Posts Tagged ‘tetas’

3. No nos conocíamos. El cuarto oscuro y la verga de Tomás

Monday, June 29th, 2009

El brazo que estaba entre nosotros dos, la mano que tocaba las tetas de Carmen era de una mujer, lo note en la suavidad de la piel, en la falta de vello, pero sobre todo porque lo segui hacia arriba, y alcancé yo también, una teta.
tetas sujetador
Una teta dura, cubierta por un sujetador con relleno. Una mano quitó la mía y la guió hacia abajo. Me gustó la idea, gente que tenia las ideas claras. Solo que en lugar de ponerla donde yo esperaba, entre sus piernas, me la pone en la verga, desnuda y erecta, de su compañero!

Era gruesa, hay que decirlo, pero sobre todo, estaba dura. Me considero heterosexual, lo cual no impide que en algun momento me divierta recorrer caminos conocidos, descubrir diferencias en las similitudes, pensar que conozco perfectamente lo que está sintiendo en aquel momento la persona a quien estoy tocando.

No sé qué siente una mujer cuando la toco, no imagino lo que es llegar a un orgasmo por succion en las tetas sin contacto entre las piernas, en cambio no me cuesta nada imaginar qué estará sintiendo el propietario de lo que tengo este momento en la mano. Solo que si no le hago ascos a tener una verga en la mano, una vez inspirados, metidos en harina, sea en un trio, sea en una “partie carrée” como llaman los franceses a las parejas cruzadas, asi de entrada… lo solté, mi mano buscó el cuerpo de la chica.

Y sobre todo, me dediqué a Carmen, no quería que pensase que la había traído para que me dejasen pasar, pero es que además me apetecía. Había venido con ella, me parecía agradable su conversación, bonito su cuerpo, no ganaba nada dedicándome a la otra, quien, por otra parte, se ocupaba activamente de nosotros.

Recorrí su cuerpo, prometedor, de Carmen, olí el perfume de su cuello, y acerqué mis labios a su codo. Noté que mis labios ponían sus pelos de punta, e imaginé sus pezones igual, bajo el vestido. Pero llevaba un vestido cerrado y no una blusa, resultaba dificil alcanzarlos. Aún así, a través de la ropa, pude palpar sus pechos, rozarlos. Su cuerpo se acercó más al mío. Pero otras manos seguían en mi cuerpo, notaba unas manos inquisidoras entre nosotros dos, que nos tocaban alternativamente, ahora a ella, ahora a mi. Notaba ya la agradable molestia de una ropa interior ceñida.

Echangisme

Cuando me tuvo en condiciones (todo esto sucedia en el cuarto oscuro, no sabiamos muy bien que hacia el otro), me abrio el cinturon, y sacó mi masculinidad. Noté otra mano que me tocaba, y no era la de ella. Podia ser de Carmen.

O no.

Seguimos ya todos apelotonados, en un mar de brazos, manos, caricias…
- ¿llevas preservativos?, me susurra ella
- pues si, pero no suelo usarlos

la verdad es que no me gusta follar con desconocidas

y menos, con desconocidos :)

- salimos y vamos a un tatami?
- Carmen, te apetece?
- si, vamos

Continuará

2. No nos conocíamos

Saturday, June 27th, 2009

Ines1

Yo había estado varias veces en aquel club, conocía bien sus entresijos y recovecos, su barra de bar rodeada de hombres solos, sus televisiones colgando del techo con imagenes de felaciones y pajas cubanas. Noté una aceleración en las palabras de Carmen, que me hablaba de no se qué, creí que me iba a pedir que saliesemos de allí. La llevé a la zona de parejas, más tranquila, musica suave, poca luz, un bar normal, si no fuese porque las bebidas se servian en vasos de plástico (conveniente, si la gente pasea descalza), o, de pronto pasaba una pareja desnuda entre las mesas, con una toalla en la mano, camino del jacuzzi.

Resulta un poco chocante, pero me pareció que a Carmen le interesaba la situación.

La dejé que se tranquilizase, hablando de mi experiencia en este lugar. No quería pasar por un cliente habitual (dificil, cuando me saludaron los camareros con un apreton de manos y las relaciones públicas con un beso en la mejilla, ¡ cuánto tiempo sin verte !) pero tampoco por un neófito.

Le pregunté
- ¿quieres dar una vuelta?
- me divertiría, pero, ¿no me tocará nadie?
- no te preocupes

Y nos dimos una vuelta por el club, en uno de los tatamis, ya separado del bar, había una pareja, descansando después de follar. Estaban desnudos, tumbados encima de una sábana, hablando como si estuviesen en la playa, o en la cama de su casa. Pero, al mismo tiempo, sus cuerpos mostraban las inconfundibles marcas del placer. Carmen los miró mientras pasábamos junto a ellos, y no dijo nada.

Y nos dimos una vuelta, vimos el pasillo francés, vacío y le expliqué como funcionaba, una mampara con agujeros, unos para ver, otros a altura de los brazos, otros a altura del sexo, de un lado el pasillo que daba a la zona de solo hombres, del otro como una alcoba que daba a la zona de parejas. La chica se apoyaba de espaldas o de cara a la mampara y los chicos pasaban las manos o el sexo, y ella se acercaba a ellos, se dejaba tocar, o los masturbaba, o se mantenía donde ellos la pudiesen ver, pero no la pudiesen alcanzar, mientras su pareja la magreaba.

Club de intercambio de parejas

Club de intercambio de parejas

Vimos también el jacuzzi, donde habia dos chicas solas en el agua, jugando entre ellas, mientras sus parejas, fuera del agua, las miraban. Carmen comentó que a saber lo que habia en aquel agua, y que no se metería allí aunque viniese de una travesía del desierto del Sáhara. Y yo pensé que ya se planteaba la situación.

Y fuimos a ver el cuarto oscuro, que estaba lleno.
- ¿Entramos? pregunté
- entremos, pero ¿qué se supone que tenemos que hacer?
- bailamos tu y yo, en un rincon, tu te quedas junto a la pared, y si notas alguna mano, y no quieres que te toque, la quitas. Pero no estaría bien que le dieses una bofetada.
- ¿pero me puede tocar sin que yo le invite ni le mire, ni le diga nada?
- esa es la gracia, aqui nadie pregunta “¿puedo?. Pasan la mano, si no la apartan es que la mano es bienvenida, pero no te preocupes, que si tu estás en un rincón, nadie nos dirá nada.

Y nos pusimos a bailar, me acerqué a ella, no me rechazó, notaba su cuerpo pegado al mío, sus tetas duras apoyandose en mi pecho, el perfume de su pelo. No hablábamos, estabamos allí, bien, tranquilos, aislados del mundo. Sin darnos mucha cuenta fuimos saliendo del rincón. En eso noté en ella una tensión, y una mano que recorría su espalda tropezó con la mía. La miré, me miró, le pregunté:

- ¿volvemos al rincon?
- por ahora no, si me molesta, te lo digo.

al cabo de un par de minutos las manos ya eran más, otras estaban pasando entre nosotros dos. Segui con mis manos uno de los brazos, por la suavidad supe que era una mujer la que estaba alcanzando los pechos de Carmen.

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