Yamaha es un antiguo fabricante japonés de instrumentos musicales (su logo son tres diapasones), que fabrica desde 1890. Nada hay que decir sobre los instrumentos Yamaha. Son buenos, son duros, son fiables. Se puede tocar cualquier pieza musical con ellos, nada que decir. Son buenos. Pero ese “nada que decir” es, tal vez, el reconocimiento de un fracaso. No es lo mismo una Traviata con Callas que con Kiri Te Kanawa, no es lo mismo una sonata de Bach por Casals que por Rostropovitch.
La tecnica es necesaria, solo los elegidos tienen alma.
Y me preguntareis que tiene esto que ver esto conmigo? por que sale en el blog?
Pues porque para aprender la técnica es suficiente leer Cosmopolitan – por cierto, nunca le estaremos suficientemente agradecidos – : “expresate en la cama”, “dile lo que te gusta”, “los puntos mágicos (de él, de ella, del gato de la portera)”, “como volver a tu hombre/mujer/gato loco por ti en la cama” parece que todos ya somos expertos, Maître-ès-Sciences amoureuses.
Y si, es posible. Con suficiente práctica todos podemos tocar el piano y dar incluso conciertos
Ahora, qué se puede esperar de una pareja encontrada en la sala oscura? con quien no hay prácticas previas, que hasta este momento es solo un trozo de piel. Como podré saber qué es lo que le gusta, y, mas importante, lo que le disgusta? Como podrá ella saber que detesto que me mordisqueen la oreja?
Pues con la sensibilidad.
Y esta se tiene o no se tiene.
En un club de intercambio solo existe la afinidad de piel. No se busca más – pero tampoco menos – que la otra persona nos interprete como esperamos. Que su cuerpo sea una prolongación de nuestras manos, que su cuerpo se mueva adelantandose a nuestros movimientos, y que, reciprocamente, nos toque con los movimientos justos. Que sus manos sean el arco y que nosotros seamos el violin.
Porque no es lo mismo acariciarse mutuamente que comerse juntos un pincho de tortilla. Para eso no hace falta aprendizaje. En cambio, para acariciarse, para conocer los tiempos y los ritmos del otro en general hace falta aprenderlos. Y eso no es asunto de un rato, ni de una noche, ni de dos… excepto si la otra persona tiene sensibilidad. Entonces, se encuentra a alguien especial.
Alguien que nos descubre en el primer abrazo, que nos envuelve en su cuerpo (no hablo de hacer el amor, o de follar, “envuelve” es figurado, no literal) inmediatamente, personas que cuando se rozan nuestras pieles nos llevan a otro mundo. Ya nada existe que mis manos en su cuerpo, que mi cuerpo en sus manos.
Sensibilidad.
De eso estoy hablando