en estos lugares, me gusta tocar, me encanta que me toquen, pero follar me parece un ejercicio demasiado intimo
Carmen, igual que ella, reparten el tiempo entre mi verga y la de mi compañero. Ya estoy deshinhibido, y pongo mi mano sobre la de Carmen, con lo cual le toco tambien a él. No parece desagradarle, pero sí a ella, que le pregunta:
- ¿nos vamos a dar otra vuelta?
- si. Tomás se sube los pantalones, ella, toma su ropa de una revolada y se marchan, dejandonos a los dos alli, desnudos en el tatami. Carmen y yo nos miramos, sorprendidos,
- que les pasa a estos?
pero bueno, tampoco estamos mucho rato haciendonos preguntas, estamos alli, ella y yo, desnudos, en un tatami, henchidos de deseo y de sangre. Paso la mano entre sus piernas, y me encanta su sexo.

Porque hay sexos y sexos. Hay sexos que son una abertura, una raja recta en el cuerpo de la mujer tipo plano constructivo, sección CC’ (clitoris a culo), sexos que mas parecen una cicatriz, en los que no existen referencias tactiles, sexos en que uno no sabe por donde anda, lisos, desreferenciados, sexos que precisan de GPS para ubicarse. Ojo, hablo del sexo en si mismo, la tenedora puede ser una persona encantadora, puede hacer el amor maravillosamente, hablo del aspecto estético visual, y táctil también. Y ahí no se puede hacer nada, si la mujer le ha tocado en el reparto el tener un sexo pequeño, monótono, rectilíneo como una carretera del Plan Badajoz, pues eso es lo que hay. Los dedos recorren estos sexos sin referencia, sin curiosidad, un poco perdidos, ignorando si van hacia adelante o hacia atrás y qué encontraran al final del recorrido. Son sexos lineales, carreteras que llevan del punto A al punto B, son, en resumen, sexos nórdicos. Que pueden ser interesantes, como algunas peliculas, por “determinados conceptos”
Pero insisto, no doy de menos a estas mujeres, pueden ser extraordinarias personas y maravillosas amantes, solo que, igual que hay personas que tienen una nariz pequeña, o unos dedos largos, pues las hay que tienen un sexo aburrido.

Otrosi, bien formado, que invita al recorrido. Asi es el de Carmen
Y hay otras mujeres que tienen sexos acogedores, con sus hitos miliares, sus localizaciones, sus labios prensiles que abrazan el dedo en la mas suave de las caricias, labios que conducen, casi con movimientos de reptil, hacia donde se unen en un abrazo encantador, labios que con un aplauso mojado nos llevan hacia la entrada en el cuerpo de la mujer, labios verdaderos, hinchados de sangre y savia. Asi son los labios, así es el sexo de Carmen, que recorrían mis dedos por primera vez, invitador, agradecido y, sobre todo, en ese momento, mojado.
No echamos de menos a la pareja extraña. Una mano entre los muslos de Carmen, mi boca en sus tetas, ella se deja hacer. Le pido que abra las piernas, me prosterno entre ellas, me bajo sobre su cuerpo. Objetivamente, la postura es un poco obscena, yo, arrodillado ante ella, el culo en pompa, una ereccion de caballo, comiendomela, mientras ella, incapaz de estarse inmovil ondula su cintura hacia mi boca.
Este es el momento que eligen dos o tres parejas para darse una vuelta por el local, y se quedan alli, completamente vestidas, de pie, mirando el cuadro vivo. Soy vagamente consciente que se acercan, pero me es igual. Aún así le pregunto a Carmen:
- vamos a un reservado?
- para qué ¿te molestan?
- no mucho
- a mi tampoco mucho, sigue
y seguimos.
nota del autor: la verdad es que me ha divertido eso del estudio estético, que no funcional, de los sexos de las mujeres, probablemente escriba un post ampliandolo. Mientras, lectores y lectoras estan cordialmente invitados a dejar su opinion…
















